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martes, 29 de enero de 2013

La ‘farandulización’ de lo importante


Columna de opinión
Santiago Gómez

La ‘farandulización’ de lo importante

Los espectadores consumen ávidamente las noticias de la telenovela más exitosa del año, que sin duda se convertirá en muy poco tiempo en película, culebrón en horario triple A y libro. 

Esta semana se reactivó la hoguera del caso Colmenares. La captura de los aparentemente falsos testigos, la portada de la revista Semana y los ‘última hora’ de los titulares noticiosos, hicieron que el país, nuevamente, se rindiera ante los vericuetos de un caso que retrata al sistema judicial colombiano y la fragilidad de la aplicación de justicia en este país olvidado por la diosa Themis.

Los espectadores consumen ávidamente las noticias de la telenovela más exitosa del año, que sin duda se convertirá en muy poco tiempo en película, culebrón en horario triple A y libro. Pero es un espectáculo bochornoso, por una parte, porque la justicia no se debe decidir desde los micrófonos, pero peor aún, porque el caso Colmenares evidencia que solo quienes tienen plata pueden luchar por alcanzar fallos que consideran justos. ¿Y si no hubieran sido estudiantes de los Andes?, ¿Y si el hecho investigado no hubiera ocurrido en una zona exclusiva de Bogotá? ¿Cuántos Colmenares más hay en Colombia arrumados en una pila de expedientes olvidados en algún juzgado? La justicia, en este caso y en el de Valerie Domínguez se ‘farandulizó’. Y eso no es bueno.

Por otra parte, según el Pnud, en Colombia abusan sexualmente de un menor cada setenta segundos. Santander y Bucaramanga lideran las tablas de delitos cometidos contra los niños y niñas, pero la noticia que ocupó los titulares de prensa y las redes sociales durante esta semana fue el nacimiento de un niño catalán hijo de una colombiana famosa, mientras en Twitter fue Trend Topic un hashtag que aceptaba y promovía el maltrato infantil.

Si bien es cierto que los colombianos consumen encantados las secciones noticiosas de las minifaldas y los escotes, debemos ser menos pasivos en nuestra relación con la noticia. Las cosas importantes no solo merecen atención cuando nos ocurren a nosotros.

La madurez de una civilización se mide por la capacidad de sus ciudadanos para poner el bien común por encima del bien particular.

APENDICITIS: Señor Alcalde, perdonará usted mi insistencia, pero ¿cuáles son esos ‘buenos resultados arrojados en 2012’ por la campaña ‘Te veo Bien’ en Bucaramanga?

Imagen tomada de: http://www.publimetro.co/_internal/gxml!0/4dntvuhh2yeo4npyb3igdet73odaolf$nwml84z2ct8go05amm1am2lgsgzaun6/CasoColmenares.jpeg
Publicado en Vanguardia Liberal de Bucaramanga el viernes 25 de enero de 2013, en: http://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/santiago-gomez/192960-la-farandulizacion-de-lo-importante

martes, 15 de enero de 2013

Secuestro de la bebé; secuestro de la ecuanimidad

Columna de opinión
Gnothi Seauton

Secuestro de la bebé; secuestro de la ecuanimidad
 Las sociedades modernas, de las cuales los furiosos tuiteros parecieran autoendilgarse su pertenencia, se caracterizan por no enviar a las cárceles a quienes no hayan sido sentenciados como culpables. Incluso, una vez sancionados como responsables ante la sociedad por cualquiera que sea su delito, se estila, nuevamente, en las sociedades modernas y civilizadas, no enviar inmediatamente a su sitio de reclusión a estos culpables.
¿Qué se puede decir sobre el caso del secuestro de la bebé Carol Brigitte Franco? La decisión del juez de garantías encolerizó a las redes sociales. Cómo era posible que una secuestradora no era un peligro para la sociedad. Algunos, incluso llegaron a tuitear o postear que era increíble cómo se había dejado en libertad a semejante monstruo. Y en medio de la ola de indignación, también se pudieron colgar otros temas, como las comparaciones con aquellos que han sido tratados duramente por la justicia por delitos tan nimios como el robo de artículos como caldos de gallina u otros de mayor impacto como escándalos de corrupción de gran resonancia nacional. Por supuesto, el asunto sirvió también para ventilar rencillas políticas entre sectores políticos y el poder judicial.

