Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Ordóñez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Ordóñez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Seres conscientes versus seres racionales


Columna de opinión
Gnothi Seauton

Seres conscientes versus seres racionales

La editorial del día de hoy de El Espectador, aprovechando estos días que se suponen son de reflexión y de balance, enumera tres hechos sucedidos durante el año: la destitución de la fiscal Vivian Morales, la fracasada reforma a la justicia y la reelección del procurador Ordoñez, que llevan a concluir rápida y concretamente, que la debilidad institucional y organizacional en el país es preocupante.

Gnothi Seauton se permite realizar algunos apuntes a propósito de este pertinente editorial:

1. Aunque es loable que las directivas de El Espectador traten estos cardinales asuntos en el lugar más importante de sus páginas, el editorial, sí resulta algo decepcionante el hecho de que se presente precisamente por estos días de fin de año en los que la lecturabilidad de este o cualquier otro medio noticioso es notablemente baja. No es la primera vez que El Espectador escribe sobre el tema, ni más faltaba. Pero este es un tema que puede categorizarse como transcendental, y no es bueno que sea desplazado con tanta facilidad, en uno de los medios más influyentes del país, por las cosas urgentes. En El Espectador deben hacer el esfuerzo por impulsar el debate de estos temas. Ni el desorden institucional es nuevo y ni es irrelevante.

2. Una de las peores cosas que hizo la Constitución de 1991 fue el diseño de estímulos y castigos, es decir las reglas formales para moldear el comportamiento de los actores que participan en los procesos del Estado, fuesen estos elecciones, legislación, control, juzgamiento y hasta el mismo acto de gobierno. Esto se dio, entre otras cosas, porque a los asambleistas no les preocupaba en lo más mínimo el diseño institucional, que se caracterizaría por crear una exagerada superposición de controles y, lo más importante, y algo en lo que cae también hoy el editorialista de El Espectador, 21 años después de promulgada la Carta Magna, por considerar y confiar en que los seres humanos, sean estos políticos o no, son esencialmente seres conscientes, moral y éticamente hablando, y no seres racionales, que constantemente se encuentran evaluando cómo favorecer de la mejor forma posible sus intereses personales. Es obvio que lo deseable es el primer estado de cosas, pero la realidad es porfiada y continúa engendrando seres en abundancia que encuadran mejor en la segunda descripción.  

Entonces, mientras continuemos esperando que, por ejemplo, lo que necesitamos es que quienes votan en las elecciones populares o eligen funcionarios públicos de altas instancias, lo hagan haciendo uso voluntario de su consciencia, vamos a encontrarnos con unas realidades desagradables. Las instituciones deben diseñarse teniendo en primerísima cuenta que van a dictar el comportamiento de seres racionales, y por lo tanto deben entregar estímulos acorde con esa realidad. ¿Por qué no pensar en circunscripciones electorales mixtas como existen en Alemania? ¿O en la eliminación de ciertos estamentos que hoy no son más que cargas burocráticas y se superponen en sus funciones con otros tantos?

3. Bajo este orden de ideas es que para Gnothi Seauton los famosos auxilios parlamentarios, que con su cuestionamiento y posterior desaparición parieron en medio de la indignación nacional a la Constitución del noventa y uno, son más que necesarios y bienvenidos. El trabajo de los congresistas es ingrato pero pragmático. Su función, por lo menos la de cuatro quintas partes de estos, consiste en llevar recursos a sus regiones para hacer carreteras, acueductos y crear empleo burocrático, que es el único que se da en la periferia del país. Por lo tanto, creer que los congresistas deben ser unas lumbreras estratégicas (ser conscientes) es una necedad, sabiendo que pueden llegar a ser elegidos con menos de cinco mil votos en departamentos con cientos de miles de habitantes.

No serán los auxilios los instrumentos ideales, pero sí son realistas porque funcionan bajo la lógica de la razón y el frío y sensato interés.      

En conclusión, debemos decir que es acertado traer estos temas al debate público. Sin embargo, el enfoque debe ser realista y no romántico. Cuando se abordan estos punzantes asuntos con un enfoque idealista excesivo, casi fanático, desembocamos en escenarios similares como los que efectivamente nos proveyó la Carta del 91, que son, precisamente los que causan alarma en el editorialista del diario capitalino.      

Imagen tomada de: http://www.afitecol.com/?p=5105

domingo, 9 de septiembre de 2012

De los buenos ¡líbranos Señor!


