Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Chávez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Chávez. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de febrero de 2013

Chávez protagonizará The Walking Dead


Columna de opinión
César Niño

Chávez protagonizará The Walking Dead

¿Hasta cuándo gobernará el mito? Esta parece ser una pregunta que no solo en Venezuela está latente, sino en toda América Latina.  El ausentismo (no he dicho autismo) del presidente Hugo Chávez parece ser quien gobierna en Caracas. Todo lo que en los últimos dos meses ha venido sucediendo en la política venezolana parece ser un completo novelón. Un protagonista ausente padeciendo una enfermedad terminal, un sirviente enamorado (Maduro) haciendo de las suyas y una audiencia expectante de la situación, quien ha divagado sobre el final de la puesta en escena.

Pero más allá del acontecer diario, aún gobierna un mítico Chávez. Desde una clínica en La Habana, que ahora parece un estudio cinematográfico, el presidente de los venezolanos ha tomado serias decisiones de gabinete y política nacional. No sé cómo puede firmar documentos públicos en dicho estado de salud, no sé cómo puede enviar mensajes si no puede siquiera despertar, no sé cómo puede su fiel sirviente Nicolás Maduro leer el libreto del papel de Chávez, pero algo que sospecho es que pronto la cadena Fox llamará a Hugo Chávez como nuevo personaje en The Walking Dead, o mejor aún, en American Horror Story, y no lo digo porque el mandatario coma cerebros, sino porque en el papel y en Miraflores, Chávez pareciera estar muy vivo.

Ojalá la “democracia” venezolana aprenda de la monarquía holandesa y deje de hacerle caso a la “monarquía cubana”, y abdique su presidente. Todos tenemos derecho a enfermarnos pero no a usar el mito como el Leviatán, es mejor que “mi comandante deje de ser ya un mito mandante”.

martes, 18 de diciembre de 2012

Con o sin Chávez


Columna La Tarde
Fundación Kíos

Con o sin Chávez

Los resultados parciales emitidos por el Consejo Nacional Electoral venezolano afirman que, con un 95% escrutado, Chávez arrasó de nuevo. Solo en tres estados ganó la oposición, que  fue derrotada dolorosamente en Carabobo, Zulia y Táchira.

A pesar de que Capriles ganó en Mérida, los candidatos oficialistas ocuparán el 87% de las gobernaciones, lo que demuestra que la victoria chavista de hace unos meses en las presidenciales tiene un fuerte arraigo en lo regional, y que el avance de la oposición, cuando se trata del ámbito de la micropolítica, sigue en veremos.

El optimismo de los opositores fue sepultado y el mapa político venezolano se mantiene sin modificaciones sustanciales frente a los años anteriores. Una oposición poco deliberante y una aplanadora que parece ahora estar aceitada por los anuncios sobre los aparentes quebrantos de salud del mandatario de Miraflores.

Las declaraciones que dio Chávez antes de su partida a Cuba dan muestra de, o una estrategia electoral canalla pero que ha resultado ser efectivísima, jugando con mensajes emocionales más que programáticos y de contenido que movilizan desde el sentimiento y no desde la razón, o de una coincidencial y desafortunada coyuntura que de carambola ha potenciado la afiliación a un proyecto democrático a largo plazo.

Las posibilidades de ver a Maduro sentado en el trono de Miraflores son ahora más reales que nunca. Independiente de los quebrantos de salud del Presidente, el fortalecimiento del proyecto oficialista en las gobernaciones ratifica que los venezolanos interpretan que la Venezuela bolivariana debe continuar, con o sin Chávez.

La democracia se pronunció en Venezuela nuevamente. El problema no es el sistema. Si hay alguien responsable de perpetuar el proyecto chavista en el país vecino, son todos los venezolanos. Los que votan y los que se abstienen. 

Independiente de las preocupaciones que pueda generar dentro y fuera la reiteración de que los intereses de los ciudadanos se mantienen en el espectro continuista, Chávez ha demostrado más allá de cualquier duda razonable, que su visión de país sigue siendo la opción para la mayoría de los electores venezolanos.