Las personas están en todo su derecho de opinar y expresar lo que se les venga en gana. Pero temas como el de la justicia, servicio público fundamental para lograr un funcionamiento adecuado dentro de cualquier sociedad, en cualquiera de sus campos, deben ser manejados con seriedad y una pizca bien reducida de populismo y facilismo. Las declaraciones efectistas pueden ser muy útiles a la hora de ganar campañas políticas, pero para dar con verdaderas soluciones, son una receta poco recomendable.

En este caso, el del triste secuestro de Carol Brigitte, el juez de garantías, a juicio de este observador, puede ser calificado con un siete y medio sobre 10. Incluso hasta el día de hoy las autoridades investigadoras, y por lo tanto el mismo juez, no cuentan con indicios contundentes acerca de que la secuestradora, Liliana Marcela Castillo, obró con el objetivo de chantajear a las víctimas o cobrar algún rescate por la liberación de la bebé. La sindicada actuó bajo un enorme estrés emocional. Parece, esto no ha podido ser esclarecido, que Castillo estuvo en embarazo, perdió el bebé, y buscando como mantener su situación con el padre de su hijo fallecido, decidió robarse el de otra madre.

No hay duda que Castillo actuó delictuosamente. El cargo por el cual será procesada será el de secuestro simple agravado, cargo que ya aceptó. Pero Castillo no ha sido juzgada. Las sociedades modernas, de las cuales los furiosos tuiteros parecieran autoendilgarse su pertenencia, se caracterizan por no enviar a las cárceles a quienes no hayan sido sentenciados como culpables. Incluso, una vez sancionados como responsables ante la sociedad por cualquiera que sea su delito, se estila, nuevamente, en las sociedades modernas y civilizadas, no enviar inmediatamente a su sitio de reclusión a estos culpables. Este momento llega a posteriori cuando se define el tiempo de reclusión, si es que esta es la sentencia.

Es decir, el viaje a la cárcel no es la primera opción. Seguramente si fuera así, las cosas serían más fáciles. Pero ese es precisamente el meollo del asunto. Estos temas, especialmente porque Colombia es una sociedad democrática, no son de manejo sencillo y mucho menos populista. Las cosas no son en blanco y negro. No consisten en dígase y cúmplase. Por supuesto a muchos esto no les gusta. Eso sí, hasta que no se vean envueltos en una situación en la que puedan dar uso de las garantías que ofrece el sistema democrático de justicia.

Las redes sociales, en buena parte, sirven como válvula de escape para las personas que las usan. Pero tratar temas serios allí, de forma sensata, es complicado. Muchos buscan pontificar y señalar obviedades que supuestamente nadie más ve. Se disfrazan de proveedores de soluciones a los problemas que se discuten en el momento, pero en realidad no cuentan con las herramientas necesarias para resolver el asunto.

Arriba afirmaba que el juez se merece un siete con cinco. La cárcel no era el sitio al que debía enviar a Castillo, pero sí quizás a un instituto mental, aunque sea para realizar una evaluación siquiátrica que establezca científicamente si Castillo es un peligro para la sociedad o no. Hace unos meses el debate en Facebook y demás redes sociales se daba porque los jueces estaban enviando a la cárcel a todo el mundo. Lo que se demuestra acá es que nos gusta, como sociedad, que la justicia no sea ciega, sino que dependiendo del porte y otras características, tome sus decisiones.

Héctor Riveros ha señalado muy bien este accionar que no es un problema del sistema de justicia, sino de la sociedad, y es que esperamos que esta, la justicia, actúe, no ecuánimemente, sino como vengadora de los ciudadanos de bien. Algunos dirán, y dicen, “imagínese que usted fuera el padre de ese niño”, y pues claro, si eso me pasara a mí yo muy probablemente no me contentaría con otra cosa distinta a la sangre del culpable. Pero ese es precisamente el punto. Los jueces deben actuar de manera fría, objetiva. Por eso, si a un juez, por ejemplo, le matan a un hijo, o su hijo mata a alguien, resulta lógico que no pueda ser juez en ese proceso. ¡Obvio!, dirán, pero eso no queda reflejado de manera tan clara al ver la cadena de tuits y retuits escandalizados sobre el secuestro de Carol. Y es por esto, que la cuestión no es tan simple.

Ahora, acá no defendemos ni por poco el actual estado de cosas en la justicia colombiana. Se encuentra politizada en el mal sentido de la acción, baja de recursos y experticia, produciendo altísima ineficiencia y una impunidad rampante. Pero este comentario no es sobre la justicia, sino sobre la sociedad. Algo para reflexionar y para tener en cuenta en unas semanas cuando los medios nos sorprendan con el nuevo abominable caso de esos días.


