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martes, 6 de noviembre de 2012

Obama o Romney: ¿cuál es más conveniente para Colombia?

Investigación- Política exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo


Obama o Romney: ¿cuál es más conveniente para Colombia?

Hoy eligen presidente en los Estados Unidos. Ya hemos hablado sobre cuál, entre Obama y Romney, resulta más conveniente para el mundo y para los Estados Unidos. Hoy nos referimos a Colombia.

Los empresarios colombianos han manifestado claramente que no existen, para Colombia, grandes diferencias entre los dos candidatos. Una vez firmado, ratificado y puesto en marcha el TLC entre nuestros dos países, este proceso hace parte de la realidad institucional y no será posible detener el proceso. Los recursos provistos por Washington para el Plan Colombia vienen siendo reducidos incrementalmente desde los días finales de la administración de George Bush y Obama, como en muchos otros aspectos de política exterior, no ha hecho cosa distinta a continuar con los lineamientos expuestos por su antecesor.

En el corto y mediano plazo encontramos, pues, que entre los dos candidatos líderes no existen diferencias contundentes que afecten de una u otra manera a los intereses colombianos. Pueden existir gustos que nos hagan admirar más a uno que otro, pero utilizando el prisma frío del interés nacional, definitivamente podemos encontrar que no habrá grandes cambios o diferencias entre Obama y Romney para Colombia.

Esto nos puede llevar también a resaltar que esa inexistencia de diferencia de posiciones, surge debido a la irrelevancia natural que Colombia tiene para el país del norte. Hace cuatro años, fuimos nombrados en varias ocasiones por los candidatos, especialmente por quien resultó siendo el derrotado, el republicano John McCain. La verdad sea dicha, esa notoriedad no revirtió en resultados positivos. Si, incluso, McCain hubiese resultado electo presidente, apoyando al gobierno colombiano del momento en su búsqueda por la ratificación del ya mencionado TLC, en 2008 los demócratas no solo mantuvieron el control de las dos cámaras, sino que obtuvieron una supermayoría en el senado de 60 votos. La tramitación definitiva del TLC, seguramente, hubiera sido igual o incluso, más tortuosa de lo que en definitiva resultó ser.

Pero para este comentarista, en el largo plazo, y en la perspectiva estratégica sí existe un candidato más favorable, nuevamente, para el interés nacional colombiano. Este es Barack Obama.

En los Estados Unidos se celebran de cuando en cuando guerras por diversos asuntos sociales. El voto de las mujeres, los derechos civiles, la revolución sexual, el aborto, son algunos de estos eventos que durante el siglo XX, mal que bien, fueron resueltos favoreciendo lo que podríamos describir como posiciones progresistas.

Hoy estamos asistiendo a nuevas y renovadas guerras sociales. Los derechos de las uniones y matrimonios del mismo sexo, migración, el aborto nuevamente, y las drogas. Este último atañe las fibras más profundas y sensibles de la realidad colombiana, y por lo tanto, como no, de su interés nacional.

Hoy 6 de noviembre, además de elegir presidente y congreso en cada uno de los estados que conforman la Unión americana, se someten a votación centenares, sino millares, de iniciativas que afectarán la vida de los habitantes de esas jurisdicciones, incluso en una medida mayor que la propia elección del presidente y del congreso.

Varias de estas iniciativas, en Colorado, Michigan, Oregon, Washington y Massachusetts, buscan legalizar de una u otra forma el consumo de la marihuana, no para fines médicos, como ya está establecido en estos estados, sino para uso recreativo. La Proposición 19 de hace dos años en el estado de California buscó hacer lo mismo pero resultó derrotada por un considerable margen, a tal punto que los californianos decidieron no impulsar la iniciativa en su estado este año.

Ni el presidente Obama, ni el candidato republicano Romney, se han referido a este tema. Si lo hubieran hecho, habrían expresado que dichas iniciativas son inaceptables y que no pueden ir en contravía de la normatividad federal. Sin embargo, Obama ha mostrado que puede abrazar, no solo privadamente, posiciones progresistas en estas guerras sociales. Lo hizo a propósito del matrimonio entre personas del mismo sexo, acabó con el Don’t ask don’t tell, ha promovido jueces a la Corte Suprema que no tienen entre sus planes revertirRoe vs. Wade (la sentencia que permite el aborto en la Unión), ha impulsado iniciativas como el DREAM Act, y aunque ante la Proposición 19 se mostró esquivo, su zar contra las drogas es Gil Kerlikowske, quien como jefe de policía de la ciudad de Seattle se caracterizó por impulsar un enfoque menos represivo contra las drogas, dándole baja prioridad a la persecución de delitos por posesión, especialmente marihuana.

