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lunes, 10 de diciembre de 2012

Un cacerolazo a las encuestas


Columna de opinión
Santiago Gómez

Un cacerolazo a las encuestas

La coyuntura política actual, compleja por el desarrollo de las negociaciones para dar fin al conflicto armado y por el posible efecto derivado del fallo de la CIJ, se podría ver modificada por la percepción cada vez menos positiva que sobre la dinámica del ejercicio de lo público dicen tener los colombianos.

Las dudas generadas por el hermetismo oficial de los voceros gubernamentales en Cuba han provocado, junto con el fallo de la CIJ, que hoy un 20% de colombianos que respaldaban el proceso hayan dejado de hacerlo.

El hermetismo de los voceros gubernamentales contrasta con las aireadas manifestaciones públicas de los guerrilleros que demuestran, en última instancia, que sus principales intereses siguen siendo lograr una mayor exposición mediática que los legitime internacionalmente y contar con más tiempo para recuperar su aparato militar.

Santos y su equipo no pueden caer en esa trampa nuevamente. Esas fueron las principales armas de Reyes, Cano y Jojoy en el Caguán. La inminente caída de los indicadores de aprobación, apoyo y credibilidad en las negociaciones en La Habana, combinada con el pesimismo nacionalista que generó el equivocado fallo en La Haya, no pueden desvirtuar la seria estrategia de aproximación  gubernamental a la finalización del conflicto armado.

El cierre de micrófonos evita darle una interlocución inconveniente a las Farc y elimina intromisiones innecesarias en el proceso de negociación. Las políticas de Estado que correspondan al más alto de los intereses como la búsqueda de la paz, no pueden modificarse por el ánimo de la opinión pública. La única forma verdaderamente democrática de amoldar las actuaciones de los gobernantes a los intereses de los gobernados debe seguir siendo el ejercicio cualificado del voto. Un país que no vota pero que, a posteriori, sí responde encuestas con entusiasmo no puede, de la nada, exigir escenarios de vinculación masiva en procesos que requieren de un hermetismo estratégico. La verdadera participación ciudadana debe darse en las urnas, no a través de Napoleón Franco. Ahora es un poco tarde, pero sobre todo irresponsable exigir que todos nos debemos sentar a hablar en La Habana.

Imagen tomada de: http://www.juventudrebelde.co.cu/international/2012-11-20/colombia-s-farc-decrees-cease-fire-for-peace-talks/

Publicado en Vanguardia Liberal de Bucaramanga, el 7 de diciembre de 2012, en: http://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/santiago-gomez/186501-un-cacerolazo-a-las-encuestas

jueves, 18 de octubre de 2012

Verificaciones varias sobre la paz (II)


Columna de opinión
Gnothi Seauton

Verificaciones varias sobre la paz (II)

Hacia las tres de la tarde, hora de Oslo, Noruega, ocho de la mañana, hora de Colombia, inició una rueda de prensa entre los representantes del gobierno colombiano y de las Farc, para dar inicio oficial a las negociaciones que tienen por meta dar fin al Conflicto Armado Interno, CAI, que viene aquejando a Colombia desde hace aproximadamente medio siglo.

Esta es la segunda entrega de esta serie (acá el link a la primera) y seguramente no la última, puesto que es nuestro objetivo que con el paso del tiempo entremos a esclarecer con estos análisis los acontecimientos que se vayan ocurriendo en el proceso de paz que hoy inicia el gobierno de Santos.

¿Por qué estas negociaciones tienen su inicio en Oslo, Noruega?

Por razones prácticas, estratégicas y mundanas. Con cinco millones de habitantes y poseedor de inmensas riquezas fósiles y pesqueras que le permiten contar con el asombroso ingreso per cápita de US$96.940 (el de su vecina Suecia es de US$60.130 y el de Colombia es de US$7.650), según The World in 2012 del semanario inglés The Economist; sede del Comité Nobel del Parlamento Noruego, responsable de entregar el Premio Nobel de Paz y con una larga y respetable tradición de colaboración en la resolución pacífica de conflictos en lugares como Sri Lanka, Burma, los Balcanes, Guatemala, Eritrea y el Medio Oriente, así como en cooperación internacional, Noruega reúne suficientes elementos para convertirse en un tercero facilitador práctico de las negociaciones entre gobierno y las Farc.

