miércoles, 2 de marzo de 2011

Elección Alcaldía Mayor de Bogotá (1)

Columna de opinión
Gnothi Seauton


Elección Alcaldía Mayor de Bogotá (1)

Aunque para algunos analistas la campaña por el Palacio de Liévano aún no ha arrancado porque no se han presentado debidamente los programas y las propuestas de todos y cada uno de los candidatos, lo cierto es que el debate ya se encendió. Muy seguramente su temperatura se reducirá debido al largo camino que queda hasta el último domingo del mes de octubre cuando se celebrarán los comicios, pero negar que el debate arrancó y con fuerza, no es más que una necedad.

Uribe está empeñado en jugar un papel central en la futura elección del Alcalde Mayor, no tanto por un verdadero interés por Bogotá y lo que sucede en la ciudad, sino por proteger su legado y preservar un lugar en la historia nacional. Es decir por continuar satisfaciendo su objetivo político estratégico.

Mockus por su lado trabaja bajo unas premisas de realpolitk muy similares a las del expresidente Uribe, pero siempre decantadas en un discurso antipolítico y posmoderno que al final de cuentas, considera este servidor, le ha terminado haciendo más daño que provecho, a él mismo, y a los movimientos que lo han acompañado junto con sus ideas.

Peñalosa se ha lanzado al agua y con el posible apoyo de Uribe se encendió el debate por la alcaldía. Por el discurso que ha presentado a lo largo de la semana, junto a su acercamiento al ex presidente, algo que Mockus ha manifestado le incomoda de sobremanera, se desprende que se va a jugar la carta de la seguridad ciudadana, entonándose con lo que quiere oír la tribuna. Frases del talante de “a todo el mundo lo atrancan por cualquier lado” las escucharemos más de una vez. La gente se percibe insegura cosa que paradójicamente va en contra de lo que indican las encuestas de medición que usan la Policía Nacional y los académicos que siguen el tema. El crimen por supuesto existe, pero los delitos de alto impacto se han reducido o mantenido en los mismos niveles durante ya varios años.

El pésimo candidato Peñalosa parece estar ahora dispuesto a presentarle al electorado lo que este quiere que le muestren y no a marcar el rumbo de la agenda a través de propuestas audaces, o más importante, serias, realistas y por sobre todo prácticas.  

Las elecciones del próximo octubre en Bogotá se van a realizar quizás en uno de los momentos más estratégicos y cruciales de la historia reciente de la ciudad capital. Después de cuatro años bajo la égida de Samuel Moreno, el electorado siente que muchas cosas deben cambiar. Un administrador parece ser la receta. A este opinador le preocupa que debido a la “modernización” del candidato de los verdes, que a estas alturas es sin duda el que puntea en las encuestas y el que moja más prensa, que los otros dos que ya se lanzaron (Luna, liberal y Galán, Cambio Radical) y aquellos que puedan llegar a lanzarse, se pierdan serias oportunidades para montar en la agenda electoral temas centrales para el futuro y la modernización de Bogotá, D.C.

La infraestructura, que pareciera satisfacer a muchos con las dimensiones de las obras que actualmente se desarrollan y se han completado en los últimos tres lustros, es un asunto de importancia medular. Bogotá necesita verdaderas autopistas terrestres, elevadas y subterráneas, por donde fluyan automóviles particulares y vehículos de servicio público masivo e individual. Necesita expandir seriamente los servicios de banda ancha y fibra óptica además de lograr el desarrollo de un verdadero centro aéreo de talla internacional que apunte a que las aerolíneas de carga y pasajeros consideren a la ciudad como su hub regional, y necesita crear parques tecnológicos e industriales que mezclen la iniciativa empresarial con la innovación científica y un bajo intervencionismo gubernamental. Todo esto en aras de crear una metrópolis altamente competitiva e internacionalizada.

Continuar con la concepción de Bogotá Sin Hambre que considera a este programa como uno que entrega almuerzos gratuitos, y no como una ambiciosa iniciativa de alta tecnología para obtener eficiencias en el suministro alimentario de la ciudad y visualizando al Transmilenio o a la línea del Metro como las grandes obras que esta ciudad se merece y puede permitirse, van a condenar a los bogotanos a un atraso, no frente a sus vecinos de los Llanos Orientales, o de Antioquia, y tampoco de Caracas, Río o el DF mexicano, sino frente a los Dubais, Singapurs, Shanghais o Bangalores, que con sus defectos y limitantes apuntan a ser las ciudades competitivas del futuro, caracterizadas sobre todo por ser urbes especializadas en atraer ingentes recursos de capital para inversión.

Costoso sí. Pero así son los sueños y las metas grandes.     

Imagen tomada de: http://pasaportecolombiano.wordpress.com/2008/02/29/%C2%BFbogota-%C2%A1mejor-verla/ 

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