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viernes, 18 de enero de 2013

El fin del conflicto a consulta

Columna de opinión
Santiago Gómez Mejía
El fin del conflicto a consulta
En Colombia no se puede cambiar la Constitución cada vez que un nuevo actor político aparece, sea un grupo guerrillero o un caudillo tuitero. Eso sí es una canallada. La modificación de las reglas no debe ser la condición de entrada al sistema, sino que su cambio debe ser la primera tarea de los reinsertados desde los entes legislativos, si es que en eso termina este proceso.

El presidente Santos anunció que “es posible encontrar una fórmula para refrendar popularmente cualquier acuerdo [con las Farc]” y su Ministro de Interior afirmó que el final de este proceso no será una Constituyente.

Celebro la segunda afirmación, pero miro con recelo la propuesta de Santos.

En Colombia no se puede cambiar la Constitución cada vez que un nuevo actor político aparece, sea un grupo guerrillero o un caudillo tuitero. Eso sí es una canallada. La modificación de las reglas no debe ser la condición de entrada al sistema, sino que su cambio debe ser la primera tarea de los reinsertados desde los entes legislativos, si es que en eso termina este proceso. La razón es sencilla, el Estado de Derecho legitima la lucha armada si cada veinte años modifica estructuralmente la Carta Magna de la mano con quienes han dedicado su vida a secuestrar, traficar y asesinar, mientras reivindican pretensiones trasnochadas para derrocar gobiernos a la usanza del siglo pasado. Las leyes se modifican desde la legalidad, no desde el monte.

Pero no entiendo la propuesta de Santos, a no ser porque sea una estrategia soterrada para refrendar su mandato de cara a una reelección inmediata. Los resultados de La Habana son ya suficientemente legítimos, sean los que sean, en la medida en que responden a la política de Estado de un gobierno democráticamente elegido, se realizan en el marco de las leyes vigentes y contaron con un significativo apoyo popular. Gastarnos quién sabe cuántos millones de pesos para decir si estamos de acuerdo o no con lo que los designados por un gobierno legítimo decidieron en nuestra representación, no deja de ser un ejercicio populista e inconveniente en lo económico.

Presidente Santos, deje de hacer declaraciones demagógicas. La reelección vendrá sola si usted se dedica a hacer bien aquello para lo cual quienes votaron por usted le pidieron.

APÉNDICE: Señor Alcalde, perdonará usted mi insistencia, pero ¿cuáles son esos ‘buenos resultados arrojados en 2012’ por la campaña ‘Te veo Bien’ en Bucaramanga?


Imagen tomada de:
http://confidencialcolombia.com/es/1/106/1581/Inicio-oficial-del-di%C3%A1logo-Di%C3%A1logo-gobienro-Farc-negociaci%C3%B3n-conflicto-paz-guerra-Oslo-Habana-Venezuela-Chile-Cuba.htm

jueves, 17 de enero de 2013

¿Pelea de rufianes y canallas? Más bien de 'chinos' chiquitos


Columna de opinión
Gnothi Seauton

¿Pelea de rufianes y canallas? Más bien de 'chinos' chiquitos

Acá no hay peleas de rufianes ni de canallas. De a mucho lo que encontramos es una gresca entre inmaduros individuos que no saben para dónde van. Si Uribe fuera un expresidente serio, mantendría un silencio largo y pausado después de su salida del gobierno. Si Santos fuera un presidente serio, se dedicaría a manejar los temas grandes que poco tienen que ver con “la paz” sino con indicar la forma como preparamos a este país para que pueda competir en la denominada y muy cierta aldea global.

Estoy de acuerdo con editorial del diario El Espectador del día de hoy.

A una buena parte de la opinión pública le gusta que sus líderes sean chabacanos y frenteros. Les gusta que digan las cosas, supuestamente, sin rodeos. Totalmente transparentes. Creen que esos líderes dicen y hacen tal cual piensan. Santiago Gómez acá escribió hace unos días una pieza en donde metía, por varias razones, a Álvaro Uribe y a Gustavo Petro en un mismo costal. A los de un lado les gusta uno y a los del otro el otro, pero utilizan tácticas muy parecidas por no decir que idénticas.

Alguien dice algo. Dura más un calado en escuela pobre que el lapso de tiempo que trascurre para que se dé la embestida de Uribe o Petro, y ya están por Twitter, ante una cámara o con un micrófono respondiendo. ¡Qué frenteros! Exclaman los respectivos áulicos y muchos de los distraídos.

A mi parecer, el presidente Santos arrancó responsable. El famoso y ya desaparecido mantra de no pelear con Uribe se fue al trasto. Era de esperar porque es imposible aguantar la avalancha provocada por ese mago del manejo de los medios y los mensajes que es Álvaro Uribe. Pero para defenderse y contraatacar Santos no puede ser espontáneo. No tiene el don de la palabra, de la retórica. No es chabacano. Pero tampoco es incapaz. Y se mete al ring de la mejor forma que puede. Calmadamente lanza insultos y acusaciones soterradas que no tienen otro objetivo distinto que ver cómo le cobra a su ahora gran contradictor las desavenencias pasadas.

El resultado: el editorial de Cano lo indica claramente. Una pelea de mal gusto, que es lo menos importante, y una distracción de los temas serios y estratégicos que no debería darse.