Los alcances estratégicos que tenga Noruega en la negociación para cada una de las partes se desprenderán de la habilidad de estas. El Estado colombiano buscará por medio de Oslo, apoyo político en instituciones tan críticas a Colombia como el Euro-Parlamento y las mismas sociedades europeas que normalmente observan con recelo a la institucionalidad colombiana, mientras que por diversas razones, encuentran atractivos a los movimientos de “liberación nacional”, como pueden ser equivocadamente consideradas las Farc. Adicionalmente, el gobierno colombiano buscaría que Oslo se convirtiera en uno de los lobistas de cabecera de Colombia para obtener ingentes recursos de cooperación internacional para atender programas dentro en un escenario de posconflicto.

Por su parte, las Farc buscarán recobrar en los círculos de poder y, sobre todo, de opinión en el viejo continente, la relevancia y respetabilidad que pudieron llegar a tener hasta los años del Caguán. Esto es vital para ellos, bien sea en un escenario de posconflicto, o bien en uno en el que las negociaciones no lleguen a un arreglo y el CAI continúe. Imponer ideas y mensajes como “movimiento de resistencia” y “actor beligerante”, siempre será un activo valioso para este grupo armado ilegal.

Lo mundano se puede encontrar en la búsqueda escondida, seguramente de las dos partes, del reconocimiento internacional e “histórico”, gracias a una posible obtención del Premio Nobel de Paz. Sin embargo, dicho reconocimiento puede convertirse, dadas algunas circunstancias, en un elemento, no solo práctico, sino también estratégico para la consolidación de los acuerdos entre las partes. En algunas teorías y casos de este tipo de negociaciones, a veces se encuentra que la existencia de un tercero fuerte y poderoso resulta valiosísima para la consolidación y sostenimiento de los arreglos. Normalmente, en el caso colombiano, este rol es indilgado a países como los Estados Unidos o incluso Venezuela o a organizaciones como la ONU. Pero podríamos aventurarnos a afirmar que un galardón de esta categoría podría hacer las veces de un tercero fuerte y poderoso. Una vez el laurel se encontrase en las vitrinas, resultaría excesivamente costoso, en términos de prestigio, confianza y apoyo para cualquiera de las dos partes, incumplir lo que se haya pactado.  

¿El rol de los periodistas debe ser y será neutral? ¿Favorecerá a alguno de los bandos?

Depende exclusivamente de cada uno de los medios. Colombia es una democracia. Limitada e  imperfecta, pero al tiempo que ha existido en el país el CAI, esas instituciones democráticas han ido creciendo y madurando poco a poco. Una de las características de esta democracia es la libertad de la prensa y como la gran mayoría de los periodistas y los medios lo han indicado, hablando de este tema, o por ejemplo, de aquellos relacionados con las reservas legales durante los juicios, como puede observarse claramente en este contundente editorial de El Espectador, el deber de los medios es informar y punto.

Yendo al editorial en cuestión, vemos que los medios y el ordenamiento jurídico colombiano, que es democrático en esencia, conciben de manera fervorosa que cualquier información que llegue a las manos de los periodistas, sea “por voluntad o por descuido” de quienes tengan la información, terminará siendo publicada o no, total o parcialmente, por decisión exclusiva y legal de los propios periodistas. Esa es su razón de ser y su deber.

Por lo tanto, conociendo a las partes, y no siendo ingenuos, entendemos que van a usar la información como una herramienta, como un arma para mejorar sus posiciones negociadoras. Sea por medio de la filtración soterrada, la filtración abierta, o el detenimiento completo del flujo de la información.

Los flashes informativos, los cubrimientos especiales, las entrevistas exclusivas, los accesos a documentos secretos y los chismes que vamos a encontrar en estos meses deben ser entendidos siempre como parte de la negociación. No son ejercicios inocentes. Podría decirse que se debe aplicar ese aforismo que dice “piensa mal y acertarás”, y así lo debe entender la opinión pública, como también, debe decirse, desafortunadamente, los mismos formadores de esta así como los dirigentes políticos, económicos y militares. La información es poder y, en ese sentido, un arma más.

Recalcando el carácter democrático del Estado colombiano, valdría afirmar los medios sí deberían escoger un bando, y este debería ser el de la legalidad, sin que esto signifique un arrodillamiento o un pliegue descarado y grosero a todas las posiciones e informaciones oficiales. Quizás ya sea muy tarde para adelantar esta discusión, pero vale la pena dejar esta constancia en el récord.       