El impulso aparente que había obtenido la oposición en las elecciones presidenciales se diluyó esta semana con unos resultados que rayan en lo catastrófico. El cambio se pospuso nuevamente y hay que respetar la decisión de la mayoría de los venezolanos que prefieren seguir siendo gobernados por unas políticas que siguen pareciendo del siglo pasado, pero que han demostrado ser electoralmente efectivas.

Publicado en La Tarde de Pereira, el martes 18 de diciembre de 2012, en: http://www.latarde.com/opinion/columnistas/105885-con-o-sin-chavez

Imagen tomada de http://latino.foxnews.com/latino/politics/2012/10/11/venezuelan-president-hugo-chavez-selects-vice-president-possible-successor/

jueves, 1 de noviembre de 2012

Después de las elecciones en Venezuela, ¿qué hay para Colombia?


Investigación- Política exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo

Después de las elecciones en Venezuela, ¿qué hay para Colombia?

Hace ya varias semanas habíamos dicho acá que el resultado más conveniente para Colombia en las elecciones presidenciales de Venezuela era que se diera un triunfo de Hugo Chávez sobre Henrique Capriles. Acá, las consideraciones que dábamos se desprendían especialmente del momento en el que se encontraban, y se encuentran todavía, las negociaciones entre el gobierno colombiano y las Farc para dar fin al Conflicto Armado Interno, CAI, que no la obtención de la difusa paz.

De ninguna manera se manifestaba apoyo por parte de este comentarista al ideario político e ideológico que defiende y azuza en toda la región, y quiere creer él, en todo el mundo, el teniente coronel Chávez, ocupante desde 1999 del Palacio de Miraflores. En concordancia con esto, debemos afirmar que nos inquieta saber qué está haciendo el gobierno colombiano frente al futuro de Venezuela, más allá de las elecciones presidenciales, ya consumadas.

Ya hace unos días, el analista internacional Moisés Naím, presentó un sesudo y concreto comentario sobre qué le deparará a Venezuela y a sus vecinos y dependientes durante el corto y mediano plazo. Naím hizo un balance para Caracas desfavorable en lo concerniente a la economía. Los indicadores macroeconómicos son desalentadores; las relaciones obrero-patronales pésimas; el aparato productivo y exportador no-petrolero ha sido castrado y el petrolero ha sido golpeado por las ineficiencias y el derroche con que desde el gobierno central han manejado a PDVSA, la empresa estatal de petróleos, creando una sustancial reducción en la producción de barriles de crudo, especialmente desde el 2000, pasando de 3,15 Millones de Barriles por Día, MBD, a 2,24 MBD en 2011, y permitiendo que la industria se atrase con respecto a las tecnologías usadas y desarrolladas por el sector. La explosión de la refinería de Amuay, la más grande de Venezuela, y una de las cinco más grandes de todo el planeta, no fue una casualidad ni mala suerte.

Tengan en cuenta que Chávez, quien llegó a sugerir que los Estados Unidos eran los directos responsables del terremoto que devastó a Haití, por medio del uso de una súper-arma ubicada en el espacio, ni siquiera se le ocurrió decir que la terrible explosión en Amuay fue un atentado terrorista mundano, provocado aunque sea por sencillos y desalmados comandos especiales provenientes “del imperio”. La crisis de la industria petrolera en Venezuela es profunda y a Chávez le conviene cualquier cosa, menos que los ojos de la opinión pública, porque esto es sabido abiertamente por los expertos en los temas energéticos, se posen sobre el estado de las cosas en PDVSA.

Todo este oscuro panorama, heredado por Chávez de Chávez, arguye Naím, va a llevar a que este gobierno se vea obligado a tomar medidas dolorosas para sus ciudadanos y conlleve posiblemente a una crisis e inestabilidad similar a la que durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) permitió el surgimiento de la figura del mismo teniente coronel, entonces actor principal de una intentona golpista.