Santos estuvo el lunes en Hora20, no en un debate, sino en un panel. Muchos consideran que fue un grosero y descarado publirreportaje. Hoy Petro va a estar en el mismo programa radial y por la presencia de un crítico de su administración tan serio y riguroso como Juan Carlos Flórez (también estarán Carlos Vicente de Roux, concejal progresista, y Francisco Miranda, periodista de revista Semana), preveo que habrá un fuerte enfrentamiento. A Petro le gusta ese tipo de escenarios y está formado para ellos. Seguramente el programa será escuchado por muchos y producirá una carga suculenta de titulares, pero al mismo tiempo, como pasó con el programa de principios de semana, los asuntos sustanciales quedarán por fuera de la mesa.

Como siempre nos gusta advertir, acá no pecamos de ingenuos. Entendemos que el proceso político no es algo que se pueda aplicar como si se estuvieran siguiendo las instrucciones para construir una mesa de Ikea. Pero sí deseamos resaltar que este estado de crispación no es conveniente para el Estado, ni para la sociedad.

El general Santoyo no llegó a donde llegó sin la ayuda de nadie. Es ridícula la discusión. Si, como dice Coronell en su última columna en Semana, Uribe nombró a este oficial como su jefe de seguridad, no prueba absolutamente nada desde el punto de vista jurídico, ni siquiera desde el histórico. Pero el expresidente no puede ceder medio centímetro porque sus enemigos se lo devorarían y esa lucha no está dada por fines superiores y útiles para el país, sino más bien por una sed insaciable de venganza.

Levantar las actas de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores es una barbaridad. En la última columna de La Tarde de Kíos, indicábamos que el ADN de la política exterior colombiana está sumamente desorientado. Se guía por un legalismo extremo que nada tiene que ver con las realidades del mundo exterior. Los secretos de Estado son fundamentales y esas actas hacen parte de esos secretos. Otra cosa es que las discusiones entre los líderes de la política de exteriores de nuestro país sean risibles porque giren en torno a una confianza sublime en el derecho internacional, pero por lo menos guardemos unas formas mínimas.

Por eso el título de este comentario. Acá no hay peleas de rufianes ni de canallas. De a mucho lo que encontramos es una gresca entre inmaduros individuos que no saben para dónde van. Si Uribe fuera un expresidente serio, mantendría un silencio largo y pausado después de su salida del gobierno. Si Santos fuera un presidente serio, se dedicaría a manejar los temas grandes que poco tienen que ver con “la paz” sino con indicar la forma como preparamos a este país para que pueda competir en la denominada y muy cierta aldea global. Y el alcalde Petro, si fuera serio, también estaría en un cuento muy parecido al del presidente serio. Pero no es así.

En vez de ser serios y pagar los costos que ello conlleva, vean al respecto la muy buena reflexión de Andrés Hoyos sobre Pepe Mujica, están comportándose como ‘chinos’ chiquitos. Y la opinión pública, empezando por mí mismo, al dedicarle tiempo a esto, parándoles bolas en vez de castigarlos.

Esta es una reflexión para medios, académicos, empresarios y políticos. Pero, por ser este un país fuertemente presidencialista, no solo en el campo político, es que esta corrección debe surgir del liderazgo ejercido desde ese sector. Santos y Uribe al orden.

@cyberstalkerBC

Imagen tomada de:
http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-357313-estudio-confirma-criticas-de-santos-contra-uribe

martes, 6 de noviembre de 2012

La maldición de la aritmética electoral

Columna La Tarde
Fundación Kíos

La maldición de la aritmética electoral

Desde que la Constitución de 1991 revivió la figura del vicepresidente, luego de casi un siglo del panorama nacional, seis personas han ocupado el cargo, incluyendo al transicional Fabio Villegas; Humberto de la Calle, que terminó renunciando a su cargo; Carlos Lemos, más recordado por una famosa ‘paloma’, que por su gestión; Gustavo Bell, que pasó sin pena ni gloria, incluso como Ministro de Defensa durante el fallido proceso de paz pastranista; Francisco Santos, durante dos periodos y Angelino Garzón, líder sindical, ex ministro y exgobernador. En esos 20 años la figura de la vicepresidencia ha sido cuestionada por ineficiente, por tener a su cargo una burocracia paquidérmica, porque en su afán de hacerla operativa y necesaria se le han asignado, dependiendo del gobierno de turno, funciones tan disímiles como ser veedora del respeto de los derechos humanos, algunas funciones del resorte internacional, otras referidas al sector cultural e incluso algunos protagonismos en los fallidos procesos de paz.

Pero el debate sobre su pertinencia se potenció con la llegada de Garzón al cargo el 7 de agosto de 2010 y con la serie de infortunios y debates que han rodeado su gestión, que no en pocas ocasiones ha sido confrontacional y reiteradamente desafiante frente a las decisiones de Juan Manuel Santos. Sus polémicas declaraciones en torno a la medición de la pobreza en Colombia, su infructuosa y costosa campaña en busca de la presidencia de la Organización Internacional del Trabajo, una enfermedad coronaria, una infección urinaria, un accidente cardiovascular que le limitó significativamente sus movimientos y le mantuvo alejado del cargo durante varios meses, y la detección oportuna de un tumor en la próstata, han alimentado un debate, necesario aunque tardío, frente a la utilidad estratégica de dicho cargo político.