Kerlikowske ha liderado en su nueva oficina, durante la administración Obama, un enfoque que, por ejemplo, ha eliminado el uso oficial del término “guerra contra las drogas” del discurso público. Obviamente, este es un cambio meramente cosmético pero entrega claras luces de hacia dónde desearían dirigir sus esfuerzos si llegasen a contar con el espacio político necesario para realizarlos. Y esto es, mudar el tema de las drogas de la órbita de la seguridad nacional, donde ha estado desde 1971 cuando Richard Nixon declaró dicha guerra, a la de la salubridad pública.

Romney, por ser el candidato republicano, parece ir en contra de todas estas posiciones. Pero sus antecedentes como gobernador de Massachusetts y como candidato al senado por ese mismo Estado, lo muestran liberal en algunas de estas posiciones, como la del aborto. Pero no cabría duda, que de ganar la presidencia, Romney buscaría centrar la posición de su partido en otras temáticas más apremiantes para los propios Estados Unidos. No quiere decir esto que Obama automáticamente  aceleraría ambiciosamente estos procesos, como el de las drogas, pero si vamos al campo de las probabilidades, podríamos ver que estas son mayores con él que con Romney.

Como puede inferirse, esta favorabilidad de Obama es a largo aliento. Está en el campo estratégico. Y por supuesto, muy importante, el liderazgo colombiano, no exclusivamente del gobierno, sino de los empresarios, los formadores de opinión y la academia, deben apuntar hacia esa misma dirección. La guerra contra las drogas ha sido carísima en sangre, tesoro y prestigio para Colombia. Debemos impulsar el debate internacional para buscar la transformación del estado de cosas actuales para que se acomoden en mayor medida a los intereses propios. Obama, se encuentra más alineado en esa dirección. No por gustos, sino por realidades políticas y antecedentes evidenciados. 

lunes, 8 de octubre de 2012

Entre burros y elefantes: la importancia de la imagen



Columna de opinión
César Augusto Niño González

Entre burros y elefantes: la importancia de la imagen

El mundo tiene los ojos puestos en las elecciones de Estados Unidos. Los diarios más importantes han dedicado gran parte de sus portadas y ediciones dominicales al cubrimiento de la recta final de la campaña. Se trata no solo de la elección o reelección de un presidente más de ese país, sino, nos guste o no, del destino de la política mundial.

Para abordar y analizar los temas políticos y para hacer una juiciosa reflexión de los temas internacionales siempre se deben tener en cuenta también las cosas más simples. En este sentido, el primer debate entre Obama y Romney no se trataba solo de mostrar sus propuestas políticas, económicas y de seguridad ante la audiencia mundial y los propios electores, se trataba también de seducirlos con un buen tono de voz, seguridad en las palabras, un buen registro ante las cámaras y un adecuado lenguaje corporal. Se trataba de cautivar.

En ese aspecto, analistas políticos y expertos en imagen coinciden en que Romney arrasó. Obama lucía oxidado en el debate del pasado miércoles, se encontraba a la defensiva y no logró acorralar a su rival contra las cuerdas, mientras Romney, para muchos parecía presidenciable por su elocuencia que le alcanzó incluso para hacer uno que otro chiste. El ejercicio de los debates se ha institucionalizado en el colectivo estadounidense, y más allá de aclarar y despejar dudas sobre temas neurálgicos de la política doméstica y externa, es un mecanismo que busca despertar simpatías y cercanías, no únicamente ideológicas, entre el electorado y su posible presidente.

1960 se recuerda como un año clave en la historia de los debates públicos en ese país y es paradigmático cuando se analiza el tema de la imagen de los candidatos. En ese entonces, el republicano Richard Nixon era el favorito de la opinión pública antes de sentarse cara a cara con John F. Kennedy. Durante el debate, Nixon cautivó por la radio y la población lo veía como el gran vencedor. Sin embargo, las personas que se sentaron frente a la pantalla de su televisor fueron seducidas por la presencia y actitud corporal de Kennedy.  Según los analistas, en aquel momento tanto el burro (Kennedy) como el elefante (Nixon) abordaron los temas coyunturales de La Guerra Fría con el mismo profesionalismo y visión estadista, pero lo que impactó a los votantes fueron sus respectivas imágenes. Eso resultó determinante en la posterior elección de JFK.