A esto debe sumársele la salud del presidente, la cual seguramente no es solo secreto para los ciudadanos del común, sino también para muchos de sus más cercanos colaboradores. En los regímenes con características autoritarias, la información acerca de la “durabilidad” del líder del sistema es fundamental para mantener la supervivencia propia y del grupo de intereses que se representa. Si las horas están contadas para Chávez, como muchos de manera poco cristiana lo desean, es mejor que revalúen dicho deseo, puesto que quien llegue al poder, sea “amigo” de Colombia (¿quizás Maduro?, por lo menos por estos últimos días) o “enemigo” de Colombia (¿quizás el ministro de defensa, general Rangel?), deberá seguramente endurecer sus posiciones para afianzarse o hacerse con el poder, especialmente en temas que muevan el opinómetro nacional, y Colombia siempre está en el tope de esta lista para los venezolanos: postchavistas, chavistas y prechavistas.

Decía que el análisis de Naím era sesudo, pero en sus conclusiones le termina ganando el corazón al cerebro, surgiendo claramente su condición de ciudadano venezolano y opositor al actual mandatario de su país:

“¿Qué hacer? En vista del control de Chávez sobre la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo y los demás órganos del poder, si él decide cambiar la Constitución [para conservar su régimen más allá de su propia existencia] es difícil que la sociedad civil y las fuerzas políticas lo puedan impedir. La única esperanza es que los líderes democráticos del mundo alcen su voz en protesta y exijan a Chávez que abandone sus pretensiones dinásticas y permita que su sucesor sea elegido por el pueblo. Será la oportunidad, por ejemplo, para que Dilma Rousseff o Lula da Silva rompan con el silencio que Brasil ha mantenido con respecto a las conductas poco democráticas de Chávez. Ya es hora de dejar de felicitarlo y comenzar a exigirle que respete los principios básicos de la democracia”.       

La comunidad internacional no puede y más importante, no quiere, mover un dedo para sacar a sombrerazos a Chávez y su régimen. Declaraciones surgirán condenando los exabruptos del moderno dictador pero ni la fuerza (por ejemplo por parte de Colombia), ni el interés (por ejemplo por parte de EUA o incluso el Brasil) existen. Es un problema de los venezolanos (tal como afuera de Colombia muchos piensan y sienten que nuestro CAI es nuestro problema). Poniendo esto en términos dramáticos la cosa se resolverá como el año pasado en Libia, después de unos buenos años, o como ha terminado siendo hasta hoy en Cuba.

Por su parte, a Brasil le encanta (satisface su interés nacional y eso es lo que importa para las naciones y los Estados serios) que Chávez adopte su posición de héroe antiimperialista. Sin mucho esfuerzo, tiene un parlante que incomoda a uno de sus rivales geoestratégicos a nivel global como lo es Washington, y sepan ustedes también, a uno potencial a nivel regional, como lo es (debería ser) Bogotá.

Entonces, ¿qué hay para Colombia después de las elecciones del pasado 7 de octubre? Es deber de la nueva Agencia Nacional de Inteligencia, en vez de andar, supuestamente, chuzando a comentaristas y a otra gente por ahí, crear una seria estrategia para saber quién viene después de Chávez, y más importante, cómo influir de manera soterrada, pero efectivamente, ese proceso. Asimismo, cómo mantener, durante el mayor tiempo posible, la estabilidad en la relación entre los dos países. Lo que tenemos hoy, desde el 10 de agosto de 2010, fecha del encuentro entre Santos y Chávez en Santa Marta no es perfecto pero si es un escenario aceptable y, sin duda, favorece los fríos intereses colombianos. Quizás no los exigentes parámetros que los principios democráticos y humanitarios enaltecen, pero si consolidan en un mundo imperfecto la posición de Colombia, en su frágil interior (Farc) y en la región. ¿O por qué creen, por ejemplo, que el señor Rafael Correa, cliente de Chávez, no posee un tono altisonante como en otros días contra Colombia?

aramirez@fundaciónkios.org

Imágenes tomadas de:
http://visiondesdecuba.com/2012/04/13/venezuela-festeja-su-abril-de-victorias/
http://www.elestenoticias.com/fotos-explosion-de-la-refineria-amuay
http://undiadijo.wordpress.com/2010/05/17/moises-naim/ y
http://www.eluniversal.com.co/cartagena/nacional/el-nuevo-mando-de-las-farc-entre-ivan-marquez-y-timochenco-51920

lunes, 8 de octubre de 2012

Capriles perdió, Chávez empató, pero Venezuela y la oposición ganaron




Chavez Victory, 6 more years.
Columna de opinión
Meden Agan

Capriles perdió, Chávez empató, pero Venezuela y la oposición ganaron



El futuro de Venezuela no dependía en el corto plazo, tanto como nos hicieron creer, de lo que pasara en las elecciones presidenciales del 7 de octubre.