Angelino Garzón fue llamado a ser la fórmula electoral de Santos a partir de hábiles cálculos electorales que obedecieron, evidentemente, como en los casos anteriores, a decisiones derivadas de la aritmética previa a las elecciones presidenciales. Si para algo ha servido el vicepresidente, es para poner votos a la fórmula ganadora. A partir del 8 de agosto, sus actuaciones desde 1991 han sido bastante opacas, política y estratégicamente hablando.

Tan políticamente inocente ha resultado ese cargo, que ni siquiera la vicepresidencia, como en otros países, ha servido para lanzar candidatos presidenciales exitosos en procesos electorales posteriores. La vicepresidencia desafortunada de Garzón, en términos personales evidentemente, pero también en términos institucionales, debería generar un debate que trascienda la coyuntura particular y nos lleve a replantear la necesidad de una figura obsoleta, innecesaria para un sistema político inmaduro como el nuestro, costosa y poco operativa. Y si ese debate estructural no lleva a la eliminación del cargo, que por lo menos termine legitimando dicha posición y fortaleciéndola hasta el punto en el cual los candidatos presidenciales elijan sus fórmulas por criterios que no solo obedezcan a las azarosas condiciones de las aritméticas electorales.

Imagen tomada de: http://noticias.latino.msn.com/politica/articulos.aspx?cp-documentid=30674253

Publicado en La Tarde de Pereira, noviembre 6 de 2012, en: http://www.latarde.com/opinion/columnistas/103454-la-maldicion-de-la-aritmetica-electoral 

jueves, 18 de octubre de 2012

Verificaciones varias sobre la paz (II)


Columna de opinión
Gnothi Seauton

Verificaciones varias sobre la paz (II)

Hacia las tres de la tarde, hora de Oslo, Noruega, ocho de la mañana, hora de Colombia, inició una rueda de prensa entre los representantes del gobierno colombiano y de las Farc, para dar inicio oficial a las negociaciones que tienen por meta dar fin al Conflicto Armado Interno, CAI, que viene aquejando a Colombia desde hace aproximadamente medio siglo.

Esta es la segunda entrega de esta serie (acá el link a la primera) y seguramente no la última, puesto que es nuestro objetivo que con el paso del tiempo entremos a esclarecer con estos análisis los acontecimientos que se vayan ocurriendo en el proceso de paz que hoy inicia el gobierno de Santos.

¿Por qué estas negociaciones tienen su inicio en Oslo, Noruega?

Por razones prácticas, estratégicas y mundanas. Con cinco millones de habitantes y poseedor de inmensas riquezas fósiles y pesqueras que le permiten contar con el asombroso ingreso per cápita de US$96.940 (el de su vecina Suecia es de US$60.130 y el de Colombia es de US$7.650), según The World in 2012 del semanario inglés The Economist; sede del Comité Nobel del Parlamento Noruego, responsable de entregar el Premio Nobel de Paz y con una larga y respetable tradición de colaboración en la resolución pacífica de conflictos en lugares como Sri Lanka, Burma, los Balcanes, Guatemala, Eritrea y el Medio Oriente, así como en cooperación internacional, Noruega reúne suficientes elementos para convertirse en un tercero facilitador práctico de las negociaciones entre gobierno y las Farc.

Los alcances estratégicos que tenga Noruega en la negociación para cada una de las partes se desprenderán de la habilidad de estas. El Estado colombiano buscará por medio de Oslo, apoyo político en instituciones tan críticas a Colombia como el Euro-Parlamento y las mismas sociedades europeas que normalmente observan con recelo a la institucionalidad colombiana, mientras que por diversas razones, encuentran atractivos a los movimientos de “liberación nacional”, como pueden ser equivocadamente consideradas las Farc. Adicionalmente, el gobierno colombiano buscaría que Oslo se convirtiera en uno de los lobistas de cabecera de Colombia para obtener ingentes recursos de cooperación internacional para atender programas dentro en un escenario de posconflicto.

Por su parte, las Farc buscarán recobrar en los círculos de poder y, sobre todo, de opinión en el viejo continente, la relevancia y respetabilidad que pudieron llegar a tener hasta los años del Caguán. Esto es vital para ellos, bien sea en un escenario de posconflicto, o bien en uno en el que las negociaciones no lleguen a un arreglo y el CAI continúe. Imponer ideas y mensajes como “movimiento de resistencia” y “actor beligerante”, siempre será un activo valioso para este grupo armado ilegal.

Lo mundano se puede encontrar en la búsqueda escondida, seguramente de las dos partes, del reconocimiento internacional e “histórico”, gracias a una posible obtención del Premio Nobel de Paz. Sin embargo, dicho reconocimiento puede convertirse, dadas algunas circunstancias, en un elemento, no solo práctico, sino también estratégico para la consolidación de los acuerdos entre las partes. En algunas teorías y casos de este tipo de negociaciones, a veces se encuentra que la existencia de un tercero fuerte y poderoso resulta valiosísima para la consolidación y sostenimiento de los arreglos. Normalmente, en el caso colombiano, este rol es indilgado a países como los Estados Unidos o incluso Venezuela o a organizaciones como la ONU. Pero podríamos aventurarnos a afirmar que un galardón de esta categoría podría hacer las veces de un tercero fuerte y poderoso. Una vez el laurel se encontrase en las vitrinas, resultaría excesivamente costoso, en términos de prestigio, confianza y apoyo para cualquiera de las dos partes, incumplir lo que se haya pactado.  

