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lunes, 3 de diciembre de 2012

Realpolitik frijolada


Columna de opinión
César Niño

Realpolitik frijolada

Muchos podrían tildarme de antinacionalista, de escéptico o antipatriota. Pero a esas personas las entiendo. No es fácil acostarse una noche con un mapa y levantarse a la mañana siguiente con menos territorio. Los entiendo, y por más que me juzguen, yo no los juzgo.

Para lograr entender cómo se mueve el mundo, yo me caso con el lente del Realismo en las Relaciones Internacionales. Todos sabemos que en el mundo existen Estados fuertes y débiles, grandes y pequeños. Están los que hacen lo que quieren y los que hacen lo que deben, como Colombia.

Entiendo muy bien que bajo exagerados sentimientos nacionalistas se vea a Colombia como la “bisagra” en América, pretendiendo ser un país “puente”, como Turquía en Medio Oriente, pero al país de los fríjoles le hace falta mucho para ser el país del lahmacun.

En ese sentido y frente al fallo de la Corte Internacional de Justicia en el caso limítrofe con Nicaragua, concibo que se exalten los sentimientos nacionalistas, es natural y loable, pero no concibo que la “diplomacia dorada” pase a una de cobre simplemente porque el fallo es adverso a los intereses de Colombia. Los pactos son para cumplirse. No somos ni una potencia, ni un jugador geoestratégico como para darnos el lujo de hacer lo que queramos. El Derecho Internacional se hizo para los débiles, y somos uno de ellos, así que debemos acatar las reglas del juego. No podemos pensar en una realpolitik a la colombiana, en una realpolitik frijolada. 

Imagen tomada de: http://mexico.cnn.com/mundo/2012/11/30/juan-manuel-santos-y-daniel-ortega-trataran-en-mexico-conflicto-limitrofe

jueves, 29 de noviembre de 2012

Es el interés nacional, ¡stupid!


Investigación- Política exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo

Es el interés nacional, ¡stupid!

Aciertan los comentaristas colombianos que afirman que el país ha dado un manejo desastroso al proceso jurídico que desembocó en la sentencia de la Corte Internacional de Justicia, CIJ, que le dice a Colombia que debe ceder a Nicaragua entre 75 mil y 150 mil kilómetros cuadrados. Pero esos mismos comentaristas se equivocan de cabo a rabo, cuando afirman que Colombia se encuentra obligada a acatar el fallo para mantener, dirán algunos, recuperar, señalarán otros, una tradición respetuosa del derecho internacional.

Y digo que se equivocan de cabo a rabo, no porque piense que en Colombia no ha existido dicha tradición, que sí la ha habido hacia afuera. Distinto es que al interior, lo de ser in extremis legalistas, no sea un marcado comportamiento nuestro como sociedad. Pero esto no nos interesa ahora.

Decía que se equivocan, porque los comentaristas, así como los mismos dirigentes nacionales, asumen que los países, tal cual los individuos, existen en un mundo moderno (industrial, secular, racional, humanista). Incluso posmoderno (diverso culturalmente, con alto relativismo, inexistencia de verdades absolutas, desafío a la idea del poder y las jerarquías). No es casualidad que tanto la Modernidad como la Posmodernidad, hayan sido condiciones o estados del ser, impulsadas originalmente por personajes pertenecientes a las esferas artísticas y culturales de sus respectivas sociedades (las famosas vanguardias). Fueron ellos a través de la manipulación de la belleza que permitieron que instituciones y comportamientos, inicialmente elitistas y restringidos, minoritarios, poco a poco se convirtieran en sólidas tendencias y permearan las fronteras de otros campos como la ciencia, la medicina, las ingenierías, y como no, los negocios, el derecho y la misma política.

La aparición de estos términos, Modernidad y Posmodernidad, se dan no tanto por la existencia de nuevos fenómenos, instituciones o culturas, sino más bien, por el surgimiento de ambiciosas, que no nuevas, realmente, ilusiones y metas al interior de las clases más progresivas y creativas. Este es el comportamiento recurrente de las sociedades y los grupos humanos a lo largo de la historia universal.

¿A qué voy con esto? A resaltar que esos estados de Modernidad o Posmodernidad en los cuales supuestamente nos encontramos imbuidos, no son otra cosa que imaginarios o tendencias excelentemente posicionadas en nuestras mentes. De hecho, olvídense de CocaCola o Google o Facebook, cuando se habla de marcas en estudios de Top of Mind. Las verdaderas ganadoras, son estas etiquetas que se han consolidado, yo diría más bien, se han apoderado, de las mentes y los corazones de las mayorías, educadas y no educadas, no solo en Occidente, sino en buena parte del mundo.