A pesar de que las fuerzas de poder se balancearon aún más entre opositores y oficialistas, la esperanza de quienes votaron por Capriles, y esperaban que con su victoria se cambiara la historia reciente de su país, era engañosa. Sus expectativas eran más resultado de un deseo profundo que de un análisis riguroso y sensato de la situación política, social y económica del país que eligió sufrir a Chávez por al menos 20 años seguidos. La democracia ya hizo su trabajo, ahora los oncólogos deben hacer el suyo.

Ayer, al fin de una jornada democrática en la que se temía por las reacciones violentas de los perdedores, como si ese fuera el principal problema de la Venezuela postelectoral, Chávez obtenía, escrutadas el 90% de las mesas, el 54% de los votos, mientras Capriles llegaba a un no despreciable 45%. 

En principio, los resultados demuestran varias cosas: primero, que con una participación que supera el 80%, los venezolanos acudieron masivamente a las urnas y entendieron que el momento político del país requería de su respuesta ante el llamado de la democracia. La otra lectura, que también da pistas sobre cómo van a ser estos otros seis años de gobierno chavista, y lo verdaderamente importante, cómo hubieran sido esos mismos años bajo la batuta de Capriles, indica que el país está más polarizado que nunca. Con Capriles o sin él, combinando el alto grado de participación y la considerable votación obtenida por el adversario de Chávez, Venezuela será un país ingobernable. Una oposición fuerte y ampliamente legitimada por los más de seis millones de sufragios, convencida como nunca antes de que los años de Chávez en el poder están empezando a terminar, harán del debate político entre opositores y oficialistas un tira y afloje que en lo teórico será fascinante para los analistas, pero que en la práctica convertirá el aparato operativo del Estado venezolano en una máquina aún menos eficiente que hasta ahora.

En el caso hipotético de una victoria de Capriles, la cosa hubiera sido peor en términos de operatividad. Ante unos resultados igualmente apretados, pero que hubieran dado perdedor a Chávez, él y su séquito hubieran hecho una oposición desde las vísceras, poco fundamentada en juicios políticos y en análisis económicos juiciosos, tal como fue su campaña y tal como han sido sus 14 años de gobierno, pero esta vez, sin las herramientas de la institucionalidad con que cuenta el ganador, sino con los dardos malintencionados de quien perdió la oportunidad de seguir siendo un mesías.

Lo segundo, mientras la oposición ganó casi dos millones de votos, Chávez apenas obtuvo cien mil más frente a los obtenidos en 2006. Lo que ha alcanzado electoralmente Chávez tras 14 años, estuvo a punto de lograrlo Capriles en tres meses. Ahí hay un caudal que la oposición debe cultivar y convertir en las próximas elecciones regionales de diciembre y abril próximos, en victorias contundentes si quiere mantenerse como una opción de poder en 2018. El futuro de Venezuela se juega allí, no se jugaba el 7 de octubre. Por eso, quienes votaron ayer por el cambio, deben acudir a las urnas para elegir gobernadores y legisladores de las Entidades Federales, así como a los líderes municipales.

Y las jornadas de diciembre y abril son definitivas porque es en la base de los movimientos políticos y en su capacidad de permear las políticas públicas y las estrategias de gobernabilidad desde abajo, que se soporta su éxito. Un Capriles vencedor ayer, por un margen reducido, con poco apoyo regional y un legislativo opositor, se hubiera enfrentado a un vacío de gobernabilidad que no le daría la suficiente capacidad de maniobra como para sacar a Venezuela del agujero en que se encuentra.

Por eso, lo mejor que le pudo pasar a Venezuela y al candidato Capriles, así como a sus votantes, fue perder por tan poco ayer, comparado con las elecciones anteriores. Ese escenario puede no ser el ideal para sus aspiraciones personales, pues su llegada a Miraflores se aplaza hasta el 2019, pero es lo mejor que le podía pasar al país dadas las circunstancias. La oposición tiene ahora seis años más para organizar las bases y fortalecerlas, para conquistar las regiones y consolidar los apoyos políticos en los entes territoriales. Tiene, en definitiva, seis años para revalidar el papel de las instituciones, que con el liderazgo caudillista de Chávez se debilitaron hasta ser simples apéndices de un aparato hiperideologizado y con poca capacidad real de gestión pública.