¿El rol de los periodistas debe ser y será neutral? ¿Favorecerá a alguno de los bandos?

Depende exclusivamente de cada uno de los medios. Colombia es una democracia. Limitada e  imperfecta, pero al tiempo que ha existido en el país el CAI, esas instituciones democráticas han ido creciendo y madurando poco a poco. Una de las características de esta democracia es la libertad de la prensa y como la gran mayoría de los periodistas y los medios lo han indicado, hablando de este tema, o por ejemplo, de aquellos relacionados con las reservas legales durante los juicios, como puede observarse claramente en este contundente editorial de El Espectador, el deber de los medios es informar y punto.

Yendo al editorial en cuestión, vemos que los medios y el ordenamiento jurídico colombiano, que es democrático en esencia, conciben de manera fervorosa que cualquier información que llegue a las manos de los periodistas, sea “por voluntad o por descuido” de quienes tengan la información, terminará siendo publicada o no, total o parcialmente, por decisión exclusiva y legal de los propios periodistas. Esa es su razón de ser y su deber.

Por lo tanto, conociendo a las partes, y no siendo ingenuos, entendemos que van a usar la información como una herramienta, como un arma para mejorar sus posiciones negociadoras. Sea por medio de la filtración soterrada, la filtración abierta, o el detenimiento completo del flujo de la información.

Los flashes informativos, los cubrimientos especiales, las entrevistas exclusivas, los accesos a documentos secretos y los chismes que vamos a encontrar en estos meses deben ser entendidos siempre como parte de la negociación. No son ejercicios inocentes. Podría decirse que se debe aplicar ese aforismo que dice “piensa mal y acertarás”, y así lo debe entender la opinión pública, como también, debe decirse, desafortunadamente, los mismos formadores de esta así como los dirigentes políticos, económicos y militares. La información es poder y, en ese sentido, un arma más.

Recalcando el carácter democrático del Estado colombiano, valdría afirmar los medios sí deberían escoger un bando, y este debería ser el de la legalidad, sin que esto signifique un arrodillamiento o un pliegue descarado y grosero a todas las posiciones e informaciones oficiales. Quizás ya sea muy tarde para adelantar esta discusión, pero vale la pena dejar esta constancia en el récord.       

Y la pregunta del millón: ¿cuál es el precio que está dispuesta a pagar la sociedad colombiana para dar término al CAI y a la existencia de la marca Farc? ¿Cómo establecer ese precio?

Esa es su decisión y responsabilidad, señ@r lect@r. En el programa de la noche del miércoles 17 de octubre de Caracol Televisión, 7/24, dirigido por Luis Carlos Vélez, Felipe Zuleta afirmaba con su acostumbrado desparpajo, que lo que buscaban las Farc, y con ella se refería a la dirigencia y a algunos mandos medios, “los treinta que están en Oslo y Timochenko”, era blanquear sus capitales y su situación jurídica porque, sencillamente, “están mamaos”. Mientras tanto, quién lo acompañaba como panelista invitado, Alberto Bernal, investigador y columnista, argüía que él no veía un resultado distinto a una Constituyente en donde tuvieran lugar las Farc y con ello buscaran realizar severos cambios a las instituciones existentes, a lo que Zuleta replicaba que eso no podía ser así porque las Farc, según el comentarista de Blue Radio, un personaje como Timochenko, no tenía “más de siete mil votos”.

Kíos y Gnothi Seauton han manifestado hasta la saciedad en diversos comentarios (Las santas Farc… y A poner las Farc en su sitio, por dar solo dos ejemplos), que considerar a este grupo armado ilegal como “el” problema colombiano no es más que un craso error que evidencia un serio desconocimiento de las realidades nacional y global. Si se entiende esto, si se interioriza esta realidad, se le podrá dar el trato que las Farc se merecen, o por lo menos el que sea más práctico y conveniente, no para esa organización, hoy todavía señalada como terrorista, sino para la legalidad y la institucionalidad colombianas.   

A informarse y decidir.

miércoles, 10 de octubre de 2012

El mundo según Kíos



Kíos dos años
Fundación Kíos

El mundo según Kios

En estos dos años de vida virtual, hemos tenido la oportunidad de comentar y reflexionar sobre varios hechos del acontecer nacional e internacional que han marcado rupturas, transiciones o cambios considerables en Colombia y en el mundo. Ello es una muestra evidente de la enorme volatilidad y complejidad que acompaña nuestros panoramas local y global, que se caracterizan no solo por su permanente interconexión sino también por su tendencia permanente al cambio y la transformación de sus estructuras y paradigmas. En este bienio, hemos comprobado el dinamismo de un sistema internacional que se halla inmerso en un proceso de reacomodación de fuerzas y centros de poder. El ascenso de nuevos actores internacionales y la emergencia de nuevas formas de relacionamiento económico, político y cultural, son factores que determinan la gestación de una estructura mundial, mucho más policéntrica, interdependente y difusa.