¿Y qué significa esto? ¿Qué relación tiene esto con el fallo de La Haya? Colombia, Estados Unidos, Nicaragua, China, Venezuela o la Unión Europea, en realidad existen en un mundo antiguo. Esta es otra categoría, otra marca, la Antigüedad, no tan exitosa hoy porque se considera superada, fuera de moda, sin estilo, bárbara (y por antonomasia irracional, jerárquica, religiosa, binaria). Pero esta nos permite comprender el mundo tal cual es, y por lo tanto, nos facilita comportarnos exitosamente, como nación, en el mundo real, que es antiguo.

Como siempre lo advierto, de ninguna manera esta es una oda a la guerra. Ni, mucho menos, un llamado ciego a la política de los desacatos o al desprecio radical al derecho. ¡No! Es un llamado al pragmatismo y al realismo. Es un llamado a identificar el interés nacional, propio y extraño. Es un llamado a reconocer fuerzas que, por ejemplo, el derecho y la filosofía tienden a dejar por fuera de su discurso. Me refiero principalmente a la Geografía, esa indomable fuerza, y a la Historia, esa otra ruda y terca energía (las dos con mayúsculas).

Aterrizando. Puntualmente, con respecto a La Haya debe considerarse seriamente el desacato del fallo. No es la opción más elegante, y claro, tampoco es perfecta. Pero no puede seguirse con la tradición colombiana de ser potencia moral que rubrica y respeta cuanto tratado aparece para ser firmado, los cuales al final de cuentas, sencillamente, son una abdicación de la soberanía nacional y en términos prácticos reducen opciones estratégicas para el país, sin medir posibles consecuencias ni tener en cuenta el interés propio.

Esto no es patrioterismo barato. Ni una posición del momento. Acá hemos defendido este enfoque continuamente. Otra cosa es que el país no ha entendido el mensaje. No se trata de ser belicistas, como algunos denuncian, sino de ser inteligentes. Ese marcado santanderismo que nos ha caracterizado al interior de nuestras fronteras tenemos que empezar a hacerlo a un lado, también, en asuntos internacionales. Las naciones serias y con aspiraciones de influencia y éxito internacional, optan por esa senda. “Es el interés nacional, ¡stupid!”, el antiquísimo interés nacional.

martes, 6 de noviembre de 2012

Hipermetropía

Columna de opinión
César Niño

Hipermetropía

Javier Solana ha escrito recientemente en su habitual columna “La tribuna”, en El País de España, algo que él mismo ha titulado “El mundo después de noviembre”. Allí, menciona que Estados Unidos hereda un país con una perspectiva geopolítica profundamente transformada. Por tal razón, ha habido una constante expectativa sobre los pronunciamientos de Obama y Romney con relación al mundo.

Los resultados de las elecciones en Estados Unidos le preocupan a los medios de comunicación, opinión pública internacional y, en particular, a aquellos Estados que directamente se ven afectados por la política exterior de aquel país. América Latina, por lo que se ha evidenciado en los últimos años, no figura en el radar de la política exterior estadounidense como en los años 70 y 80.

Desde Colombia se ha manifestado cierta crítica por la ausencia en las menciones de los candidatos al país en sus debates. Recuerdo precisamente, hace algún tiempo cuando el presidente Juan Manuel Santos a modo de reclamo le señalaba a Barack Obama que los Estados Unidos sufrían de una enfermedad llamada “hipermetropía”, es decir que Estados Unidos veía de lejos, pero no de cerca.

Es curioso que muchos analistas observen con preocupación que Estados Unidos, en particular con Colombia, disminuya su ayuda en cooperación. Pero este fenómeno, en vez de generar preocupación debería alegrar a muchos porque significa que las cosas están funcionando y que los recursos en buena medida están siendo bien utilizados. Por esta razón, la continuidad o el cambio del inquilino de la Casa Blanca no afectarán en mayor medida la relación con el país, pues sencillamente la política exterior estadounidense está basada en un pragmatismo centenario, la cual cuando hay cambio de administración tiene leves virajes de forma, pero no de fondo.