Romney sabe muy bien que los errores del rival son una oportunidad que debe capitalizar. Ha replicado con aparente éxito, según indican las encuestas,  la experiencia del debate presidencial del 28 de octubre de 1980 entre Reagan y Carter, cuando el republicano se dirigió a su contrincante con esta pregunta: “¿Está usted en una mejor posición que hace cuatro años?”. Romney ahora la parafraseó haciendo hincapié en los asuntos económicos.

Aún quedan cinco semanas y dos debates. La democracia es una caja de sorpresas exquisita, por eso muchas veces puede ganar quien no tenga las mejores ideas y las más refinadas habilidades políticas. La democracia se soporta parcialmente en un juego de seducción. 


Imagen tomada de: http://mommytongue.com/tag/elephant-joke/
 

sábado, 6 de octubre de 2012

Después del debate


Investigación- Política exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo






obama romney debateDespués del debate

¿Qué sucedió el miércoles?

Cuando todo parecía estar liquidado, y que la campaña presidencial de los Estados Unidos se había convertido simplemente en el ritual de coronación del actual presidente de ese país, Barack Obama, hacia su segundo mandato, el primer debate entre este y el candidato republicano Mitt Romney, en la ciudad de Denver, ha terminado revitalizando la contienda y marcando el reinicio del enfrentamiento desde prácticamente ceros.


Las encuestas realizadas la misma noche del evento, dieron como claro y absoluto ganador al exgobernador de Massachusetts. CNN publicó que el 67% de sus encuestados, los cuales eran votantes registrados que observaron el debate, declararon como triunfador a Romney, mientras que solo el 25% hacía lo propio con el actual residente de la Casa Blanca. Por su parte, CBS informaba que votantes indecisos afirmaban en proporción de 2 a 1 que el candidato republicano había ganado el primer debate.


En el mes de septiembre, el periodista James Fallows escribió una gran pieza,
Slugfest, que después de este resultado se valoriza aún más, en la que señalaba que el fuerte de Mitt Romney no eran las presentaciones improvisadas ni la entrega de grandes discursos, pero sí los debates. Como contrapartida, Fallows también resaltó en su escrito para Atlantic Magazine que Obama se ha caracterizado por integrarse con facilidad con las multitudes y, por supuesto, por realizar excepcionales discursos, como aquel que entregó durante la convención demócrata de 2004 en Boston, el mismo que lo lanzaría como figura de primera línea de su partido y eventualmente a la presidencia, pero los debates siempre se habían convertido en una de sus graves falencias.

En el libro de David Plouffe, quien manejó la campaña de Obama en 2008, titulado The Audacity to Win, el autor confiesa desde las primeras páginas esta falencia de Obama y la explica esencialmente debido a que el ahora presidente, al ser una persona analítica, le es difícil concebir que se puede dar un trato serio a los complejos temas que debe afrontar un presidente, en píldoras de 30 o 60 segundos. Sin duda, esta es una respuesta lógica, pero simplemente no viene al caso porque las reglas del juego político democrático en Estados Unidos, conciben a los debates como una de las piezas de dicho juego.


Lo anterior es sumamente llamativo. Considerando que la campaña de Obama en 2008 puede ser señalada, con gran seguridad, de ser la mejor llevada en toda la historia de los Estados Unidos, en 2012 debería haberse esperado que los demócratas y su candidato se hubieran preparado como nunca para estos debates. El hecho de que Romney era sobresaliente a la hora de participar en este tipo de eventos, era más que conocido, quizás no por la opinión pública en general, pero sí por aquellos que se mueven y viven de estas actividades electorales.


Cuando se escriben estos análisis al calor de los acontecimientos, se corre el gran riesgo de magnificar o minimizar desproporcionadamente los eventos que se estudian. Pero vale la pena arriesgarse y afirmar que la noche del miércoles fue un éxito sustancial para Romney y que se le dio el escenario que tanto estaba esperando para volver a retomar momentum durante la campaña. Por supuesto, aunque queda ya tan solo un mes y un par de días para el día de las elecciones, este periodo es extenso. Quedan dos debates más entre los candidatos presidenciales, uno en formato de una especie de junta local, Town meeting, y otro sobre política exterior, así como el debate entre los dos vicepresidentes, que como sus mismos roles, es muy posible que no sea definitivo para la decisión de los votantes, pero si pueden producir titulares y frases e ideas para martillar durante lo que resta de campaña.


Debido a lo ya ocurrido, ese segundo debate, el del formato de junta local, será definitivo. Primero, porque el de anoche rebarajó la campaña y le ha dado alas a Romney, y segundo, porque al ser uno en el cual el público estará más involucrado, haciendo preguntas y participando, Obama podrá lucir suelto y afable como lo hace casi siempre, y Romney tendrá que cuidarse de no verse sorprendido, que es cuando suele lanzar comentarios o respuestas fuera de tono, como aquel de “te apuesto 10 mil dólares…”.