A nivel local, el inicio de un nuevo período presidencial ha determinado la configuración de un panorama político más concertador, sustentado en la consolidación de relaciones más estables (y menos belicosas) entre los poderes públicos, así como en la gestación de una gran coalición entre partidos de diferentes tendencias ideológicas en torno a la figura del Presidente Santos. Ello ha fortalecido la capacidad del primer mandatario para posicionar temas como la atención integral a las víctimas, la reforma agraria y el proceso de paz con las FARC o sentar posiciones novedosas frente al enfoque prohibicionista en la lucha contra las drogas.

A continuación, presentamos algunos de los hechos nacionales e internacionales que han llamado nuestra atención y sobre los cuales, hemos generado algunas reflexiones y análisis. Este no es un listado, ni un compendio de columnas y entradas. Es solo una reflexión adicional, a propósito de nuestros dos años de vida virtual.  No obstante, los invitamos a que opinen sobre el hecho más destacado de estos dos años, en la cuenta institucional: info@fundacionkios.org. Sus opiniones son muy valiosas para nosotros.

¿La primavera de los pueblos?

En el 2011, el mundo se conmocionó con las revoluciones populares que se presentaron en el mundo árabe. Las protestas civiles lograron lo que parecía impensable: el derrocamiento o exilio de dictadores y caudillos que hasta entonces gobernaban con mano de hierro sus países. No obstante, después de la tempestad y la efervescencia ciudadana, quedó una sensación agridulce en la opinión internacional: la complejidad y dificultad que supone emprender un proceso de transición democrática en sistemas políticos precarios, en los cuales no existen ni partidos políticos, ni reglas electorales, ni muchos menos cultura deliberativa. Por tanto, después de instaurar algunas bases democráticas, muchos de los países que experimentaron la mal llamada “primavera de los pueblos” se debaten entre la pobreza y la desigualdad, las fuertes pugnas internas por el acceso al poder político y la inestabilidad. Pese a los intentos de Occidente por extender el ideal democrático en el mundo árabe, las condiciones específicas y las restricciones propias de los países han imposibilitado que se consoliden sistemas político democráticos en todo el sentido de la palabra.

Tal como alguna vez lo argumentó Robert D. Kaplan, ¿no será que la democracia solo está hecha para países que tienen ciertas condiciones institucionales previas?, ¿no será que los procesos de transición democrática van más allá de los sistemas electorales o del juego partidista? Por supuesto, son interrogantes que no tienen una única respuesta. No obstante, el paso de sistemas restrictivos y cerrados en lo político a sistemas democráticos institucionalizados, es un reto que tiene dos connotaciones: en lo material, la consolidación y presencia del Estado y en lo intangible, la modificación de los comportamientos, actitudes y percepciones de la población respecto a ciertos hechos, actores y sujetos políticos.

La “primavera de los pueblos” árabes generó más interrogantes que certezas. Sin duda alguna, el mundo mantendrá los ojos puestos en esta subregión mundial, debido a su importancia geopolítica y su ebullición constante.

El ingobernable sistema económico mundial

Este espacio virtual vió la luz en momentos en que el mundo iniciaba su lenta recuperación de las enormes secuelas y efectos negativos que trajo consigo la crisis financiera del 2008. Aún hoy, cuatro años después, los impactos no han sido internalizados por muchas economías nacionales, lo cual ha traído como consecuencia, que los procesos de ajuste y estabilización estén a la orden de día.  La bonanza económica de algunas naciones, sustentada en la enorme dependencia al crédito y el aumento del consumo, dio paso a cuadros desoladores, en el que el desempleo campea en calles otrora opulentas.

Por sus dimensiones y severidad, Europa es el continente más golpeado por la crisis. A las súbitas caídas de la economía irlandesa, islandesa y griega, se sumó el grave déficit por el que atraviesa España e Italia. De manera agregada, estas crisis han golpeado el sistema monetario europeo, poniendo en duda incluso la estabilidad y permanencia del Euro. Parafraseando a Marx, un fantasma recorre a Europa y no es precisamente el del comunismo, sino el de la incertidumbre respecto al futuro económico de la región.

No obstante, más allá de los componentes coyunturales, subyace un tema estructural que tiene ver con la gobernanza del sistema económico mundial. En su más reciente libro, Paul Krugman, propone un nuevo consenso mundial para superar la crisis, sustentado en nuevos arreglos institucionales y patrones de interacción entre países. La gobernanza supone nuevas reglas de juego, probablemente nuevas organizaciones económicas internacionales y nuevas pautas que permitan solucionar los problemas monetarios y financieros de los países que entran en crisis. Ello supondría repensar el papel que juegan el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial e incluso, estructurar nuevas instancias para la resolución de problemáticas comunes en materias de déficits. En los próximos años, la gobernanza mundial será un tema recurrente en el discurso de los tomadores de decisiones, así como en las prioridades y agendas de los principales jugadores y actores de la economía mundial.

Un nuevo marco para favorecer el desarrollo económico nacional

A nivel nacional, la expedición de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOOT) y la estructuración del Sistema General de Regalías (SGR) son hechos destacables, que ameritaron diferentes reflexiones en este espacio virtual. Sin duda alguna, se ha configurado un nuevo marco institucional para favorecer y promocionar el desarrollo económico, ya no desde los enfoques sectoriales tradicionales, sino desde la perspectiva regional y territorial. En los próximos años, el país invertirá más de 9 billones de pesos en las regiones, con criterios técnicos y bajo los más altos estándares de calidad y transparencia.

