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viernes, 28 de diciembre de 2012

América Latina 2012


Columna de opinión
Meden Agan

América Latina 2012

Si bien la economía latinoamericana se fortaleció drásticamente en la última década, especialmente en indicadores fundamentales como la disminución de la pobreza, el fortalecimiento de la clase media, la creciente tasa de empleo, el aumento de las reservas internacionales y el control de la inflación, durante 2012 la mayoría de estas tendencias se desaceleraron. Lo anterior, debe llamar a la prudencia y a la cautela de los profetas económicos, que en su afán de generar ambientes favorables a la inversión caen en el optimismo infundado.

El crecimiento económico en América Latina ha sido sostenido, y fue acompañado en 2012 por las tasas de pobreza más bajas en los últimos treinta años, el desempleo se ubicó en el 6,5%, el déficit fiscal en 1,8%, la inflación en menos del 6%, haciendo olvidar décadas convulsas e hiperinflacionarias, así como también las reservas internacionales sumaron hoy casi el doble de las que se tenían hace cinco años.

Las macroestructuras económicas están hoy más preparadas para soportar efectos negativos generados por las crisis globales, e incluso, los índices de desigualdad parecen empezar a ceder gracias a las políticas de compensación y a una serie de reformas redistributivas que se han aprobado en los últimos años.

Según el informe preliminar de la CEPAL sobre la economía latinoamericana en 2012 “la recesión en Europa resultante de desequilibrios financieros, fiscales y de competitividad,
especialmente en la zona del euro, junto con la desaceleración de China y el moderado crecimiento de los Estados Unidos, contribuyeron a un deterioro significativo de la economía mundial en 2012. Las tasas de crecimiento del producto y del comercio mundial cayeron, los flujos de capital a los países en desarrollo se redujeron y su volatilidad aumentó”.

Las consecuencias del entorno económico mundial sobre la región van desde la reducción de las exportaciones al deterioro de los términos de intercambio, lo que provocó una reducción del superávit de la cuenta comercial de bienes en la balanza de pagos regional entre 2011 y 2012 y en un aumento del déficit de la cuenta corriente, y aunque el PIB aumentó más que el promedio mundial, el subempleo y la informalidad siguen siendo constantes en la mayoría de los países de la zona.

Aún quedan tareas pendientes y tendencias preocupantes por quebrar. La inequidad de género, los déficits educativos y la pobrísima inversión en investigación, ciencia y tecnología, así como preocupantes vacíos en infraestructura, se mantienen como las principales tareas pendientes para los próximos años. Ahí está el reto. Ahí se materializa la diferencia entre consolidar lo logrado en los últimos lustros o recaer en el círculo vicioso generado por tenues victorias en lo coyuntural, que no se reflejan en los soportes estructurales del andamiaje económico latinoamericano de manera sostenida.

Imagen tomada de http://www.eluniverso.com/2011/12/19/1/1356/america-latina-respira-ano-teme-desaceleracion-2012.html

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Petroesclerosis


Columna de opinión
Alter Ego

Petroesclerosis

El 2012 se caracterizó por la llegada de Gustavo Petro Urrego al Palacio Liévano, después de una agitada campaña electoral. El ex senador logró alzarse con el segundo cargo de elección popular más importante del país, aprovechando dos factores decisivos: la división de los partidos la Unidad Nacional en la presentación de candidaturas y la visibilidad que logró en la contienda electoral debido a su buen desempeño en los debates previos. Para algunos observadores avezados y muchos críticos acérrimos, Petro se encontró con la Alcaldía, cargo que no necesariamente estaba en sus planes inmediatos. Los temas que abordó en su programa de gobierno demuestran desconocimiento de las problemáticas de las localidades o del sentir de la ciudadanía bogotana. Si bien es cierto que planteó temas de importancia capital, como la gestión del agua, el cambio climático o el enfoque de derechos en las políticas públicas, su plan inicial parecía muy general y escueto, frente a los retos que se presentan en una urbe que tiene 20 realidades y panoramas diferentes, tantos como sus localidades.  La gestión de un Alcalde Mayor responde a una agenda amplia, que no solo incluye temas del resorte de entidades nacionales, sino también la resolución de problemáticas micro, entre las que se cuentan la cultura, la gestión comunal, la participación ciudadana o el mejoramiento de barrios, entre muchos otros.