Quizás lo más destacable del miércoles, en términos estratégicos, fue que Romney se pudo mover al centro que es de donde él proviene. El candidato republicano fue supremamente hábil separándose, precisamente, de ese partido republicano del que ha sido cautivo durante este último año y medio, el cual, al mismo tiempo, ha sido cautivo de ese movimiento conocido como el Tea Party, al recordar su trabajo cercano con los demócratas durante su paso por la gobernación de Massachusetts. Lo anterior lo logró presentar sin llegar alienar su base. Romney se mostró como alguien que es capaz de llegar a compromisos con los demócratas y que no busca derruir programas como el Medicare y el Medicaid.


¿Por qué se dio el resultado del miércoles?


Algo interesante sobre estas diferencias de cómo se manejan en los debates Romney y Obama, es en el detalle que cada uno dedica en abordar los problemas que deberán enfrentar en ellos. Volviendo al libro de Plouffe, encontramos que algo que podía irritar severamente a Obama en 2008 era no contar con una buena cantidad de tiempo para ser destinada a la construcción de documentos y propuestas de política pública. Por su parte, partiendo de comentarios recolectados en la pieza de Fallows, podemos ver cómo Romney en sus presentaciones difícilmente pasa de frases poderosas y efectivas. En las oportunidades en las que Romney falla, usualmente lo que ocurre es que no posee claridad profunda sobre los temas. No por ello se concluye automáticamente que Obama es superior a Romney y por lo tanto es la opción adecuada. A lo largo de la historia podemos encontrar presidentes estudiosos y expertos, así como otros que no eran tan aplicados, y de un lado como del otro hallamos ejemplos exitosos como otros no tan certeros y eficaces.


La clave para que Obama derrote a Romney en los siguientes debates, yace en encontrar la forma de llevarlo a la espontaneidad o a un campo de política pública que no haya preparado a profundidad.


En
The Fix, del The Washington Post, enumeran seis razones por las que ellos consideran se dio el triunfo de Romney. Varias de ellas nos traen a colación una de las razones que los expertos indican como explicación del porqué quienes ocupan la Oficina Oval pierden con mayor frecuencia los primeros debates, y es que estos no se preparan para estos eventos. No porque los desprecien per se, ni porque sufran de un repentino ataque de indisciplina. Por el contrario, esto sucede porque debatir no hace parte de las funciones del presidente. Fallows lo señala claramente.

Los presidentes deben encargarse de complejos problemas de política pública, atender crisis de inmediato y cuando atienden a la opinión pública, no es a través del debate, sino de los discursos y las conferencias de prensa, y estos de ninguna manera cuentan con límites de tiempo o reglas de juego.


¿Quiere Obama perder?

Volviendo de nuevo a Plouffe, encontramos que este describe a Obama como un político que busca, casi de manera desesperada, no usar los instrumentos y las estrategias típicas de la política tradicional. Existe en él, según Plouffe, un verdadero deseo por llevar a cabo una política que evite las simples frases de cajón y los golpes bajos y las desea cambiar por debates e ideas profundas y complejas, como los asuntos y la realidad que un mandatario debe enfrentar. The Fix señala acertadamente que el miércoles Obama no explotó lo que en inglés se denomina “talking points”, frases que se deben repetir hasta la saciedad y que llevan un mensaje sencillo y contundente para los votantes. Obama no explotó el salvataje a la industria automotriz que tanto lo ayuda en las encuestas en estados tan claves como Ohio, y el haber dado de baja a Osama Bin Laden, y más llamativo aún, no explotó los de Romney, que girarían alrededor de Bain Capital y sus observaciones sobre el “47%”.


Es como si Obama estuviera dispuesto a sacrificar sus chances de continuar en la presidencia por mantener estos ideales tan elevados. ¿Será esta una jugada práctica? ¿Verdaderamente valdrá la pena ese sacrificio?


Es como si Obama no quisiera ganar. Quizás dramatizamos acá, pero esta presentación debe preocupar seriamente al presidente, a su staff y a sus seguidores.