Si bien es cierto que el cambio en la asignación de las regalías obtenidas por la explotación de los recursos minero energéticos del país, generó críticas y posiciones encontradas, es necesario destacar que la nueva forma de repartición, permitirá una mayor redistribución de los recursos y por ende, un mayor impacto del gasto público en aquellas regiones rezagadas. En este espacio, haremos un seguimiento detallado a lo que ocurrirá en los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (OCADS), las instancias técnicas que definirán en los departamentos y regiones, el uso que tendrán los recursos de las regalías.

Una nueva institucionalidad en Colombia

Un hecho que mereció toda nuestra atención fue el cambio de gobierno en el 2010. Del liderazgo frentero y coloquial del Presidente Uribe, pasamos a un estilo más conciliador y ejecutivo. De la micro gerencia y el control excesivo de todas la tareas y cuestiones de gobierno, pasamos a un talante más gerencial, que incluye mayor delegación y confianza del Presidente a sus subalternos. En estos dos años, hemos olvidado los tradicionales Consejos de Gobierno que se realizaban las mañanas de los sábados, impregnados de regaños a ministros y funcionarios, para dar paso a declaraciones y mensajes cortos que rescatan la importancia de la Unidad Nacional para el logro de todas las metas de gobierno fijadas por la actual administración.

En el 2012 estamos a medio camino  de la administración Santos y a pesar de su audacia y olfato político, aún el país tiene la sensación de que éste ha sido un gobierno particularmente lúcido en los anuncios, pero corto en sus ejecuciones y resultados. Los dos años restantes, marcan un punto de quiebre considerable para el futuro político del Presidente, si es que desea lanzarse a un segundo mandato en el 2014. La nueva institucionalidad que se anunció con bombos y platillos, caracterizada por la creación de nuevas instancias y el desarrollo de un amplio marco legal, exige, para su plena y efectiva materialización, resultados contundentes, que solo pueden alcanzarse si Juan Manuel Santos invierte eficazmente el capital político acumulado e incluso, se da la pela con sus contradictores más férreos, entre quienes se encuentran algunos alfiles del Uribismo. Es el momento de Santos.

Imágenes tomadas de: 
http://thehiddentranscript.com/tag/arab-spring/ 
http://laradiodelsur.com/?p=37306 
http://puertogaitan-meta.gov.co/index.shtml 
http://www.uninorte.edu.co/noticias_uninorte/secciones.asp?ID=2132

lunes, 8 de octubre de 2012

Verificaciones varias sobre la paz (I)



Columna de opinión 
Gnothi Seauton

Verificaciones varias sobre la paz (I)

Durante los próximo días, en la víspera de la iniciación de las negociaciones entre el gobierno nacional y las Farc, presentaremos algunos comentarios sobre ideas, frases y conceptos que han surgido, especialmente, después de que ya hace un mes el presidente Juan Manuel Santos presentó ante la opinión pública las conversaciones que venía adelantando con las Farc con el objetivo de dar término definitivo al conflicto que ha existido en el país desde hace más de medio siglo.

Buscamos, pues, proveer una visión rigurosa y lo más desapasionada posible sobre un tema que tiene tanta resonancia en el acontecer nacional como el relacionado con las Farc. En definitiva, nuestro objetivo es brindar una perspectiva ajustada a la realidad sobre lo que se le viene al país en los próximos meses.

¿En Colombia existe un conflicto político y social o un Conflicto Armado Interno, CAI?


Definitivamente existe lo segundo. Esclarecer esta diferencia no es un asunto baladí. De hecho, es un asunto medular que dictaminará el destino de la negociación entre el gobierno nacional y las Farc. La opinión pública, calificada o no, así como los formadores de esta, tanto de derecha como de izquierda, han coincidido casi que al unísono a lo largo de las últimas cinco o seis décadas de que en Colombia existía un conflicto, que además de armado, era político y social y este explicaba la Violencia y las otras violencias, anteriores y posteriores.

Este discurso se enquistó en la clase dirigente y en la ciudadanía en general, y hasta en los actores internacionales interesados en Colombia. Las causas objetivas del conflicto debían ser solucionadas para que al país pudiera descender la añorada paz. Este discernimiento llegó a su máximo cénit durante los diálogos en El Cagüán. La agenda acordada a ser adelantada por las partes, exhibía por todos lados estos planteamientos. Todos los temas debían ser tratados allí. ¡Absolutamente todos! Esta fue una de las razones que impidió que dicho proceso avanzara.

Desde el gobierno Uribe se planteó tajantemente un cambio en la aproximación al problema de las Farc, pero este gobierno se enredó solo cuando desestimó la existencia del conflicto, precisamente porque lo asumió como lo que no es, es decir como un concepto social y político, y no como lo que significa realmente, un concepto jurídico internacional que no busca resolver los conflictos, sino regularlos. Punto.

En definitiva, en Colombia sí existe el Conflicto Armado Interno, que es una figura creada dentro del marco de la ley internacional y específicamente dentro de la ley de los conflictos. Por supuesto, en Colombia existen graves inequidades de todo tipo, pero como lo ha señalado el presidente Santos, estas no deben ir a la mesa para ser resueltas. El objetivo de las negociaciones debe ser ponerle fin al Conflicto Armado Interno. Ni las desigualdades, ni buena parte de la violencia, desaparecerán de Colombia al firmar acuerdos de paz entre el gobierno y los grupos armados ilegales. 