Y la pregunta del millón: ¿cuál es el precio que está dispuesta a pagar la sociedad colombiana para dar término al CAI y a la existencia de la marca Farc? ¿Cómo establecer ese precio?

Esa es su decisión y responsabilidad, señ@r lect@r. En el programa de la noche del miércoles 17 de octubre de Caracol Televisión, 7/24, dirigido por Luis Carlos Vélez, Felipe Zuleta afirmaba con su acostumbrado desparpajo, que lo que buscaban las Farc, y con ella se refería a la dirigencia y a algunos mandos medios, “los treinta que están en Oslo y Timochenko”, era blanquear sus capitales y su situación jurídica porque, sencillamente, “están mamaos”. Mientras tanto, quién lo acompañaba como panelista invitado, Alberto Bernal, investigador y columnista, argüía que él no veía un resultado distinto a una Constituyente en donde tuvieran lugar las Farc y con ello buscaran realizar severos cambios a las instituciones existentes, a lo que Zuleta replicaba que eso no podía ser así porque las Farc, según el comentarista de Blue Radio, un personaje como Timochenko, no tenía “más de siete mil votos”.

Kíos y Gnothi Seauton han manifestado hasta la saciedad en diversos comentarios (Las santas Farc… y A poner las Farc en su sitio, por dar solo dos ejemplos), que considerar a este grupo armado ilegal como “el” problema colombiano no es más que un craso error que evidencia un serio desconocimiento de las realidades nacional y global. Si se entiende esto, si se interioriza esta realidad, se le podrá dar el trato que las Farc se merecen, o por lo menos el que sea más práctico y conveniente, no para esa organización, hoy todavía señalada como terrorista, sino para la legalidad y la institucionalidad colombianas.   

A informarse y decidir.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Elecciones en Venezuela: ¿cuál es el escenario más conveniente para Colombia?


Investigación- Política de exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo


Elecciones en Venezuela: ¿cuál es el escenario más conveniente para Colombia?

Algo se ha escrito sobre las repercusiones que tendrán las elecciones presidenciales a celebrase en Venezuela este próximo 7 de octubre. Algunos se han enfocado hacia la lucha ideológica y maniquea que existe entre los dos candidatos más importantes y las consecuencias que para el futuro de la misma Venezuela, de la región y hasta del mundo, tendrá el resultado. Desde esta columna deseamos enfocarnos, usando el sombrío prisma del interés nacional, en cuál es el resultado más conveniente, o quizás, cuál es el que representa menos riesgos e inestabilidad para la nación colombiana y el Estado que la representa.

Por supuesto, deben ponerse en contexto, como elemento principal, las negociaciones que se adelantan entre Bogotá y las Farc, las cuales entrarán en la fase decisiva al siguiente día de la realización de los comicios electorales en Venezuela. Lo anterior porque el gobierno actual de Caracas ha tenido un rol central en el desarrollo de las mismas.

Entre los críticos de ese embrión de acuerdo con las FARC para la terminación del Conflicto Armado Interno colombiano (mal llamado proceso de paz), resalta el hecho de que la posición del gobierno de Chávez ha sido claramente contraria a los intereses colombianos y altamente favorable a los de las Farc, al proveer refugio a sus tropas y a sus líderes, entregándoles una valiosa retaguardia estratégica militar y política. Los maldicientes de la nueva negociación arguyen que la situación en Venezuela debe cambiar dramáticamente hacia una en la que los líderes y militantes de esa organización criminal y/o guerrillera sean perseguidos con la estrecha colaboración de las autoridades colombianas.

Por supuesto, ese es el escenario ideal. Pero debemos recordar siempre que normalmente lo ideal se encuentra considerablemente alejado de lo real. Debemos acordar que sólo hasta 2002 el Estado colombiano se embarcó en un proceso serísimo de persecución de ese grupo armado ilegal. Antes del Cagüán, antes de Tlaxcala y Caracas y antes de los acuerdos de La Uribe, la debilidad y el desinterés (¿complacencia?) de la dirigencia colombiana era tal, que la situación actual podría llegar a ser descrita como una similar a la que hoy tenemos en Venezuela con respecto a las Farc.