¿Qué esperar de los siguientes debates?
Romney intentará no ser capturado por su falta de espontaneidad, especialmente en el Town Meeting, y continuar con su buen desempeño al neutralizar posibles ataques a través de preparar y preparar estas presentaciones y evitando ser tomado por sorpresa. Por su parte el presidente deberá hacer de tripas corazón e ir a la guerra. Él puede considerar la política como un ejercicio sofisticado y refinado, pero al mismo tiempo también consiste en guerra pura. Y si una de las claves para derrotar a su contendor es arrinconarlo hasta llevarlo a sentirse fuera de su zona de confort, esto solo lo logrará a empujones (talking points) y no por medio de sutilezas y buenos modales. Obama debe mostrar lo que Romney mostró de sobra el miércoles, y es que desea, hasta el último suspiro de su existencia, triunfar en esta carrera presidencial.


¡Ah!, y no olvidemos que en la lógica de los debates, las expectativas son fundamentales para evaluar el desempeño de un candidato. Al haberlo hecho tan mal el actual presidente, quizás se haya hecho un favor. Una parte considerable del electorado esperará mucho de Romney y poco de Obama, por lo que el primero tendrá que actuar de manera casi perfecta y el segundo, con realizar una presentación un poco más que mediocre, podrá obtener considerables halagos.




Imagen tomada de: http://www.guardian.co.uk/world/2012/oct/04/obama-romney-debate-decoder

jueves, 27 de septiembre de 2012

Obama o Romney: ¿cuál es más conveniente para Estados Unidos? (II)

Investigación- Política exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo



Obama o Romney: ¿cuál es más conveniente para Estados Unidos? (II)

En una columna en el diario pereirano de La Tarde, titulada Estados Unidos 2012, la Fundación Kíos trataba de señalar uno de los aspectos más significativos atenientes a la figura del presidente de los Estados Unidos, y es que a pesar de ser el cargo oficial más poderoso que ha existido sobre la faz de La Tierra, no deja de ser uno con alcances e influencias reales impresionantemente cortas, debido a la forma como fue diseñado el edificio institucional norteamericano y a que, como cualquier otro mortal o institución, son los eventos, especialmente los internacionales, los que moldean la realidad, y no al contrario, como muchos desean o creen. 

Esta consideración es vital para realizar un análisis frío y objetivo de las consecuencias al interior de los propios Estados Unidos de la elección de su presidente en este ciclo electoral de 2012. Obama o Romney: ¿cuál es más favorable para la nación estadounidense?

Existe un argumento constante entre aquellos que consideran a Romney, el candidato republicano, no como una opción simplemente menos buena que el presidente actual Obama, sino como la personificación del mal, y es que si el exgobernador de Massachusetts llega a la Casa Blanca dará paso a una horda de capitalistas desalmados, el ya famoso uno por ciento, que desmontará el estado de bienestar, palabra casi impronunciable en ese país incluso dentro de círculos demócratas, dejando en el aire a las personas menos favorecidas dentro del sistema actual de las cosas.

Por supuesto que, sin tener a la mano, desafortunadamente, una bola de cristal mágica que permita avizorar claramente el futuro, se puede hacer uso de la historia presidencial norteamericana y de los antecedentes del propio Romney, para vislumbrar que dicha tragedia o serie de eventos no se van a dar, por lo menos no en las alarmantes o exageradas (usted escoge el adjetivo, apreciado lector) dimensiones que los enemigos de Romney anuncian.

Tomemos el caso de Barack Obama. Hace cuatro años algunos analistas, entre los que se encontraba este mismo servidor, consideraban que el entonces senador junior de Illinois, se configuraba, mucha atención, en una seria amenaza para la estabilidad y éxito de la política exterior de Washington, debido a su inexistente récord en esa crítica materia y a sus manifestaciones durante la campaña. Su discurso en exceso internacionalista y transformador anunciaba lo que podríamos denominar un progresismo global, que resultaba irresponsable porque llevaría a que los Estados Unidos abandonaran precipitadamente sus compromisos en la arena internacional.

Es claro, y ya lo era también en esa época, que muchos de esos compromisos eran costosos, algunos reñían o violaban la legalidad, otros más eran a todas luces ilegítimos, pero lo más sustancial es que existían compromisos innecesarios y por lo tanto peligrosos para la seguridad de los Estados Unidos. No obstante esta realidad, resultaba claramente irresponsable que por satisfacer una audiencia sedienta de populismo y facilismo, se anunciasen dichos abandonos, que provocarían consecuencias incluso más peligrosas, quizás no para la paz mental de muchos liberales, pero sí, efectivamente, para la estabilidad nacional y mundial. ¿A qué eventos nos referimos? Podemos escoger muchos, pero sin duda los más destacados, dispendiosos e innecesarios, se encontraban estrechamente relacionados con la Guerra Global Contra el Terror -GGCT- y las intervenciones en Afganistán y especialmente en Irak.