Entonces, sería distinto si estuviéramos hablando de la política exterior estadounidense hacia zonas que geopolíticamente le interesan a aquel país. Medio Oriente por ejemplo. Allí, sin duda los líderes de esta zona deberían preocuparse por quién sea el nuevo sucesor de George Washington, pues la geoestrategia de la Casa Blanca busca gestionar los intereses geopolíticos en función del interés nacional estadounidense en Irán, Siria, Israel, Jordania, Libia.

La hipermetropía de Washington responde ciertamente a que no percibe una amenaza real en América Latina, si bien el acercamiento de Venezuela a Rusia, Irán y China ha sido resonante en los pasillos de la Casa Blanca, el espacio vital estadounidense está más que controlado.

Gane quien gane estas elecciones, republicanos y demócratas entienden lo poco y mucho que significa América Latina para ellos. El burro o el elefante darán la misma relevancia en sus agendas a Colombia, así que habrá que darles unas gafas permanentes a ambos para empezar a curar su constante y a veces odiosa hipermetropía.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Después de las elecciones en Venezuela, ¿qué hay para Colombia?


Investigación- Política exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo

Después de las elecciones en Venezuela, ¿qué hay para Colombia?

Hace ya varias semanas habíamos dicho acá que el resultado más conveniente para Colombia en las elecciones presidenciales de Venezuela era que se diera un triunfo de Hugo Chávez sobre Henrique Capriles. Acá, las consideraciones que dábamos se desprendían especialmente del momento en el que se encontraban, y se encuentran todavía, las negociaciones entre el gobierno colombiano y las Farc para dar fin al Conflicto Armado Interno, CAI, que no la obtención de la difusa paz.

De ninguna manera se manifestaba apoyo por parte de este comentarista al ideario político e ideológico que defiende y azuza en toda la región, y quiere creer él, en todo el mundo, el teniente coronel Chávez, ocupante desde 1999 del Palacio de Miraflores. En concordancia con esto, debemos afirmar que nos inquieta saber qué está haciendo el gobierno colombiano frente al futuro de Venezuela, más allá de las elecciones presidenciales, ya consumadas.

Ya hace unos días, el analista internacional Moisés Naím, presentó un sesudo y concreto comentario sobre qué le deparará a Venezuela y a sus vecinos y dependientes durante el corto y mediano plazo. Naím hizo un balance para Caracas desfavorable en lo concerniente a la economía. Los indicadores macroeconómicos son desalentadores; las relaciones obrero-patronales pésimas; el aparato productivo y exportador no-petrolero ha sido castrado y el petrolero ha sido golpeado por las ineficiencias y el derroche con que desde el gobierno central han manejado a PDVSA, la empresa estatal de petróleos, creando una sustancial reducción en la producción de barriles de crudo, especialmente desde el 2000, pasando de 3,15 Millones de Barriles por Día, MBD, a 2,24 MBD en 2011, y permitiendo que la industria se atrase con respecto a las tecnologías usadas y desarrolladas por el sector. La explosión de la refinería de Amuay, la más grande de Venezuela, y una de las cinco más grandes de todo el planeta, no fue una casualidad ni mala suerte.

Tengan en cuenta que Chávez, quien llegó a sugerir que los Estados Unidos eran los directos responsables del terremoto que devastó a Haití, por medio del uso de una súper-arma ubicada en el espacio, ni siquiera se le ocurrió decir que la terrible explosión en Amuay fue un atentado terrorista mundano, provocado aunque sea por sencillos y desalmados comandos especiales provenientes “del imperio”. La crisis de la industria petrolera en Venezuela es profunda y a Chávez le conviene cualquier cosa, menos que los ojos de la opinión pública, porque esto es sabido abiertamente por los expertos en los temas energéticos, se posen sobre el estado de las cosas en PDVSA.

Todo este oscuro panorama, heredado por Chávez de Chávez, arguye Naím, va a llevar a que este gobierno se vea obligado a tomar medidas dolorosas para sus ciudadanos y conlleve posiblemente a una crisis e inestabilidad similar a la que durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) permitió el surgimiento de la figura del mismo teniente coronel, entonces actor principal de una intentona golpista.