Desde un inicio, Petro minimizó las críticas y las opiniones desfavorables y las rotuló bajo un enfoque ideológico. Para él, las discusiones técnicas sobre sus iniciativas respondían al “temor” de algunos sectores frente a su modelo de gobierno, clasificado bajo el intangible de la “política del amor”. Desde su cuenta de Twitter se ha despachado contra todos aquellos que cuestionan sus decisiones o ponen en tela de juicio sus proyectos, muchos de los cuales se formulan más con el deseo que con criterios viables y objetivos. Considera que todo aquel que hace alguna objeción, es el vocero de sectores “retardatarios, de extrema derecha” o incluso “paramilitares”, como clasificó a los operadores del servicio de aseo. Su talante democrático y pluralista se ha puesto en entredicho frente a salidas despóticas, soberbias y monárquicas, en las que pareciera que solo él es el dueño de la verdad y la razón.

Más allá de sus posiciones cuestionables sobre los grandes temas urbanos, en la opinión pública se ha consolidado una sensación agridulce que se sustenta, por un lado, en el reconocimiento de su inteligencia y capacidad y, por el otro, en el rechazo ciudadano que causan sus bandazos continuos, sus cambios de parecer o sus declaraciones salidas de contexto, como si tratara de crear cortinas de humo frente a cada crisis distrital que ha tenido que capotear.

Sus logros han quedado eclipsados por los errores de cálculo que ha cometido, muchos de los cuales se hubieran podido evitar si potenciara su capacidad de escuchar. Las figuras iniciales de su gabinete han salido, bien sea por desencuentros con el mandatario, o bien por el escaso margen de maniobra con el que cuentan para responder a los retos de sus cargos. Por eso, el Alcalde cada vez está más solo, más íngrimo y más aislado. Lo acompañan, eso sí, los “cortesanos reales”, quienes como en el cuento del traje nuevo del emperador, no se atreven a decirle que está desnudo y que en sus posaderas, se visualiza el futuro de la ciudad.

Por supuesto, nadie quiere que el Alcalde Mayor naufrague en aguas turbulentas. Todos los bogotanos queremos que su proyecto se consolide, que la “política del amor” se materialice. Ante la investigación preliminar que le acaba de abrir la Fiscalía por la caótica forma de manejar el tema de las basuras, todos le deseamos lo mejor. Que se fuera por la puerta de atrás, sería una situación mucho más perjudicial, que se sumaría al desgobierno que nos ha acompañado desde la época de Samuel Moreno. Pensar en una revocatoria de mandato sería un despropósito. Por eso, la recolección de firmas que propone el Represente Miguel Martínez es, antes que nada, un signo de oportunismo político que no le conviene ni a la ciudad ni a nadie. Desde esta tribuna, hacemos votos para que Martínez se dedique a legislar, a sumar esfuerzos, a generar sinergias, más que a buscar los “palos en la rueda” y recoger los réditos de pescar en río revuelto. Y también pedimos que Petro se dedique a gobernar bien.

Manejar Bogotá no es una tarea fácil, ni mucho menos. Nadie desconoce que Petro se montó en un potro difícil de domar. No obstante, la audacia de un gobernante se mide en la capacidad que tiene para sacar lo mejor de sí y mostrar su talante, ante los retos que se le imponen. En innumerables ocasiones, Petro ha demostrado su fortaleza, condiciones excepcionales y carácter férreo y combativo. Le quedan tres años para demostrar que su presencia en el escenario político distrital es más importante que su militancia y su pasado guerrillero. Esperemos que no se le atraviesen las aspiraciones presidenciales.