Cuando en 2002 cambió esta actitud, en Venezuela ya estaba de primer mandatario Hugo Chávez. Aunque las relaciones entre Uribe y el teniente coronel fueron, durante la mayor parte del gobierno del primero, estables y cordiales, por lo menos de dientes para afuera, no hay evidencia de que en el país vecino existiera el interés por colaborar con la guerra contra las Farc que en Colombia comenzaba a escalarse a niveles nunca antes vistos. De hecho, con el paso del tiempo, y esta fue una de las razones que llevaría a la ruptura definitiva entre Uribe y Chávez, el inquilino de Miraflores decidió jugársela, de manera abierta, a favor de las Farc.

Por supuesto esto es horrible para los intereses colombianos. Más allá de la argumentación acerca de los principios y valores antidemocráticos que puede llegar a encarnar Chávez y su gobierno, su actitud era (es) anticolombiana. Hoy es cada vez más claro que Santos llegó a la presidencia dispuesto a jugársela duro por la paz. ¿Alguien tiene duda de que el tema primordial de todos sus encuentros, desde aquel primero, el 10 de agosto de 2010 en la Quinta de San Pedro Alejandrino, no era la apertura de un diálogo con las Farc? Por supuesto que nadie.

Santos no inicia esta apuesta desde la ingenuidad, sino desde la valoración del interés nacional colombiano, aplicando de una manera muy destacada el pragmatismo. Por ejemplo: ¿cuáles son algunas de las preguntas que existen, por lo menos en algunos círculos, acerca del proceso electoral venezolano próximo? ¿Se robará Chávez las elecciones? ¿Y si pierde y eso se comprueba, saldrá voluntariamente del poder? ¿Se mantendrá a la fuerza? Si estos interrogantes existen hoy, a una semana larga de los comicios, y después de enterarnos de serias dolencias físicas que ha venido padeciendo el teniente coronel, en 2010 se podía considerar como seria y segura la probabilidad de que Chávez se mantendría en el poder hasta el día del juicio final. Acordémonos que su mentor no es otro que Fidel Castro, quien lleva liderando los destinos cubanos desde 1959.

Santos entonces entiende, puede uno especular, que Chávez es clave, no solo por su ascendencia ideológica sobre las Farc, sino porque les ha dado, por lo menos, refugio, pero también porque planea estar en el poder por mucho tiempo.

A dónde nos llevan estas reflexiones. Desde el marco de las actuales conversaciones con las Farc, el resultado más conveniente para Colombia y para el gobierno de Juan Manuel Santos, es un triunfo de Chávez. Es probable que si Chávez se queda haciendo evidente trampa, o lo totalmente opuesto, gana de forma aplastante, esto puede conducir a unos escenarios no tan positivos para el interés nacional colombiano en general. Pero ese es el punto. El futuro es oscuro, no por lo negativo que pueda ser, sino porque sencillamente es casi imposible de pronosticar, sobre todo en ambientes como el existente en Venezuela, donde las reglas de juego no son claras.

El señor Capriles, el contendor de Chávez, puede llegar a ser una interesante apuesta para Venezuela, el continente, y más importante para Colombia. ¿Pero podría Capriles, una vez en el poder, controlar a sus Fuerzas Armadas? ¿Podría mantener con recia mano la estabilidad en Venezuela necesaria para apoyar el proceso con las Farc? No lo sabemos. Por eso Capriles es una apuesta arriesgada. Más arriesgada que la apuesta Chávez.

Hay otros aspectos que se podrían considerar para definir la conveniencia para Colombia del resultado en Venezuela, donde sobresale el de las relaciones comerciales de los dos países, con todo lo que se puede desprender de allí, pero desde acá consideramos que en este caso, desafortunadamente, imperfectamente, lo urgente mata a lo importante.

Imágines tomadas de: http://diariodecaracas.com/pol%C3%ADtica/capriles-ch%C3%A1vez-caradurismo-mentir-sobre-farc y http://www.eluniversal.com/2011/05/13/iiss-the-farc-financed-chavez-before-1999.shtml

martes, 18 de septiembre de 2012

Los costos de la paz

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Columna La Tarde
Fundación Kíos

Los costos de la paz

Edward Luttwak, historiador y estratega militar de Estados Unidos publicó hace algunos años un provocador artículo en el que expuso las ventajas y la utilidad de la guerra, no solo desde el punto de vista militar, sino desde la perspectiva política.