A esto debe sumársele la salud del presidente, la cual seguramente no es solo secreto para los ciudadanos del común, sino también para muchos de sus más cercanos colaboradores. En los regímenes con características autoritarias, la información acerca de la “durabilidad” del líder del sistema es fundamental para mantener la supervivencia propia y del grupo de intereses que se representa. Si las horas están contadas para Chávez, como muchos de manera poco cristiana lo desean, es mejor que revalúen dicho deseo, puesto que quien llegue al poder, sea “amigo” de Colombia (¿quizás Maduro?, por lo menos por estos últimos días) o “enemigo” de Colombia (¿quizás el ministro de defensa, general Rangel?), deberá seguramente endurecer sus posiciones para afianzarse o hacerse con el poder, especialmente en temas que muevan el opinómetro nacional, y Colombia siempre está en el tope de esta lista para los venezolanos: postchavistas, chavistas y prechavistas.

Decía que el análisis de Naím era sesudo, pero en sus conclusiones le termina ganando el corazón al cerebro, surgiendo claramente su condición de ciudadano venezolano y opositor al actual mandatario de su país:

“¿Qué hacer? En vista del control de Chávez sobre la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo y los demás órganos del poder, si él decide cambiar la Constitución [para conservar su régimen más allá de su propia existencia] es difícil que la sociedad civil y las fuerzas políticas lo puedan impedir. La única esperanza es que los líderes democráticos del mundo alcen su voz en protesta y exijan a Chávez que abandone sus pretensiones dinásticas y permita que su sucesor sea elegido por el pueblo. Será la oportunidad, por ejemplo, para que Dilma Rousseff o Lula da Silva rompan con el silencio que Brasil ha mantenido con respecto a las conductas poco democráticas de Chávez. Ya es hora de dejar de felicitarlo y comenzar a exigirle que respete los principios básicos de la democracia”.       

La comunidad internacional no puede y más importante, no quiere, mover un dedo para sacar a sombrerazos a Chávez y su régimen. Declaraciones surgirán condenando los exabruptos del moderno dictador pero ni la fuerza (por ejemplo por parte de Colombia), ni el interés (por ejemplo por parte de EUA o incluso el Brasil) existen. Es un problema de los venezolanos (tal como afuera de Colombia muchos piensan y sienten que nuestro CAI es nuestro problema). Poniendo esto en términos dramáticos la cosa se resolverá como el año pasado en Libia, después de unos buenos años, o como ha terminado siendo hasta hoy en Cuba.

Por su parte, a Brasil le encanta (satisface su interés nacional y eso es lo que importa para las naciones y los Estados serios) que Chávez adopte su posición de héroe antiimperialista. Sin mucho esfuerzo, tiene un parlante que incomoda a uno de sus rivales geoestratégicos a nivel global como lo es Washington, y sepan ustedes también, a uno potencial a nivel regional, como lo es (debería ser) Bogotá.

Entonces, ¿qué hay para Colombia después de las elecciones del pasado 7 de octubre? Es deber de la nueva Agencia Nacional de Inteligencia, en vez de andar, supuestamente, chuzando a comentaristas y a otra gente por ahí, crear una seria estrategia para saber quién viene después de Chávez, y más importante, cómo influir de manera soterrada, pero efectivamente, ese proceso. Asimismo, cómo mantener, durante el mayor tiempo posible, la estabilidad en la relación entre los dos países. Lo que tenemos hoy, desde el 10 de agosto de 2010, fecha del encuentro entre Santos y Chávez en Santa Marta no es perfecto pero si es un escenario aceptable y, sin duda, favorece los fríos intereses colombianos. Quizás no los exigentes parámetros que los principios democráticos y humanitarios enaltecen, pero si consolidan en un mundo imperfecto la posición de Colombia, en su frágil interior (Farc) y en la región. ¿O por qué creen, por ejemplo, que el señor Rafael Correa, cliente de Chávez, no posee un tono altisonante como en otros días contra Colombia?

aramirez@fundaciónkios.org

Imágenes tomadas de:
http://visiondesdecuba.com/2012/04/13/venezuela-festeja-su-abril-de-victorias/
http://www.elestenoticias.com/fotos-explosion-de-la-refineria-amuay
http://undiadijo.wordpress.com/2010/05/17/moises-naim/ y
http://www.eluniversal.com.co/cartagena/nacional/el-nuevo-mando-de-las-farc-entre-ivan-marquez-y-timochenco-51920

viernes, 19 de octubre de 2012

Un necesario debate filosófico sobre las relaciones internacionales


Investigación- Política exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo

Un necesario debate filosófico sobre las relaciones internacionales

Escribió en El Tiempo la internacionalista Laura Gil, sobre la situación del litigio entre Colombia y Nicaragua por el archipiélago de San Andrés y Providencia. La narrativa que el gobierno colombiano ha presentado ante la opinión pública afirmaba que no existía la más mínima posibilidad de que las islas de San Andrés y Providencia fueran entregadas al gobierno en Managua. 