Imagen tomada de: 
http://www.semana.com//nacion/articulo/quien-juez-dejo-libertad-raptora-brigitte/329608

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Seres conscientes versus seres racionales


Columna de opinión
Gnothi Seauton

Seres conscientes versus seres racionales

La editorial del día de hoy de El Espectador, aprovechando estos días que se suponen son de reflexión y de balance, enumera tres hechos sucedidos durante el año: la destitución de la fiscal Vivian Morales, la fracasada reforma a la justicia y la reelección del procurador Ordoñez, que llevan a concluir rápida y concretamente, que la debilidad institucional y organizacional en el país es preocupante.

Gnothi Seauton se permite realizar algunos apuntes a propósito de este pertinente editorial:

1. Aunque es loable que las directivas de El Espectador traten estos cardinales asuntos en el lugar más importante de sus páginas, el editorial, sí resulta algo decepcionante el hecho de que se presente precisamente por estos días de fin de año en los que la lecturabilidad de este o cualquier otro medio noticioso es notablemente baja. No es la primera vez que El Espectador escribe sobre el tema, ni más faltaba. Pero este es un tema que puede categorizarse como transcendental, y no es bueno que sea desplazado con tanta facilidad, en uno de los medios más influyentes del país, por las cosas urgentes. En El Espectador deben hacer el esfuerzo por impulsar el debate de estos temas. Ni el desorden institucional es nuevo y ni es irrelevante.

2. Una de las peores cosas que hizo la Constitución de 1991 fue el diseño de estímulos y castigos, es decir las reglas formales para moldear el comportamiento de los actores que participan en los procesos del Estado, fuesen estos elecciones, legislación, control, juzgamiento y hasta el mismo acto de gobierno. Esto se dio, entre otras cosas, porque a los asambleistas no les preocupaba en lo más mínimo el diseño institucional, que se caracterizaría por crear una exagerada superposición de controles y, lo más importante, y algo en lo que cae también hoy el editorialista de El Espectador, 21 años después de promulgada la Carta Magna, por considerar y confiar en que los seres humanos, sean estos políticos o no, son esencialmente seres conscientes, moral y éticamente hablando, y no seres racionales, que constantemente se encuentran evaluando cómo favorecer de la mejor forma posible sus intereses personales. Es obvio que lo deseable es el primer estado de cosas, pero la realidad es porfiada y continúa engendrando seres en abundancia que encuadran mejor en la segunda descripción.  

Entonces, mientras continuemos esperando que, por ejemplo, lo que necesitamos es que quienes votan en las elecciones populares o eligen funcionarios públicos de altas instancias, lo hagan haciendo uso voluntario de su consciencia, vamos a encontrarnos con unas realidades desagradables. Las instituciones deben diseñarse teniendo en primerísima cuenta que van a dictar el comportamiento de seres racionales, y por lo tanto deben entregar estímulos acorde con esa realidad. ¿Por qué no pensar en circunscripciones electorales mixtas como existen en Alemania? ¿O en la eliminación de ciertos estamentos que hoy no son más que cargas burocráticas y se superponen en sus funciones con otros tantos?

3. Bajo este orden de ideas es que para Gnothi Seauton los famosos auxilios parlamentarios, que con su cuestionamiento y posterior desaparición parieron en medio de la indignación nacional a la Constitución del noventa y uno, son más que necesarios y bienvenidos. El trabajo de los congresistas es ingrato pero pragmático. Su función, por lo menos la de cuatro quintas partes de estos, consiste en llevar recursos a sus regiones para hacer carreteras, acueductos y crear empleo burocrático, que es el único que se da en la periferia del país. Por lo tanto, creer que los congresistas deben ser unas lumbreras estratégicas (ser conscientes) es una necedad, sabiendo que pueden llegar a ser elegidos con menos de cinco mil votos en departamentos con cientos de miles de habitantes.

No serán los auxilios los instrumentos ideales, pero sí son realistas porque funcionan bajo la lógica de la razón y el frío y sensato interés.      

En conclusión, debemos decir que es acertado traer estos temas al debate público. Sin embargo, el enfoque debe ser realista y no romántico. Cuando se abordan estos punzantes asuntos con un enfoque idealista excesivo, casi fanático, desembocamos en escenarios similares como los que efectivamente nos proveyó la Carta del 91, que son, precisamente los que causan alarma en el editorialista del diario capitalino.      

Imagen tomada de: http://www.afitecol.com/?p=5105