Luttwak expresó que la guerra es una decisión política que, más allá de toda consideración ética o moral, facilita acabar con los conflictos, al permitir que la parte más poderosa se imponga sobre la más débil. La guerra, en palabras de Luttwak, permite reacomodar fuerzas y posiciones de diferentes actores, al configurar nuevos equilibrios de poder. Históricamente, los períodos más belicosos de la historia han dado paso a etapas de relativa estabilidad y paz, que se caracterizan por un alto crecimiento económico. En pocas palabras, la guerra le pone punto final a los conflictos y permite que las partes en tensión encuentren nuevas pautas para negociar y acordar consensos duraderos sobre los puntos en disputa.

Las reflexiones de este polémico autor pueden servir como referencia para plantear algunos puntos sobre la nueva estrategia del gobierno nacional frente al conflicto armado. La guerra solo sirve si se utiliza para acabar las confrontaciones. En el caso colombiano, si bien es cierto que se ha presentado un fortalecimiento evidente de las Fuerzas Militares, el conflicto llegó a un punto de estancamiento en el que ninguna de las partes puede imponerse definitivamente sobre la otra. No obstante la política de seguridad democrática, las FARC siguen enquistadas en ciertas zonas del territorio nacional y muy difícilmente perderán el control histórico que tienen sobre áreas estratégicas como el norte del Cauca o los departamentos de la Amazonía colombiana. Los costos que ha traído este estancamiento son altísimos, no solo desde el punto de vista presupuestal, sino también desde la óptica de las oportunidades que pierde el país en materia de crecimiento y desarrollo. Por ello, la decisión del gobierno Santos de abrir el espacio para el diálogo podría permitir la exploración de nuevas salidas al conflicto, más allá de lo puramente militar.

Sin embargo, el fin del conflicto armado supone tener en cuenta diferentes aspectos relevantes. Uno de ellos es el costo económico que el país deberá asumir para garantizar la reintegración de los combatientes a la vida civil. Ello exige contar con el apoyo del tejido productivo y del sector empresarial nacional, así éste no esté dispuesto a colaborar económicamente en el proceso, tal como lo reveló una reciente encuesta publicada por la Revista Dinero. El otro aspecto fundamental es el de la justicia. La paz no puede suponer la impunidad y el olvido, ni mucho menos desconocer el derecho de las víctimas a la justa reparación. Dos aspectos que sin duda alguna deberíamos empezar a pensar para que este nuevo proceso no sea solo una expectativa fallida sino una oportunidad real.


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Publicado en La Tarde el 18 de septiembre de 2012 en http://www.latarde.com/opinion/columnistas/66805-los-costos-de-la-paz.html

domingo, 9 de septiembre de 2012

El deber ser frente a la desabrida realidad


Columna de opinión
Gnothi Seauton

El deber ser frente a la desabrida realidad

Deplorable y dantesco el espectáculo de alias Timochenko hablando por televisión nacional con tal soberbia y desfachatez acerca de la justeza de sus actuaciones. Y más escalofriante es ver las similitudes entre los discursos de este notable criminal y violador de derechos humanos, con el de personalidades tales como Iván Cepeda, Piedad Córdoba, Gustavo Petro y Jorge Enrique Robledo. Anotamos esto porque fue por asentir con manifestaciones de este tipo, provenientes de personajes como Salvatore Mancuso y Carlos Castaño, que varios políticos nacionales y regionales fueron condenados por colaborar y/o hacer parte de la estructura de las Autodefensas Unidas de Colombia, otra de las muchas organizaciones criminales nefastas que han existido en nuestro país, pero aún así, en esta nación, eventualmente han terminado siendo merecedoras de ser puestas a la altura del Estado y la sociedad que éste representa.

En su discurso, alias Timochenko nos anuncia una nueva refundación de la patria. El término es el mismo que usaron las AUC y sus colaboradores políticos. No es una extraña casualidad, sino la vacía perorata constante por la que estas organizaciones se han caracterizado en definitiva. Sea el Pacto de Ralito o el último discurso del máximo líder de las Farc, ambos prometen ríos de leche y miel, por supuesto nunca posibles de cumplir, porque detrás de ellos existe exclusivamente una estrategia para cautivar incautos mientras acumulan mayor poder. En realidad este comportamiento no se aleja demasiado del de aquellos que podríamos considerar como políticos honorables. La diferencia preocupante en este caso, es que Timochenko y las Farc, así como en su momento lo tenían Castaño y Mancuso y las AUC, cuentan entre sus procedimientos cotidianos de acumulación de poder, además de los discursos, la violencia sistemática y la riqueza proveída por el control de uno de los negocios más rentables sobre la faz de la tierra: el tráfico ilegal de estupefacientes. Es decir, simple y llanamente son criminales. Infractores del Derecho Internacional Humanitario, violadores de los derechos humanos, rateros.