Cuando el proceso de paz se firme ¿vamos a crecer dos puntos más en el PIB? ¿Seremos “imparables” como lo dijo enfáticamente el presidente Santos en su discurso del 5 de septiembre?


No. Este tipo de afirmaciones surgen de la creencia incrustada en el país de que nuestro atraso y nuestras dolencias son provocados por este CAI, y no que este es un síntoma de las limitaciones y fallas existentes en nuestro Estado y sociedad. Las Farc no existen simplemente porque haya pobreza o porque el Estado no pueda proveer salud y educación. Fundamentalmente, existen porque el Estado colombiano ha sido patéticamente débil en forjar el control territorial sobre su extensísima y agreste geografía, a lo que se le debe sumar la existencia de una dirigencia desconcertantemente desconectada con la importancia cardinal de esa función de los Estados, y la aparición en décadas recientes del fenómeno del narcotráfico en su mayor esplendor.

El crecimiento y desarrollo económicos están dados, hoy por hoy y más que nunca en la historia de la humanidad, por la presencia de infraestructuras que conlleven a un severo aumento de la productividad, y especialmente, por la existencia de un sistema educativo que entrene y prepare con altísimos estándares, ejércitos de trabajadores, dueños de habilidades propias de la economía del conocimiento. Naciones con serias amenazas a su seguridad nacional han comprendido esto, y han establecido y consolidado serios programas educativos, así como de creación y mejoramiento de infraestructura. 

India es un caso reciente. China es otro. El caso colombiano palidece frente al caos reinante al interior de ese país durante los años cuarenta del siglo pasado. 
La afirmación del presidente se debe entender más como parte de una estrategia de comunicaciones que pretende inspirar a los ciudadanos. Esa sí es una de las funciones más importantes de los líderes nacionales y por ello debe hacer uso de estos recursos, que más que datos serios y confiables, son hipérboles que ayudan a vender un “producto o servicio” y a fortalecer su imagen para ser rentabilizada en mayores márgenes de gobernabilidad. 

¿La agenda es compleja y extensa o sencilla y comprimida?


La agenda es realista y práctica. Entre la agenda acordada en El Cagüán y la que discutirán desde el próximo 17 de octubre gobierno y Farc, existen abismales diferencias, tanto de forma como de fondo. Aunque especialmente los dos primeros puntos de la actual podrían ser descritos como estructurales, los problemas de la tierra y de la participación política, debieron ser incluidos para que la guerrilla pudiera salvar su cara. La Ley de víctimas y restitución de tierras, así como el surgimiento de figuras políticas como Gustavo Petro, Antonio Navarro y Carlos Gaviria, no dejan mucho espacio a las Farc para discutir seriamente estos temas.

Si las Farc se empeñan en proponer la realización de una reforma agraria que, por ejemplo, obvie por completo los derechos de propiedad, no existirá mucho espacio para avanzar dentro de la mesa. Pero si llegan a un arreglo, que incluya coincidencias sobre estos, en la historia del país quedará escrito que las Farc colaboraron en la solución de estos problemas y podrán utilizarlos como credenciales cuando se conviertan en un partido o movimiento político. Sin estos dos puntos, las Farc estarían simple y llanamente sometiéndose a la justicia, algo que ellos no están dispuestos a realizar por ningún motivo.

Los otros tres temas son en definitiva más prácticos porque se encuentran más cercanos a la realidad. Mecanismos para la desmovilización, el tema del narcotráfico y los derechos de las víctimas, resultan ser las variables que definirán concretamente cómo será el paso de esta insurgencia de la ilegalidad a la legalidad. Debe resaltarse que el asunto particular del narcotráfico no será resuelto en Colombia por este proceso, sino que dependerá de decisiones que se tomen en el exterior, pero por ello mismo el futuro de las Farc dependerá de cómo se responda a preguntas tales como si deben o no extraditarse a los guerrilleros solicitados por delitos de narcotráfico en los Estados Unidos. 

Imagen tomada de: http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/9-2012-ley-de-tierras-la-apuesta-al-postconflicto.html


jueves, 27 de septiembre de 2012

Elecciones en Venezuela: ¿cuál es el escenario más conveniente para Colombia?


Investigación- Política de exterior y defensa nacional
Alejandro Ramírez Restrepo


Elecciones en Venezuela: ¿cuál es el escenario más conveniente para Colombia?

Algo se ha escrito sobre las repercusiones que tendrán las elecciones presidenciales a celebrase en Venezuela este próximo 7 de octubre. Algunos se han enfocado hacia la lucha ideológica y maniquea que existe entre los dos candidatos más importantes y las consecuencias que para el futuro de la misma Venezuela, de la región y hasta del mundo, tendrá el resultado. Desde esta columna deseamos enfocarnos, usando el sombrío prisma del interés nacional, en cuál es el resultado más conveniente, o quizás, cuál es el que representa menos riesgos e inestabilidad para la nación colombiana y el Estado que la representa.

Por supuesto, deben ponerse en contexto, como elemento principal, las negociaciones que se adelantan entre Bogotá y las Farc, las cuales entrarán en la fase decisiva al siguiente día de la realización de los comicios electorales en Venezuela. Lo anterior porque el gobierno actual de Caracas ha tenido un rol central en el desarrollo de las mismas.

