Columna
de opinión
Gnothi Seauton
Petruculencia&Cía.
2013 será un año turbulento y truculento para la
ciudad de Bogotá, debido a la
agitada agenda política que se experimentará, a cuenta de la alcaldía del señor Gustavo Petro. Gnothi Seauton es, cada vez más,
un convencido del poder de las ciudades como
herramienta máxima para crear
riqueza en las sociedades modernas, y al interior de estas, el instrumento más poderoso para maximizar esa creación
de riqueza, y sobresalir entre las
muchas y diversas ciudades que existen, es la educación, la cual acertadamente manejada, que no
significa sin el más mínimo
sobresalto, conduce a la formación de capital intelectual, capaz de generar, gracias a una altísima
productividad, más y más valor
agregado a sus bienes y servicios.
Decía en la primera línea que el año será
turbulento, pero por sobre todo,
truculento. Y esa es una mala noticia. Entre las acepciones de la palabra se encuentra amenazador. ¿De qué o quién?
Esencialmente de la estabilidad.
Aunque las ciudades exitosas se caracterizan por ser vibrantes, llenas de sobresaltos producidos por una
abundante competencia, al mismo
tiempo entregan unas reglas, formales e informales, que permiten lograr eficazmente lo que sea que se esté
haciendo.
En la Bogotá de Petro esto no está sucediendo. Los
cambios son abruptos, crispantes
y, antes que ser incrementales, apuntan a generar serias fracturas. Estos, los cambios, como no, son
necesarios y deseables en no pocas
oportunidades. Pero la situación de Bogotá, que necesita muchas reformas, no es una que amerite
cambios tan dramáticos como
plantea el actual mandatario distrital. No es irracional presentir que lo que a Petro le interesa es hacer
campaña con miras a las elecciones
presidenciales de 2018, o incluso, nada puede descartarse de tajo, para 2014, dejando en segundo
lugar dentro de su agenda la
administración de la megaciudad y sus problemas.
El alcalde de Bogotá, el segundo puesto más
importante de la nación, puede y
debe generar debates y discusiones que aborden sensibles asuntos en la agenda nacional, pero de ninguna manera
ese es su trabajo principal, el cual
no es otro que conducir la ciudad, que fue para lo que lo eligieron los ciudadanos. Vemos cómo
entonces el alcalde capitalino se
ha convertido en un especialista para animar debates. EEEB, toros, ALO y ahora el servicio de aseo.
Este último es un problema tan complejo y denso
que la mejor forma de afrontarlo
es creando una coalición de diversas fuerzas para provocar las modificaciones necesarias. La percepción general,
y posiblemente cierta, es que los
operadores actuales del servicio han abusado de su posición, pero una ruptura frontal con estos puede
dejar severamente lastimada la
ciudad. Eso sí, políticamente hablando, si Petro obtiene mejorar la situación en este servicio público de la
ciudad, saldrá ganando, pero
también pasará si no lo hace. Ya lo hemos visto en sus declaraciones. Si las cosas no salen bien, entonces
será por una constelación de
diabólicos personajes, ricos por supuesto, que han conformado un cartel para truncar las revoluciones
necesarias en la ciudad para
mejorar el nivel de vida de los bogotanos más necesitados.
A Gnothi
Seauton le atrae ese Petro retrechero y confrontacional. Para
hacer los cambios en las sociedades o en las
organizaciones, es necesario que
el liderazgo se aparte de consensos interminables y exasperantemente democráticos. Pero debe buscarse el
punto medio. Nuevamente en el caso
del aseo, ¿por qué Petro no buscó aliarse con el concejo de la ciudad y granjearse el apoyo del
presidente Santos? La respuesta es
una mezcla entre falta de estrategia y claridad, y poco interés en resolver el tema verdaderamente. Lo que se
busca es crear esos debates
nacionales que expongan al líder de los progresistas como una figura anti-establecimiento.
No se está pecando de ingenuidad. Creer que los
políticos deben, una vez lleguen a
los cargos gerenciales, abandonar por completo toda aspiración electoral futura, es una soberbia tontería.
Pero sin abandonar esa legítima
agenda, debe asumirse el pragmatismo necesario que implica administrar una ciudad y afrontar las dificultades
que la agobian. El actual
burgomaestre bogotano no está comportándose de esa manera.
Llegamos acá al asunto que está aflorando
precisamente por estos días, y es
el del proceso revocatorio del mandato contra Gustavo Petro que se encuentra impulsando el representante a la cámara
por Bogotá, Miguel Gómez Martínez.
Desde el punto de vista filosófico proveído por la
Constitución de 1991, esta
iniciativa debe ser bienvenida. Bajo el paradigma del voto programático, resulta apropiado establecer un debate
de frente a la ciudadanía, en el
que se cuestione si el mandatario local se encuentra cumpliendo lo expuesto por él durante el ciclo
electoral. Petro cuenta con bajos
niveles de aprobación y popularidad, y como sumariamente lo hemos expuesto arriba, su desempeño y propuesta de
ciudad parecen no ser, en términos
generales, satisfactorios ni convenientes.
Empero, en la práctica,
la revocatoria no aplica. Primero, la Ley que reglamenta
estos procedimientos de participación ciudadana, una de las grandes banderas de la actual constitución, la 134 de
1994, antes que diseñar unos
instrumentos de fácil acceso y uso para la ciudadanía, creó unos que son improbables, sino imposibles, de
emplear, vía excesivos y complejos
trámites y costos. Segundo, dicha improbabilidad aumenta aún más cuando se tiene en cuenta que el
Alcalde contará con la nómina y el
presupuesto distrital a su servicio para no dejarse sacar del Palacio de Liévano. Y tercero, en términos
políticos, este es el escenario
que más le conviene a Petro. Nuevamente su discurso divisionista hará su aparición explicando que la
revocatoria es una conspiración de
poderosos en contra del pueblo, que lo desean sacar a sombrerazos del poder, por intentar afanosamente
realizar cambios que favorezcan a
las mayorías avasalladas y limitan los intereses de las clases
privilegiadas.
Petro, y buena parte de sus contradictores, se
sentirán en su salsa y la ciudad,
que no son las infraestructuras, sino las personas que la habitan, será la más perjudicada. ¿En qué quedarán los
grandes debates, las políticas y
las realizaciones sobre los temas más apremiantes para Bogotá? En slogans y frases pegajosas, con cero
sustancia.
Así, la truculencia del 2013, que no es solo
construida y aprovechada por el
Alcalde, sino también por sus más enervados contradictores, terminará diluyendo temas como la movilidad, la
conectividad, la infraestructura y
la educación, en un mar de inconsistentes anuncios y decisiones intranscendentales. Mientras que en las
urbes ganadoras de hoy y mañana
compiten por crear soluciones a estos temas y muchos otros más, teniendo como norte el pragmatismo y
alejándose de necios e inútiles
dogmas, y algunas de ellas no se encuentran muy lejos geográficamente, en Bogotá nos desviviremos el próximo
año aprendiendo el último chisme
del ajedrez político de la revocatoria.
No será el fin del mundo, pero sí significará
precioso tiempo e ingentes
recursos desperdiciados en nimiedades políticas.
Imagen
tomada de http://voxpopuli.net/indagatoria-a-petro-por-presuntos-nexos-con-los-nule/