Columna de opinión
Gnothi Seauton

De los buenos ¡líbranos Señor!
Escribe en El Tiempo Ricardo Silva Romero sobre la segura reelección del procurador general de la nación, señor Alejandro Ordóñez. Silva lo tilda de peligroso para la democracia y la paz colombianas, entre otros elementos, porque Ordoñez, como procurador “respaldó aquel referendo reeleccionista que quiso desmontar nuestra democracia”, ha buscado “impedir la despenalización de la droga, el aborto terapéutico y el matrimonio homosexual” y porque numerosos columnistas “han documentado el maquiavelismo, el oportunismo, el clientelismo salvaje” que convierten a este funcionario en un político sectario y retrogrado. Evidentemente oscuro para el país.

A Gnothi Seauton siempre le ha llamado la atención cómo los formadores de opinión de izquierda en general, que son la abrumadora mayoría, aquí o en Cafarnaún, consideran que aquellos que poseen dogmas o ideologías de derecha, no son aptos para ocupar cargos públicos de cualquier tipo por ser precisamente eso: de derecha. Pocos de estos opinadores caen en cuenta que sus críticas no pueden ser exclusivamente hacia las ideas que encarnan los representantes de la denominada derecha, y de manera lúcida, agregan observaciones hacia su comportamiento legal, ético y moral, aquello del proceder maquiavélico, oportunista y clientelista. Bien por Silva, hasta ahí.

Ahora, lo verdaderamente atractivo es que estos mismos columnistas suelen ignorar esas falencias legales y éticas sobre aquellos oficiales públicos que sí cumplen con su lista correcta de ideas y objetivos. El mejor ejemplo reciente es el de la Corte Suprema de Justicia. Durante los días de su enfrentamiento con el entonces presidente Uribe Vélez, los magistrados de la corte eran un dechado de virtudes y valor cívico, y nunca, por ningún motivo, funcionarios con aspiraciones distintas a las de impartir justicia imparcial y en puro derecho. Posibilidades de que estos administradores de ecuanimidad fuesen maquiavélicos, oportunistas y clientelitas: ¡ninguna!  

Más temprano que tarde fue descubierta la evidente realidad. Durante la fallida reforma a la justicia, los magistrados, no solo de la Corte Suprema, sino del Consejo Superior de la Judicatura, el Consejo de Estado y hasta de la prestigiosa Corte Constitucional, que son casi una centena de personalidades, sin contar sus magistrados auxiliares, que como se ha sabido, han sido acreedores de “palomitas” para poder obtener jugosas pensiones financiadas con los recursos del erario, sacaron a la luz pública, de qué verdaderamente están hechos: maquiavelismo, oportunismo y clientelismo.

Las críticas que Silva hace a Ordóñez, que verdaderamente podrían ser utilizadas como descalificadoras para el intento de reelección del segundo, serían las últimas, pero como vemos, ese comportamiento no sería exclusivo de este funcionario. Los valores y principios de Silva se ven amenazados por los de otra persona, en este caso un funcionario como Ordóñez, pero esa no es razón suficiente para descalificarlo.

Utilizando la perspectiva correcta y realista, más bien el problema radica en, lo que otro columnista de izquierdas, Rodrigo Uprimny, mencionaba en febrero pasado al hablar también sobre la temida reelección del procurador, y es que un estudio detallado “muestra que todas las atribuciones de la Procuraduría General de la Nación corresponden también a otras entidades, que podrían desarrollarlas en forma más especializada y eficiente”.

Este mismo principio de economía institucional, y por lo tanto también financiera, aplicaría al sistema de justicia colombiano, por solo continuar con el ejemplo arriba utilizado. ¿Necesitamos tres cortes de última instancia? ¿Necesitamos que los jueces funjan de gerentes administrativos y financieros del sector desde un monstruo burocrático e ineficiente como el Consejo Superior? ¿Necesitamos un Fiscal y una Fiscalía “independiente” del Ejecutivo? 

Gnothi Seauton está al tanto a la perfección de que los enfoques fuera de perspectiva hacia el análisis de los distintos problemas del país y el mundo también provienen de los comentaristas de derecha, pero el tono redentor e infalible (¿y fanático?) de la izquierda resulta más inquietante, debido a que al ser los supuestos abanderados de la libertad de ideas, resulta contradictorio que, como dice Silva, bien pueda y tengan sus ideas los de la derecha, pero en cargos públicos, ni se aparezcan (“Yo voto porque tenga voz, porque crea en el Dios que más le sirva, porque defienda sus dogmas hasta declararse perseguido por las minorías, pero en un lugar muy, muy lejano de la Procuraduría: donde sepamos quién es”). Cuando ocupar cargos públicos, incluidos aquellos en donde se hace justicia, es precisamente el objetivo de la dinámica política, sobre todo a la hora de impulsar e imponer las formas y los fondos que a cada quien le parecen más adecuadas.     

Como se puede inferir del escritor y columnista Juan Esteban Constaín, conservador según él mismo: de los buenos, ¡líbranos Señor!

Imagen tomada de:  http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-371351-esta-casi-cantada-reeleccion-de-alejandro-ordonez-procurador