Gil, sin embargo, argumenta que esta posibilidad es real. Existe, dice, un antecedente reciente en un fallo de una corte distinta a la Corte Internacional de Justicia, entidad encargada de dirimir la discusión legal entre Bogotá y Managua, que es el Tribunal del Mar, favorable a Bangladesh, nación que con un razonamiento similar al de los centroamericanos, obtuvo 111 mil kilómetros cuadrados de mar en la bahía de Bengala, a coste de Birmania.
 

Debe resaltarse de la columna de la analista colombo-uruguaya la aparente falta de transparencia de los gobiernos colombianos frente a este asunto. Pero lo que más preocupa es el consejo de Gil:


¡Menuda conclusión! Sin duda, el ánimo de muchos internacionalistas, no tanto de profesión como de espíritu, consiste en que el derecho sea la guía exclusiva de las relaciones entre las naciones y los pueblos del mundo. Es un punto de vista respetable pero seriamente discutible.

Aunque Gil indica que esta posibilidad, que extraemos en forma de cita de su escrito, es muy reducida, pues lo describe como "lo impensable", tal como lo indicamos entre paréntesis, sí revela una peligrosa fe excesiva de estos analistas y su escuela de pensamiento, y por lo tanto de acción, en el derecho. 

Sin duda, la ley es vital para permitir el acrecentamiento de los distintos flujos e intercambios humanos. Desde los comerciales y diplomáticos, hasta los culturales. Pero por ser humano, es ambiguo y se encuentra en constante, sino permanente, estado de interpretación y por lo tanto de disputa. Los antiguos navíos ingleses llevaban algunos de sus obuses con una inscripción que rezaba así: "el último argumento del Rey". 

Como en muchas ocasiones lo hemos advertido, no estamos llamando a los dioses de la guerra. A lo largo de la historia se encuentran guerras estúpidamente concebidas y/o estúpidamente llevadas. Pero así como el derecho, las armas son un instrumento utilizado por las naciones responsables. De nuevo es necesario hacer claridad, porque desde esta trinchera de opinión, valga el símil aquí, no se hace un llamado a reaccionar violentamente ante un fallo adverso a los intereses colombianos. 

Lo que deseamos resaltar, antes que una forma de cómo comportarnos ante ese supuesto fallo, es una reflexión de carácter filosófico sobre cómo en Colombia se asumen los asuntos internacionales. Digo Colombia porque este es nuestro país, pero este tipo de comportamiento mental no es exclusivamente nuestro. 

Digo, entonces, que no es de naciones serias asumir posiciones tan pacifistas, corrijo, entreguistas, como las que anuncia como recomendables y originadores de orgullo la señora Laura Gil. Y no nos llevemos a engaños, este ha sido el pensamiento colombiano a lo largo de su historia republicana. Aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados terrestres se han rendido ante Venezuela, el Brasil, Perú y Panamá, siempre sin chistar en lo más mínimo. Siempre respetando y celebrando el derecho internacional, mientras quienes se han hecho con estos territorios, han usado “el último argumento del Rey”, por lo menos con mayor habilidad e inteligencia que Colombia. Con mayor realismo.
 
Eso es lo que explica en buena medida el actual armamentismo, no solo de Venezuela, sino también de Brasil y de Chile, por hablar de Suramérica. Brasil ha gritado a los cuatro vientos en el último mes el despliegue de tropas a lo largo de la frontera selvática con Bolivia y el Perú. De tropas militares, no de legiones de médicos y profesores como muchos internacionalistas aspiran. 

Y como lo hemos señalado en anteriores oportunidades, la utilización de la fuerza no excluye, ni más faltaba, la utilización de otras herramientas, entre ellas el mismo derecho y el incorrectamente denominado gasto social. Pero no es de hombres sabios limitar las propias opciones y considerar el derecho como la herramienta exclusiva y pensar en reducir el gasto militar para satisfacer unas conciencias radicalmente pacifistas. Un comportamiento así, termina siendo algo de necios y no de competentes.  

Imagen tomada de:
http://seamarazul.blogspot.com/2007/12/bucear-en-clombia-isla-de-san-andres.html y
http://governancefocus.blogspot.com/2011/05/brazil-amazon-rainforest-deforestation.html