En un país ideal, y quizás en uno sencillamente serio, negociaciones, más allá del sometimiento de este tipo de personajes al imperio de la ley, no deberían tener lugar y mucho menos serían consentidas por una abrumadora mayoría de la opinión pública y del liderazgo que la encabeza.

Ese es el deber ser, pero aquí, como en cualquier otro lado del mundo, en definitiva se impone la realidad. Tristemente, la nuestra es una realidad desabrida y debemos convivir con ella, incluso, admitirla. ¿Por qué tan lúgubre escenario? Primero por la existencia de ese magno negocio que ya mencionamos, que es el narcotráfico. Y en segundo lugar por la debilidad crónica del Estado colombiano. Sin la menor de las dudas, durante el gobierno de Álvaro Uribe y presuntamente también durante lo que va corrido del de Juan Manuel Santos, el Estado colombiano se ha fortalecido. Ha ido ocupando el territorio de manera imperfecta e incompleta, pero la situación es sustancialmente mejor que la que se encontraba en el siglo pasado. No obstante, la sima de partida era tan profunda, que lo que se ha avanzado no alcanza para someter y aniquilar, de una forma u otra, a una organización tan insignificante como las Farc.

Gnothi Seauton ha afirmado que las Farc son una organización pobre y débil con respecto a lo que el imaginario colombiano considera. Y es allí donde reside la desgracia nacional. Tanto la derecha como la izquierda, así como el centro, creen que las Farc son la amenaza superior para el Estado y la sociedad colombiana. Las verdaderas amenazas se encuentran en la pobreza de las instituciones y la infraestructura, la debilidad y rigidez de los mercados y el estado de penuria en que se encuentran los sectores educativo, tecnológico y científico. ¿Se necesita de las Farc para tomar los caminos correctos que corrijan estos problemas?

India, Brasil e incluso Italia, son países que cuentan con graves amenazas a su seguridad nacional, y no obstante a lo largo de la historia han asumido con responsabilidad los sacrificios necesarios para mejorar estos asuntos. Y aunque la violencia molesta y es factor de inestabilidad interna, a nadie se le ocurriría en estos países negociar el modelo de propiedad, los sistemas productivo y educativo, o la configuración de las ramas del poder público, con la insurgencia maoísta, los carteles de droga de las favelas o la mafia.

Las negociaciones que se van a reiniciar a mediados de octubre entre el gobierno colombiano y las Farc no deberían adelantarse con la agenda anunciada en un mundo ideal o serio. Pero la realidad colombiana nos lleva a aceptarlas. Ahora, la pregunta yace en qué estamos dispuestos a aceptar. Gnothi Seauton considera que el quid del asunto radica en la elegibilidad o no de los miembros de las Farc que hayan cometido crímenes distintos a los que el ordenamiento legal colombiano denomina como políticos.

¿Está dispuesto el país a aceptar a que alias Timochenko y compañía participen en elecciones u ocupen cargos públicos sin haber pagado un solo día de cárcel?

Y por último. Si las Farc se desmovilizan, pagan penas alternativas, prometen no repetición, reparan víctimas, dicen la verdad y quedan sin el derecho de elegibilidad, el narcotráfico continuará y con el la violencia que este causa. Seguramente mejorará la situación de seguridad en general y en múltiples regiones del país, pero estaremos al frente de un escenario similar al que se vive hoy en el norte de México y en las ciudades del Brasil, por dar dos ejemplos. Todo consecuencia de la debilidad del Estado colombiano.  

Imagen tomada de: http://www.elheraldo.co/noticias/nacional/timochenko-promete-perseverar-sin-tregua-en-la-lucha-por-la-paz-80801

jueves, 30 de agosto de 2012

Las santas Farc han llegado para salvar a Colombia


Columna de opinión
Gnothi Seauton

Las santas Farc han llegado para salvar a Colombia

Dice, sin el más mínimo rastro de rubor, el nuevo copresidente de la Comisión de Paz de la Cámara de Representantes, el liberal Joaquín Camelo, que debe reactivarse la figura del Alto Consejero de Paz (no se puede desaprovechar la oportunidad de unos diálogos, otros más en la historia del país, para crear burocracia), no solo para negociar con las Farc, sino para que, oigan bien, esta figura sea también el vocero del gobierno “hacia el conflicto social que vive el país”.