Imagen tomada de: http://elinformativoglocal.blogspot.com/2012/11/hoy-400-pm-j-ornada-de-defensa-de-la.html

martes, 18 de diciembre de 2012

Petro o el gobierno de la "mesura cero"

Columna de opinión
Meden Agan 

Petro o el gobierno de la “mesura cero”

Desde esta mañana cambió el sistema de recolección de basuras en la capital colombiana, una ciudad que según cálculos trasnochados de hace cinco años generaba 6.300 toneladas de residuos diarios, cifra que aumenta a casi 8.200 en los días de fin de año, coincidencial y sorpresivamente, la fecha en que Petro decidió probar el nuevo modelo.

Este, si se puede llamar así, consiste en que una flota de volquetas, 380 para ser exactos, y 4.800 operarios de aseo, en nombre de un supuesto operador público, que en realidad estará representado por la tercerización del servicio a varios operadores privados pequeños, pasarán recogiendo las basuras que, sin una campaña previa de sensibilización ciudadana, los bogotanos separarán en dos bolsas: una blanca para material reciclable y una negra para residuos ordinarios.

El esquema de “Basura cero” de Petro está planteado, incluso por él mismo en estratégicas columnas de opinión cedidas por los principales diarios capitalinos en sus ediciones dominicales, como un modelo “legal, transitorio y progresivo” porque se acoge a la ley y busca dar cumplimiento a la sentencia de la Corte Constitucional que obliga a incluir a los recicladores en el negocio de las basuras, porque funcionará por un año, como un pilotaje, y porque contempla estrategias complementarias de asistencia a la población de recicladores de oficio censada y organizada por la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos –UAESP-.

Sus principales objetivos, también en palabras de Petro, son “regular las tarifas, optimizar el servicio e incluir la población recicladora, para racionalizar las utilidades finales de los actuales operadores en defensa del interés general de la ciudadanía”, como si un interés ciudadano no fuera la buena prestación del servicio de aseo de manera eficiente.

Adicionalmente, el Alcalde anunció que se implementará un “estímulo a la ciudadanía para lograr el cambio cultural que requiere la separación en la fuente” que permitiría el funcionamiento del modelo transicional. Pero el estímulo es un misterio. Sin campaña masiva de concienciación, lo que a partir de hoy hagan los ciudadanos será una sorpresa. Sin una verdadera cultura de corresponsabilidad frente al asunto de las basuras, en la que los ciudadanos y los gobernantes sientan y actúen como si el problema fuera de todos, la cosa no va a funcionar.

El modelo, tal como se vendió, y como empezó a operar hoy, por lo visto en las noticias, deja grandes dudas: ¿Las anunciadas 60 bodegas para el recibo del material reciclable, previamente separado por los ciudadanos en la bolsa blanca y recogido por los recicladores uniformados que van delante de las volquetas recolectoras, son funcionales y están dotadas tecnológicamente como el Centro de Reciclaje de La Alquería, una iniciativa en operación desde la alcaldía de ‘Lucho’ Garzón y que hoy apenas recibe el 0,8% de los residuos potencialmente recuperables? ¿Qué pasará con los recicladores no censados y, por ello, no organizados y no reconocidos por los entes públicos? ¿Podrán competir contra los organizados? ¿Qué son y cómo funcionarán los llamados “comités barriales de aseo” cuyo objeto es garantizar la inclusión de la población recicladora de oficio al esquema? Esperemos que el tiempo dé respuestas a estas preguntas, porque Petro no lo ha hecho hasta hoy.

A partir de ahora, luego de luchar infructuosamente contra la “guerra del centavo” de los buseteros, Bogotá institucionaliza por decreto, sin consensos y sin la infraestructura adecuada para prestar el servicio público de aseo a los ciudadanos, la “guerra del centavo” de los recicladores. Batalla campal por trozos de aluminio y cajas arrugadas de cartón.