Entre los críticos de ese embrión de acuerdo con las FARC para la terminación del Conflicto Armado Interno colombiano (mal llamado proceso de paz), resalta el hecho de que la posición del gobierno de Chávez ha sido claramente contraria a los intereses colombianos y altamente favorable a los de las Farc, al proveer refugio a sus tropas y a sus líderes, entregándoles una valiosa retaguardia estratégica militar y política. Los maldicientes de la nueva negociación arguyen que la situación en Venezuela debe cambiar dramáticamente hacia una en la que los líderes y militantes de esa organización criminal y/o guerrillera sean perseguidos con la estrecha colaboración de las autoridades colombianas.

Por supuesto, ese es el escenario ideal. Pero debemos recordar siempre que normalmente lo ideal se encuentra considerablemente alejado de lo real. Debemos acordar que sólo hasta 2002 el Estado colombiano se embarcó en un proceso serísimo de persecución de ese grupo armado ilegal. Antes del Cagüán, antes de Tlaxcala y Caracas y antes de los acuerdos de La Uribe, la debilidad y el desinterés (¿complacencia?) de la dirigencia colombiana era tal, que la situación actual podría llegar a ser descrita como una similar a la que hoy tenemos en Venezuela con respecto a las Farc.

Cuando en 2002 cambió esta actitud, en Venezuela ya estaba de primer mandatario Hugo Chávez. Aunque las relaciones entre Uribe y el teniente coronel fueron, durante la mayor parte del gobierno del primero, estables y cordiales, por lo menos de dientes para afuera, no hay evidencia de que en el país vecino existiera el interés por colaborar con la guerra contra las Farc que en Colombia comenzaba a escalarse a niveles nunca antes vistos. De hecho, con el paso del tiempo, y esta fue una de las razones que llevaría a la ruptura definitiva entre Uribe y Chávez, el inquilino de Miraflores decidió jugársela, de manera abierta, a favor de las Farc.

Por supuesto esto es horrible para los intereses colombianos. Más allá de la argumentación acerca de los principios y valores antidemocráticos que puede llegar a encarnar Chávez y su gobierno, su actitud era (es) anticolombiana. Hoy es cada vez más claro que Santos llegó a la presidencia dispuesto a jugársela duro por la paz. ¿Alguien tiene duda de que el tema primordial de todos sus encuentros, desde aquel primero, el 10 de agosto de 2010 en la Quinta de San Pedro Alejandrino, no era la apertura de un diálogo con las Farc? Por supuesto que nadie.

Santos no inicia esta apuesta desde la ingenuidad, sino desde la valoración del interés nacional colombiano, aplicando de una manera muy destacada el pragmatismo. Por ejemplo: ¿cuáles son algunas de las preguntas que existen, por lo menos en algunos círculos, acerca del proceso electoral venezolano próximo? ¿Se robará Chávez las elecciones? ¿Y si pierde y eso se comprueba, saldrá voluntariamente del poder? ¿Se mantendrá a la fuerza? Si estos interrogantes existen hoy, a una semana larga de los comicios, y después de enterarnos de serias dolencias físicas que ha venido padeciendo el teniente coronel, en 2010 se podía considerar como seria y segura la probabilidad de que Chávez se mantendría en el poder hasta el día del juicio final. Acordémonos que su mentor no es otro que Fidel Castro, quien lleva liderando los destinos cubanos desde 1959.

Santos entonces entiende, puede uno especular, que Chávez es clave, no solo por su ascendencia ideológica sobre las Farc, sino porque les ha dado, por lo menos, refugio, pero también porque planea estar en el poder por mucho tiempo.

A dónde nos llevan estas reflexiones. Desde el marco de las actuales conversaciones con las Farc, el resultado más conveniente para Colombia y para el gobierno de Juan Manuel Santos, es un triunfo de Chávez. Es probable que si Chávez se queda haciendo evidente trampa, o lo totalmente opuesto, gana de forma aplastante, esto puede conducir a unos escenarios no tan positivos para el interés nacional colombiano en general. Pero ese es el punto. El futuro es oscuro, no por lo negativo que pueda ser, sino porque sencillamente es casi imposible de pronosticar, sobre todo en ambientes como el existente en Venezuela, donde las reglas de juego no son claras.

El señor Capriles, el contendor de Chávez, puede llegar a ser una interesante apuesta para Venezuela, el continente, y más importante para Colombia. ¿Pero podría Capriles, una vez en el poder, controlar a sus Fuerzas Armadas? ¿Podría mantener con recia mano la estabilidad en Venezuela necesaria para apoyar el proceso con las Farc? No lo sabemos. Por eso Capriles es una apuesta arriesgada. Más arriesgada que la apuesta Chávez.

Hay otros aspectos que se podrían considerar para definir la conveniencia para Colombia del resultado en Venezuela, donde sobresale el de las relaciones comerciales de los dos países, con todo lo que se puede desprender de allí, pero desde acá consideramos que en este caso, desafortunadamente, imperfectamente, lo urgente mata a lo importante.

Imágines tomadas de: http://diariodecaracas.com/pol%C3%ADtica/capriles-ch%C3%A1vez-caradurismo-mentir-sobre-farc y http://www.eluniversal.com/2011/05/13/iiss-the-farc-financed-chavez-before-1999.shtml