Para no quedarse atrás, la otra copresidente de esta magna célula del legislativo, la representante del Partido Verde, la impertinente y estrecha Ángela María Robledo, va más allá y contrapuntea: “Ya es hora que de la mano de una agenda de la paz, que todos celebramos, podamos también transformar las desigualdades sociales, redistribuir la tierra y la riqueza, acabar con la corrupción y el clientelismo y con la explotación irracional de nuestras riquezas”. Espectacular.  

Así, después de todo, resultó que la solución de todos nuestros problemas, en efecto se encontraban directamente relacionadas con las Farc. Ahora que van a dejar de echar tiros, por qué nos vamos a detener en debatir la agenda nacional con ellos y en darles puestos en el Congreso como el brillante Fiscal General y otros han dicho. ¿Por qué no nombrar de una vez a Timochenko, a Márquez y compañía, como reemplazo del presidente, las cortes y el Congreso? ¿Por qué no sacar de la cárcel a Joaquín Pérez Becerra, director de Anncol, y darle la dirección de alguno de los medios más prominentes e influyentes del país? Y a alias Sonia, extraditada a los Estados Unidos por narcotráfico, ¿por qué no facilitarle entonces la dirección de Ecopetrol y que así aumente las ganancias del Estado?

En fin, ahora resulta entonces que efectivamente las Farc tenían razón en su lucha. Olvídense de las bombas, los secuestros, los asesinatos selectivos, los desplazamientos, el tráfico de drogas, la minería ilegal, las pescas milagrosas, la extorsión y un largísimo etcétera de arocidades y afrentas al Estado de Derecho. Todo era bienintencionado. Todos esos comportamientos estaban plenamente justificados. Ellos, en su infinita sabiduría y amplitud estaban tratando de enseñarnos, siempre desinteresadamente, cómo es que hay que comportarse en sociedad. Cómo construir una sociedad equitativa, impoluta, participativa. ¡Gloriosa!, simplemente gloriosa.

Para ir avanzando rápidamente en esta verdadera solución final, comencemos por incluir en este proceso a los sindicados del atentado contra el infame “héroe de Invercolsa”, Fernando Londoño. Sus acciones se debieron a la inequidad y a la crisis social existente en nuestro país. No perdamos tiempo y actuemos. Que la solución es fácil. No nos habíamos dado cuenta antes.

Gracias Joaquín. Gracias Ángela María. No menciono al otro copresidente, al señor representante Iván Cepeda. Su prontuario y carácter es mayormente conocido.

Es increíble que José Obdulio Gaviria esté más cerca del acierto que todos estos brillantes políticos. Y que muchos formadores de opinión, jueces, fiscales, sacerdotes, empresarios y, de nuevo, un largo y decepcionante etcétera.

Si las Farc se desmovilizan el panorama de inequidad y violencia que hoy afrontamos no será modificado radicalmente debido, esencialmente, al asunto de la prohibición de las drogas y a la debilidad extrema del Estado colombiano. Algunas mejoras sustanciales ocurrirán, y esto es más que deseable, pero el resultado será uno muy similar al que hemos visto con el fin de las Autodefensas Unidas de Colombia, el M-19, el EPL, el Quintín Lame o las guerrillas liberales de la década de 1950, por solo mencionar los escenarios desde la segunda década del siglo pasado. Un estado lejano a la perfección que se debe a esa maldición de la prohibición y al raquitismo estatal. El resto es pensar con el deseo de manera irresponsable, irreal y hasta peligrosa.

Espero que el presidente Santos, y muy pronto, deje claro que este tipo de comentarios, provenientes de estas personalidades, no los comparte y que la guía de sus  negociaciones con las Farc no cuenta con ese talante ni con esas metas. Si no es así, que sepa el señor presidente que nos va a tocar a muchos, sin profuso agrado pero con gran determinación, ir buscando nuevo candidato, no sólo para sacarlo de la presidencia en 2014, sino, principalmente, para detener esta cobarde, indecente y mentirosa maniobra.

¡Arriba las Farc! Vamos a ver.  

Imagen tomada de: http://www.hechoencali.com/las-farc-orates-armados/