A partir de hoy, según la misma Superintendencia de Servicios Públicos, Bogotá prestará el servicio soportada en un decreto con vacíos jurídicos que podrían costarle al Distrito la pérdida de millones de pesos, de tiempo y legitimidad que necesita para dejar de dar bandazos en las políticas que son fundamentales para la ciudadanía, como esta. Eliminar con una firma del Alcalde la libre competencia, no es solo inconstitucional, sino una torpeza económica. Petro y su equipo demuestran así un desconocimiento vergonzoso de la historia de los modelos socioeconómicos. ¡El Muro se cayó ya hace varios años! Usar volquetas para recoger los residuos va en contra de lo estipulado por la ley, si es que no cumplen unas condiciones técnicas mínimas por ella establecidas. Saltarse las reglas de contratación transfiriendo la responsabilidad de la misma, desde la UAESP al Acueducto, que si puede contratar a dedo, levanta serias sospechas, especialmente si la principal firma asesora es de un exmilitante del ‘Eme’ que también ha sido cercano al Alcalde.

Petro improvisa: La UAESP ha tenido cuatro directores en un año. Como alcalde, prorrogó los contratos a los operadores privados por nueve meses y ahora los cuestiona y los da por terminados. Elige a Aguas de Bogotá para manejar la recolección y disposición en el Relleno Sanitario Doña Juana, cuando previamente dicha empresa fue sancionada por la misma UAESP cuando lo operó. Algunos columnistas, que parecen ser mucho más técnicos que Petro, hacen cuentas y denuncian que el modelo planteado por el burgomaestre puede llegar a ser mucho más costoso para la ciudad que el actual, en términos de desembolsos e inversiones, y por el costo añadido de un supuesto detrimento representado por la prestación no tan eficiente del servicio. El Alcalde intentó negociar a última hora con contratistas privados luego de llamarlos mafiosos, usureros y paramilitares. Si eso no es improvisación, es torpeza o una atrevida y vergonzosa falta de sentido común.

Los recicladores son interlocutores poco estratégicos: Que a su líder, responsable de administrar el Centro de Reciclaje La Alquería, se le ocurra que pegarle un varillazo a su aliado estratégico de cara a toda negociación con el Gobierno, sea la manera de obtener beneficios dentro de este modelo, es inaudito y peligroso. Las reivindicaciones, por más justas y desatendidas que hayan sido, no se hacen a punta de golpes y amenazas verbales o físicas. Si así son los recicladores cercanos a la institucionalidad, ¿serán Petro y compañía capaces de manejar o controlar a los no organizados?

Y la ciudadanía es inculta: Los bogotanos, y en general los colombianos, creen que el problema de las basuras se soluciona cuando se entrega la bolsa llena a quien sea que la recoja. Para pocos el problema de la disposición es un tema estratégico que determina drásticamente la calidad de vida de las grandes ciudades. Los bogotanos no saben separar, porque no se les ha enseñado, por pereza o por simple desinterés hacia los problemas ambientales.

El año termina para el alcalde más complicado de lo que se pensaba. Gobernando desde una clínica o desde la soledad del Twitter, ha tenido que enfrentar crisis de gabinete prematuras, ocasionadas por las renuncias de sus fieles escuderos de antaño y por destituciones de otros funcionarios cercanos, y solo podrá entregarle a la ciudad dos logros durante su primer año: la reducción de los asesinatos en un 22%, y eso porque algunos varillazos no matan, y la rebaja a las tarifas de agua mediante su estrategia del “mínimo vital”. Movilidad, Sistema Integrado de Transporte, “Basura Cero” y salud seguirán siendo los grandes lunares de esta alcaldía opaca y pobre en ejecuciones.