¿Qué sucedió después del 20 de enero de 2009 cuando Obama se posesionó como el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos? Pues que el nuevo presidente comenzó, más temprano que tarde a sorprender a propios y extraños. Primero mantuvo como secretario de defensa a Robert Gates, lo cual constituía no solo una señal sino una realidad incuestionable, de que por lo menos una buena parte de la política de defensa, por no decir de exteriores también, desarrollada por George W. Bush, iba a continuar. Con el paso de los meses encontramos que el presidente cumplió con la retirada de las tropas de Irak, compromiso fijado por GWB en 2008, escaló con 30 mil hombres más el conflicto en Afganistán y continuó e intensificó notablemente la GGCT, que en su presidencia dejó de ser nominada así. Y eso, el cambio de lenguaje, es lo que encontramos como verdadera transformación de la presidencia de Obama con respecto a la de los últimos tres años de W. Bush.

¿Por qué Obama no cumplió sus compromisos? ¿Nunca tuvo la intención de cumplirlos? ¿Al antes humilde organizador social de Chicago le corrompió el poder y se pasó al bando de “los malos”? ¿Se olvidó? ¿Se confundió? Con gran seguridad podemos responder que la respuesta es la opción secreta: ninguna de las anteriores. Como lo anunciábamos en la introducción, incluso el presidente estadounidense, el hombre con la oficina más poderosa sobre la tierra, está severamente limitado, y muchas veces, no tan pocas como el propio presidente lo quisiera, está cautivo, sin escapatoria, de los acontecimientos.

Esto no es exclusivo de Barack Obama. De hecho, entendiendo que será la historia, en por lo menos dos décadas, la que comenzará a esclarecer un juicio más o menos justo sobre su administración, hasta el día de hoy a este comentarista le ha resultado la política exterior de Obama como una muy avezada y acertada. Precisamente, porque se ha aproximado a reconocer ese carácter limitado de su poder. No solo por las realidades económicas de su época, sino también, y por ello en su política se encuentra más virtud, porque parece comprender que hay fuerzas incontrolables y hasta indescifrables, que dictan buena parte del curso de los acontecimientos.

Pero decíamos que esta contrariedad, la del carácter limitado y cautivo de los presidentes, no es cosa exclusiva del actual mandatario norteamericano. El penúltimo ejemplo es el del propio GWB. Del 20 de enero del 2001 al 11 de septiembre de ese mismo año, desarrolló una política que podría ser descrita como “humilde”, como el mismo la llamaría durante su campaña. Unilateral, desconfiada de aliados como Francia y Alemania, pero sin interés de involucrarse excesivamente en el globo, allende los mares, como lo había hecho ese “intervencionista” de Clinton (Somalia, Haití, los Balcanes en general y Kosovo puntualmente). A partir del fatídico 11S, encontramos una política intervencionista e idealista en extremo (la democracia y libertad, valores occidentales, como ethos de su concepción internacional). La humildad quedó sepultada en las ruinas de la Zona Cero en el sur de Manhattan. Pero esta política no llegó hasta el 20 de enero de 2009 como muchos erróneamente consideran. Acá quizás no hay una fecha exacta, pero es necesario buscarla, y quizás la podemos encontrar en el lapso de tiempo que va desde agosto de 2005, durante la tragedia de Katrina en New Orleans y la salida de Donald Rumsfeld como Jefe del Pentágono, en diciembre del 2006, después de las desastrosas elecciones de mitaca para los republicanos. Durante esos 16 meses, y hasta su salida de la Casa Blanca, Bush se tornó al internacionalismo, a la colaboración, a la autorestricción en temas internacionales. Pero no lo hizo porque un día se levantó arrepentido o porque tuvo una epifanía, sino porque los eventos lo llevaron hacia esas posiciones, tal como los eventos del 11S, junto a otras muchas condiciones que no vienen al caso acá exponer, lo llevaron a tomar las decisiones que hoy conocemos.

Y así, ejemplos como el de Bush, y el de Obama, encontramos por montones y en todos los campos en los cuales los presidentes norteamericanos deben intervenir.

Señalado lo anterior, ¿cómo lo volcamos a nuestro presente?

Mitt Romney, mencionábamos arriba, fue gobernador de Massachusetts, lo cual no es poca cosa para un republicano, porque este estado es uno de los más liberales y progresistas de la Unión Americana. Esto hizo que Romney, mientras fue gobernador allí, tuvo que trabajar en estrecha colaboración con los demócratas, abrumadora mayoría en el senado y la cámara estatales. Y de hecho, y es hacia dónde va la conclusión de esta entrada, ese antecedente se convirtió en un duro karma a soportar por el ahora candidato del partido republicano, precisamente durante la competencia por dicha candidatura.