La negativa de Chávez a debatir en campaña sus ideas con Capriles, demuestran que el liderazgo político en el vecino país tiene que ver cada vez menos con lo estructural que con lo formal. La reacción del opositor ante la derrota, demuestra su talante de respeto por las instituciones que su contendiente parece no valorar ni fortalecer. Una Venezuela con tres poderes desbalanceados y unos órganos de control que no hacen contrapeso a las ejecuciones irregulares del Ejecutivo debe reconstruirse desde la base, a partir de las habilidades milimétricas de un equilibrista que trabaja sin los focos de los medios en su cara, y no desde Miraflores con una estructura pública que se cae a pedazos.

Lo que se viene en Venezuela con la victoria de Chávez es la radicalización de su proyecto político y económico, pero si la oposición es tan hábil e inteligente como descubrió ante el mundo durante la campaña presidencial, podrá utilizar un caudal electoral no despreciable para fortalecerse regionalmente, luchando por la recuperación de una institucionalidad que permita a Capriles gobernar los destinos de su país en seis años, o menos, si el cáncer le pasa factura de cobro al mesías recientemente coronado de nuevo.

Desde esta perspectiva, lo que pasó ayer en Venezuela, es lo mejor que le pudo pasar a Capriles y a sus más de seis millones de seguidores. Un resultado favorable hubiera sido excelente para él y sus intereses, pero altamente frustrante y perjudicial para un país que en seis años estaría preguntándose nuevamente, qué fue lo que hizo mal. 


Imagen tomada de: http://thecostaricanews.com/
 



jueves, 27 de septiembre de 2012

Elecciones en Venezuela: ¿cuál es el escenario más conveniente para Colombia?


Investigación- Política de exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo


Elecciones en Venezuela: ¿cuál es el escenario más conveniente para Colombia?

Algo se ha escrito sobre las repercusiones que tendrán las elecciones presidenciales a celebrase en Venezuela este próximo 7 de octubre. Algunos se han enfocado hacia la lucha ideológica y maniquea que existe entre los dos candidatos más importantes y las consecuencias que para el futuro de la misma Venezuela, de la región y hasta del mundo, tendrá el resultado. Desde esta columna deseamos enfocarnos, usando el sombrío prisma del interés nacional, en cuál es el resultado más conveniente, o quizás, cuál es el que representa menos riesgos e inestabilidad para la nación colombiana y el Estado que la representa.

Por supuesto, deben ponerse en contexto, como elemento principal, las negociaciones que se adelantan entre Bogotá y las Farc, las cuales entrarán en la fase decisiva al siguiente día de la realización de los comicios electorales en Venezuela. Lo anterior porque el gobierno actual de Caracas ha tenido un rol central en el desarrollo de las mismas.

Entre los críticos de ese embrión de acuerdo con las FARC para la terminación del Conflicto Armado Interno colombiano (mal llamado proceso de paz), resalta el hecho de que la posición del gobierno de Chávez ha sido claramente contraria a los intereses colombianos y altamente favorable a los de las Farc, al proveer refugio a sus tropas y a sus líderes, entregándoles una valiosa retaguardia estratégica militar y política. Los maldicientes de la nueva negociación arguyen que la situación en Venezuela debe cambiar dramáticamente hacia una en la que los líderes y militantes de esa organización criminal y/o guerrillera sean perseguidos con la estrecha colaboración de las autoridades colombianas.

Por supuesto, ese es el escenario ideal. Pero debemos recordar siempre que normalmente lo ideal se encuentra considerablemente alejado de lo real. Debemos acordar que sólo hasta 2002 el Estado colombiano se embarcó en un proceso serísimo de persecución de ese grupo armado ilegal. Antes del Cagüán, antes de Tlaxcala y Caracas y antes de los acuerdos de La Uribe, la debilidad y el desinterés (¿complacencia?) de la dirigencia colombiana era tal, que la situación actual podría llegar a ser descrita como una similar a la que hoy tenemos en Venezuela con respecto a las Farc.