Mucho protagonismo y poca gestión. Poca mesura en sus declaraciones que polarizan y fomentan una trasnochada lucha de clases. Incertidumbre y bandazos. Un balance que no se acerca al mínimo permitido en las democracias modernas. Bogotá debe retomar el rumbo y si no lo hace en estos dos años, los bogotanos deberán elegir mejor esta vez a la persona que dirija sus destinos.

Por Bogotá, este año, solo han sacado la cara Millonarios y Santa Fe.

Imagen tomada de: http://noticias.latam.msn.com/co/colombia/articulo_colprensa.aspx?cp-documentid=255215225

Petruculencia &Cia.


Columna de opinión
Gnothi Seauton

Petruculencia&Cía.

2013 será un año turbulento y truculento para la ciudad de Bogotá, debido a la agitada agenda política que se experimentará, a cuenta de la alcaldía del señor Gustavo Petro. Gnothi Seauton es, cada vez más, un convencido del poder de las ciudades como herramienta máxima para crear riqueza en las sociedades modernas, y al interior de estas, el instrumento más poderoso para maximizar esa creación de riqueza, y sobresalir entre las muchas y diversas ciudades que existen, es la educación, la cual acertadamente manejada, que no significa sin el más mínimo sobresalto, conduce a la formación de capital intelectual, capaz de generar, gracias a una altísima productividad, más y más valor agregado a sus bienes y servicios.

Decía en la primera línea que el año será turbulento, pero por sobre todo, truculento. Y esa es una mala noticia. Entre las acepciones de la palabra se encuentra amenazador. ¿De qué o quién? Esencialmente de la estabilidad. Aunque las ciudades exitosas se caracterizan por ser vibrantes, llenas de sobresaltos producidos por una abundante competencia, al mismo tiempo entregan unas reglas, formales e informales, que permiten lograr eficazmente lo que sea que se esté haciendo.

En la Bogotá de Petro esto no está sucediendo. Los cambios son abruptos, crispantes y, antes que ser incrementales, apuntan a generar serias fracturas. Estos, los cambios, como no, son necesarios y deseables en no pocas oportunidades. Pero la situación de Bogotá, que necesita muchas reformas, no es una que amerite cambios tan dramáticos como plantea el actual mandatario distrital. No es irracional presentir que lo que a Petro le interesa es hacer campaña con miras a las elecciones presidenciales de 2018, o incluso, nada puede descartarse de tajo, para 2014, dejando en segundo lugar dentro de su agenda la administración de la megaciudad y sus problemas.

El alcalde de Bogotá, el segundo puesto más importante de la nación, puede y debe generar debates y discusiones que aborden sensibles asuntos en la agenda nacional, pero de ninguna manera ese es su trabajo principal, el cual no es otro que conducir la ciudad, que fue para lo que lo eligieron los ciudadanos. Vemos cómo entonces el alcalde capitalino se ha convertido en un especialista para animar debates. EEEB, toros, ALO y ahora el servicio de aseo.

Este último es un problema tan complejo y denso que la mejor forma de afrontarlo es creando una coalición de diversas fuerzas para provocar las modificaciones necesarias. La percepción general, y posiblemente cierta, es que los operadores actuales del servicio han abusado de su posición, pero una ruptura frontal con estos puede dejar severamente lastimada la ciudad. Eso sí, políticamente hablando, si Petro obtiene mejorar la situación en este servicio público de la ciudad, saldrá ganando, pero también pasará si no lo hace. Ya lo hemos visto en sus declaraciones. Si las cosas no salen bien, entonces será por una constelación de diabólicos personajes, ricos por supuesto, que han conformado un cartel para truncar las revoluciones necesarias en la ciudad para mejorar el nivel de vida de los bogotanos más necesitados.