Hoy la gran pregunta no debe apuntar hacia la Oficina Oval. Debe dirigirse hacia el Congreso. Y esto porque ambos partidos, pero especialmente el republicano, se han convertido en unas instituciones incapaces de hacer lo que ha caracterizado por siempre al pueblo norteamericano, que es acordar compromisos, es decir, ser pragmáticos. Ser pragmático significa anteponer intereses e incluso algunos valores, para poder sacar adelante un acuerdo. Demócratas y republicanos, en la Casa Blanca y en el Congreso, siempre habían entendido esto, pero en los últimos años han tirado al trasto de la basura esta filosofía y se han casado con posiciones dogmáticas. Los inamovibles, especialmente del minoritario pero poderosísimo Tea Party, representado en sujetos como Grover Norquist, a quien me voy a permitir llamar el zar del “no a los impuestos”, o incluso, para gusto de los lectores de avanzada acá en Colombia, el José Obdulio Gaviria del partido republicano en Washington, han permitido que el proceso político de ese país sea una gigantesca, atrofiante e interminable parálisis.

Así las cosas, encontramos que Romney, quien por supuesto tiene notables diferencias con el actual presidente, termina siendo no tan distinto a este, por lo menos desde un punto de vista estratégico. Y de hecho tampoco lo es a Bush, hijo. Debe tenerse en cuenta que el primer salvataje a la banca, no lo hizo Obama, sino Bush y su ultra neoclásico secretario del Tesoro, Henry Paulson. ¿Por qué lo hicieron? Porque la realidad estaba allí, ya no pisando los talones, sino empujando sobre toda la humanidad de los Estados Unidos, y quizás del mundo, un descalabrado e inmenso edifico financiero.

Cerrando: el exsecretario de estado Henry Kissinger ha manifestado en más de una oportunidad que los políticos norteamericanos tienden a decir cualquier cosa cuando se encuentran seduciendo al electorado, pero si logran el objetivo de ser elegidos, se arropan con lo que podría ser descrito como un sentido de responsabilidad y sensatez, y esto le ocurre en mayor medida a los que obtienen el puesto de jefes del Ejecutivo. Así como Obama hace cuatro años “moderó” sus posiciones liberales en lo referente a los temas internacionales, un Romney en la presidencia, “moderaría” en la Casa Blanca su actual agenda conservadora, que más que suya, es la de su partido controlado en buena medida por el muy conservador Tea Party. ¿Quién le conviene más a EUA? Las diferencias entre los dos son imperceptibles (estratégicamente hablando). Puede haber cambios de tono y de discurso que pueden provocar cambios, pero estos siempre serán incrementales. Ni Obama va a europeizar a los Estados Unidos, ni va a imponer el socialismo, como algunos, no pocos, sinceramente lo creen, ni Romney va a acabar con la seguridad social y va a invadir cualquier nación que lo contradiga. Esas son caricaturas, burdas, alejadas a años luz, de las posiciones e iniciativas reales de estos dos, y me permito el juicio de valor, buenos/aceptables candidatos.

Hoy, parte del quid está en el Congreso y en el partido republicano que pareciera se está tornando, peligrosamente, en uno cada vez más blanco, más religioso, más avaricioso: más dogmático, tal como lo presentaban en su libro de 2004, John Micklethwait y Adrian Wooldridge, The Right Nation. ¿Entonces en definitiva son mejores los demócratas? No tan rápido. En el fondo el problema es uno de ausencia crítica de liderazgo, al mismo tiempo audaz y cerebral, en todo Washington y en muchas otras capitales y centros de poder del mundo, como bien lo señalaba el pasado domingo Thomas Friedman en el New York Times.

Y ese es el asunto neurálgico. Obama o Romney. Demócratas o republicanos: ¿qué debe suceder para que surjan nuevamente los liderazgos pragmáticos y pongan a funcionar nuevamente a Washington? Friedman apunta algo interesantísimo: o en esa ciudad se mueven, o ni el mercado ni la madre naturaleza van a soportar una década más de parálisis dogmática. ¿Dónde estará la bola mágica de cristal?