Cuando en 2002 cambió esta actitud, en Venezuela ya estaba de primer mandatario Hugo Chávez. Aunque las relaciones entre Uribe y el teniente coronel fueron, durante la mayor parte del gobierno del primero, estables y cordiales, por lo menos de dientes para afuera, no hay evidencia de que en el país vecino existiera el interés por colaborar con la guerra contra las Farc que en Colombia comenzaba a escalarse a niveles nunca antes vistos. De hecho, con el paso del tiempo, y esta fue una de las razones que llevaría a la ruptura definitiva entre Uribe y Chávez, el inquilino de Miraflores decidió jugársela, de manera abierta, a favor de las Farc.

Por supuesto esto es horrible para los intereses colombianos. Más allá de la argumentación acerca de los principios y valores antidemocráticos que puede llegar a encarnar Chávez y su gobierno, su actitud era (es) anticolombiana. Hoy es cada vez más claro que Santos llegó a la presidencia dispuesto a jugársela duro por la paz. ¿Alguien tiene duda de que el tema primordial de todos sus encuentros, desde aquel primero, el 10 de agosto de 2010 en la Quinta de San Pedro Alejandrino, no era la apertura de un diálogo con las Farc? Por supuesto que nadie.

Santos no inicia esta apuesta desde la ingenuidad, sino desde la valoración del interés nacional colombiano, aplicando de una manera muy destacada el pragmatismo. Por ejemplo: ¿cuáles son algunas de las preguntas que existen, por lo menos en algunos círculos, acerca del proceso electoral venezolano próximo? ¿Se robará Chávez las elecciones? ¿Y si pierde y eso se comprueba, saldrá voluntariamente del poder? ¿Se mantendrá a la fuerza? Si estos interrogantes existen hoy, a una semana larga de los comicios, y después de enterarnos de serias dolencias físicas que ha venido padeciendo el teniente coronel, en 2010 se podía considerar como seria y segura la probabilidad de que Chávez se mantendría en el poder hasta el día del juicio final. Acordémonos que su mentor no es otro que Fidel Castro, quien lleva liderando los destinos cubanos desde 1959.

Santos entonces entiende, puede uno especular, que Chávez es clave, no solo por su ascendencia ideológica sobre las Farc, sino porque les ha dado, por lo menos, refugio, pero también porque planea estar en el poder por mucho tiempo.

A dónde nos llevan estas reflexiones. Desde el marco de las actuales conversaciones con las Farc, el resultado más conveniente para Colombia y para el gobierno de Juan Manuel Santos, es un triunfo de Chávez. Es probable que si Chávez se queda haciendo evidente trampa, o lo totalmente opuesto, gana de forma aplastante, esto puede conducir a unos escenarios no tan positivos para el interés nacional colombiano en general. Pero ese es el punto. El futuro es oscuro, no por lo negativo que pueda ser, sino porque sencillamente es casi imposible de pronosticar, sobre todo en ambientes como el existente en Venezuela, donde las reglas de juego no son claras.

El señor Capriles, el contendor de Chávez, puede llegar a ser una interesante apuesta para Venezuela, el continente, y más importante para Colombia. ¿Pero podría Capriles, una vez en el poder, controlar a sus Fuerzas Armadas? ¿Podría mantener con recia mano la estabilidad en Venezuela necesaria para apoyar el proceso con las Farc? No lo sabemos. Por eso Capriles es una apuesta arriesgada. Más arriesgada que la apuesta Chávez.

Hay otros aspectos que se podrían considerar para definir la conveniencia para Colombia del resultado en Venezuela, donde sobresale el de las relaciones comerciales de los dos países, con todo lo que se puede desprender de allí, pero desde acá consideramos que en este caso, desafortunadamente, imperfectamente, lo urgente mata a lo importante.

Imágines tomadas de: http://diariodecaracas.com/pol%C3%ADtica/capriles-ch%C3%A1vez-caradurismo-mentir-sobre-farc y http://www.eluniversal.com/2011/05/13/iiss-the-farc-financed-chavez-before-1999.shtml