A Gnothi Seauton le atrae ese Petro retrechero y confrontacional. Para hacer los cambios en las sociedades o en las organizaciones, es necesario que el liderazgo se aparte de consensos interminables y exasperantemente democráticos. Pero debe buscarse el punto medio. Nuevamente en el caso del aseo, ¿por qué Petro no buscó aliarse con el concejo de la ciudad y granjearse el apoyo del presidente Santos? La respuesta es una mezcla entre falta de estrategia y claridad, y poco interés en resolver el tema verdaderamente. Lo que se busca es crear esos debates nacionales que expongan al líder de los progresistas como una figura anti-establecimiento.

No se está pecando de ingenuidad. Creer que los políticos deben, una vez lleguen a los cargos gerenciales, abandonar por completo toda aspiración electoral futura, es una soberbia tontería. Pero sin abandonar esa legítima agenda, debe asumirse el pragmatismo necesario que implica administrar una ciudad y afrontar las dificultades que la agobian. El actual burgomaestre bogotano no está comportándose de esa manera.

Llegamos acá al asunto que está aflorando precisamente por estos días, y es el del proceso revocatorio del mandato contra Gustavo Petro que se encuentra impulsando el representante a la cámara por Bogotá, Miguel Gómez Martínez.

Desde el punto de vista filosófico proveído por la Constitución de 1991, esta iniciativa debe ser bienvenida. Bajo el paradigma del voto programático, resulta apropiado establecer un debate de frente a la ciudadanía, en el que se cuestione si el mandatario local se encuentra cumpliendo lo expuesto por él durante el ciclo electoral. Petro cuenta con bajos niveles de aprobación y popularidad, y como sumariamente lo hemos expuesto arriba, su desempeño y propuesta de ciudad parecen no ser, en términos generales, satisfactorios ni convenientes.
Empero, en la práctica, la revocatoria no aplica. Primero, la Ley que reglamenta estos procedimientos de participación ciudadana, una de las grandes banderas de la actual constitución, la 134 de 1994, antes que diseñar unos instrumentos de fácil acceso y uso para la ciudadanía, creó unos que son improbables, sino imposibles, de emplear, vía excesivos y complejos trámites y costos. Segundo, dicha improbabilidad aumenta aún más cuando se tiene en cuenta que el Alcalde contará con la nómina y el presupuesto distrital a su servicio para no dejarse sacar del Palacio de Liévano. Y tercero, en términos políticos, este es el escenario que más le conviene a Petro. Nuevamente su discurso divisionista hará su aparición explicando que la revocatoria es una conspiración de poderosos en contra del pueblo, que lo desean sacar a sombrerazos del poder, por intentar afanosamente realizar cambios que favorezcan a las mayorías avasalladas y limitan los intereses de las clases privilegiadas.

Petro, y buena parte de sus contradictores, se sentirán en su salsa y la ciudad, que no son las infraestructuras, sino las personas que la habitan, será la más perjudicada. ¿En qué quedarán los grandes debates, las políticas y las realizaciones sobre los temas más apremiantes para Bogotá? En slogans y frases pegajosas, con cero sustancia.

Así, la truculencia del 2013, que no es solo construida y aprovechada por el Alcalde, sino también por sus más enervados contradictores, terminará diluyendo temas como la movilidad, la conectividad, la infraestructura y la educación, en un mar de inconsistentes anuncios y decisiones intranscendentales. Mientras que en las urbes ganadoras de hoy y mañana compiten por crear soluciones a estos temas y muchos otros más, teniendo como norte el pragmatismo y alejándose de necios e inútiles dogmas, y algunas de ellas no se encuentran muy lejos geográficamente, en Bogotá nos desviviremos el próximo año aprendiendo el último chisme del ajedrez político de la revocatoria.

No será el fin del mundo, pero sí significará precioso tiempo e ingentes recursos desperdiciados en nimiedades políticas.

Imagen tomada de http://voxpopuli.net/indagatoria-a-petro-por-presuntos-nexos-con-los-nule/