Imagen tomada de: http://www.allvoices.com/contributed-news/12955133-president-obama-had-a-filibusterproof-majority-for-72-days

viernes, 14 de septiembre de 2012

Obama o Romney: ¿cuál es más conveniente para el mundo? (I)

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Investigación- Política exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo

Obama o Romney: ¿cuál es más conveniente para el mundo? (I)

Una encuesta del Washington Post/ABC News, realizada antes de los acontecimientos en Egipto, Libia y Yemen en contra de las sedes y cuerpos diplomáticos de los Estados Unidos en esos países, indica que el 51% de los americanos confía más en Obama a la hora de manejar los asuntos internacionales de su país, mientras que solo un 38% hace lo mismo con Romney. Este resultado es muy diciente porque en 2008, el discurso internacionalista, transformativo y de esperanza del entonces candidato demócrata, conducía a pensar que debido a una combinación de excesivo idealismo bien intencionado e ingenuidad, Obama llevaría a su país a un estado de grave debilidad internacional, que convertiría el tema de exteriores en su flanco más débil durante el debate electoral de 2012.

El anterior no es el panorama de la encuesta señalada, debido a que la realidad, esa tiránica y asechadora musa que muchos aspiran someter pero que casi siempre termina subyugando a sus cazadores, fue aceptada por el presidente demócrata, llevándolo a dejar muchas de sus promesas a un lado, debido a que sencillamente eran eso: promesas de campaña que estaban fuera de foco con respecto a la realidad. El ejemplo más vistoso, mas no el único, sería el frustrado cierre del centro de detención en Guantánamo, Cuba.

En la misma línea se encuentra el enfrentamiento con los grupos radicales islámicos desde Pakistán hasta Libia, pasando por el Cuerno de África y la Península Arábiga, en donde las fuerzas militares y la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos, han forjado un conflicto, que hace palidecer, lo realizado por la administración de George W. Bush. La utilización de últimas tecnologías, especialmente los ya famosos drones, y la manipulación y hasta presunta violación de las leyes nacionales e internacionales, permitieron implementar una guerra sin cuartel contra las redes terroristas radicales islámicas y asestarles los más duros y contundentes golpes, entre los que sobresale la operación Gerónimo que dio de baja a Osama Bin Laden.

Adicionalmente, encontramos que el candidato de la esperanza, pronto se convertiría en el frío calculador de los asuntos internacionales, cuando por ejemplo, no se dejaría tentar a intervenir rápidamente, y sin toda la planificación necesaria, en lugares como la Libia de Gadafi o la Siria actual. Su reticencia a enfrentar a China, Rusia e Irán de una manera retadora, tal como lo exigen sobresalientes figuras del partido republicano, como John McCain y Mitt Romney, los dos últimos candidatos presidenciales de esa colectividad, lo han hecho asemejarse a una de las grandes figuras del partido del elefante, Dwight D. Eisenhower, quien tenía por principio rector en asuntos de política exterior, evitar todo tipo de involucramiento en conflictos innecesarios. Los casos Libia, Siria, China, Rusia e Irán, son testigos de la búsqueda del actual presidente por emular a su señalado predecesor por medio del pragmatismo. 

Debido a este curso pragmático, se concluiría que la continuidad del actual inquilino de la Casa Blanca, sería la opción más conveniente para el mundo. Su afán por hacer coincidir los verdaderos alcances del poder americano con las acciones realizadas por éste, lo llevaron a ser precavido y a no extralimitarse. 

Pero mientras escribía estas conclusiones, sucedieron los disturbios del pasado martes y han hecho aflorar serias dudas sobre el enfoque del mandatario norteamericano. No solo sobre la sabiduría existente en adoptar políticas que buscan reducir el intervencionismo y liderazgo norteamericanos en los eventos internacionales, es decir, en adoptar el pragmatismo por encima del excepcionalismo americano, que es el discurso republicano, sino también, dudas acerca de cuán realista fue verdaderamente Obama, específicamente en los acontecimientos que fueron denominados como la Primavera Árabe, durante la cual, concretamente, retiró el apoyo estadounidense al presidente egipcio, Hosni Mubarack, dando vía libre al ascenso al poder de movimientos islámicos con marcadas y reconocidas posiciones antinorteamericanas.     

Es posible que estos sucesos, los de esta semana, no cambien, desde el punto de vista estratégico, la conveniencia para el mundo de que continúe Obama en el poder, pero tal vez sí modifiquen las opiniones del electorado y por lo tanto, los acontecimientos recientes, hoy cuentan con la potencialidad de convertirse en el “Lehman Brothers” de las elección de 2012. Es decir, en el evento definitivo que marca una nueva dirección de los acontecimientos. Un gamechanger.

Imagen tomada de: http://articles.businessinsider.com/2012-02-12/politics/31051533_1_romney-talks-mitt-romney-trade-war